Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica

"La Iniciación Cristiana de Niños,
un Camino de Fe"


Encuentro Nacional de Catequesis de Niños

7, 8 y 9 de septiembre
Cosquín - Córdoba

Los códigos del niño de hoy

Para crecer en el conocimiento de los niños en el contexto de la sociedad de hoy, del 7 al 9 de septiembre se realizó en Cosquín, Córdoba, el Encuentro Nacional de Catequesis de Niños, organizado por el equipo de la Junta Nacional de Catequesis, correspondiente al Área de Niños.

En los grupos de trabajo se buscaron las mejores maneras de anunciar hoy el kerigma en el contexto social, en las familias, y cómo pensar la catequesis con los niños en este tiempo actual. Para esto, la Psicóloga Silvia Pedroni habló al respecto:

En los grupos organizados por regiones se comentaba respecto de la globalización, cómo hay cosas referidas al niño, que se reiteran en las distintas zonas.

Para comenzar el trabajo, Pedroni compartió un cuento escrito por una maestra de España, se llama “Al norte objetos, deseos al sur” , y dice así:

“Había una vez un niño que tenía casi todo. Como siempre, el día de su cumpleaños, celebró una fiesta y todos sus amigos y familiares le llevaron regalos. Uno le llevó unos calcetines, otro un caballo de cartón, otro un cuento y otro le llevó una caja de lápices envuelta en un bonito papel de regalo atado con una preciosa cinta de color azul.

Él lo miraba todo con cara de aburrimiento, pues como tenía casi todo, casi nada deseaba.

Pronto empezó a jugar con sus regalos.

A los calcetines los revoleó de forma que cada uno fue a parar donde quiso, uno sobre el armario y el otro nadie lo volvió a encontrar.

Al caballo de cartón también le llegó su turno y en menos de cinco minutos le desaparecieron cola y orejas.

El cuento le resultó más bonito, con una hoja sí y otra no primero, y después con las esquinas recortadas.

Ya sólo le quedaba la caja de lápices y, pensativo, dándole fin a su tarea ideaba cómo le daría más de sí. Pero dejó de pensar porque aquello era un poco difícil para él, puso boca a bajo la caja de lápices y los probó sobre la pared de su habitación. Pronto quedó decorada con un nivel al estilo abstracto y multicolor.

Sobre las cortinas no pintaban demasiado bien, pero apretándolos un poco más, aparecía una tenue coloración alrededor de un calado realizado a punta de lápiz. No estaba mal del todo.

De inmediato, se le vinieron a la vista el papel de regalo y la preciosa cinta azul que envolviera la caja de lápices. En un visto y no visto los agarró y los tiró por la ventana.

Al papel lo llevó el viento y la cinta fue a caer en la calle justo en el momento en que pasaba un niño que, al contrario que el primero, no tenía casi nada. Fue a caerle sobre la cabeza, se paró, intentó mirarse con un ojo cerrado y de medio lado en una vidriera que había allí.

El espejo no era tal, pero le podía servir. En él, el niño vio a un pequeño príncipe coronado con un hermoso tocado decorado con pedrería azul. ¡Qué magestuosidad la suya!

Con mucho cuidado se retiró la corona y vio que también podía servirle de rienda para el caballo que le acompañaba. Se la puso en el cuello al perrito callejero que hacía cinco minutos lo acompañaba en el paseo y durante un buen rato, en lugar de ir por una calle llena de gente desconocida, se aventuró por un pequeño bosque en el que su caballo le gustaba la más fresca de todas las hierbas.

Una vez que el caballo ya no quiso come r más, le retiró las riendas y se colocó la cinta azul sobre el pecho a modo de banda de un general. Desfilaba seguido de sus soldados, llevaban el pecho erguido, ninguno se equivocaba... un - dos... un - dos.

La gente lo miraba mover los brazos en su desfile con aquella cinta azul colgada del cuello y tras de él un par de perritos, mendigos también, se habían sumado.

Así se hizo de noche, en tanto que dejaba volar su fantasía en torno a aquella cinta azul que, como un regalo, se había caído nadie sabía de donde.”

En cada grupo de catequesis tenemos un niño de este tipo y del otro.

Y tan problemático es lo que pasa con ese niño que tiene de todo, como el otro que no tiene nada, porque tampoco se trata de vivir desde esta fantasía y desde este deseo de un mundo imaginario, que lo abstrae del hecho real.

El niño que tiene casi todo no tiene lugar para desear, es el problema principal con el que nos encontramos, cuando hay de todo no hay un lugar para el deseo. En cambio el otro niño es puro deseo. Entonces, ni lo uno ni lo otro.

Qué esta pasando con los chicos de hoy

No es la misma realidad de ayer, no es la misma del año pasado, es decir, es un cambio que va produciéndose muy rápido.

La Psicóloga dividió su presentación en cuatro puntos:

1- Lo social. 2- Sobre las familias de hoy. 3- Las mismas incluidas en este contexto social. 4- Una mirada sobre cómo pensar la catequesis con estos niños.

Empezamos con la cuestión de lo social , en lo que estamos todos, cuál es nuestro mundo de hoy.

El discurso actual de esta civilización, está basado en un plus de cosas. ‘El objeto de consumo', es alrededor de lo que gira el discurso : celulares, computadoras, MP3, MP4… ha pasado a ser lo que comanda este discurso.

Lo actual no se ordena a partir de fuertes ideales, sino a partir de la inexistencia de los mismos. La confianza en el otro ha desaparecido y más bien está en la duda o la certeza de que el otro, el semejante que ocupa el lugar de la autoridad, no sabe mucho, no va a responder o no se va a hacer cargo. Desde ahí, se encuentran con el otro, desde ese lugar un poco vacío.

Esto lo podemos aplicar a todos los ámbitos: el de la educación, con el consecuente cuestionamiento de los padres, de los docentes, de los padres a los docentes, en la política. No tiene la garantía de que el otro es alguien confiable.

La sociedad participa de un desengaño generalizado , incluso la Iglesia, en este momento no es creíble con el mismo criterio que tenía en la época Moderna, por ejemplo.

De esta inexistencia de garantías, de la cual se sufre íntimamente, comprobada en nuestra cotidianeidad, se desprenden verdades que no necesitan demostración, porque caen por su propio peso.

El primer axioma que podemos situar de esta época es el modo en que aparece lo que la persona necesita. La oferta hace parecer como que eso fuera necesario, lo hace surgir de la demanda y ahí nomás, estalla la oferta de un objeto.

El deseo es conducido al campo de una necesidad imperiosa demandada. Pero es diferente de lo que en otro momento podía ser el efecto de algo, o que había que trabajar para conseguirlo. Hoy se presenta con una inmediatez, con una necesidad del ‘ya', donde no nos podemos imaginar la vida sin estos objetos, porque nosotros mismos nos encontramos diciendo que lo necesitamos, o se lo compramos a nuestros hijos porque lo necesita y, hace tal vez un mes atrás, ni se nos ocurría, pero aparece una necesidad y a partir de allí se organiza la vida en función de un objeto.

Segundo axioma , el derecho al goce. Esto, nuestra sociedad actual lo tiene como una verdad: Hay un derecho al goce de cada uno, un cierto cinismo de esta época.

Por lo tanto, la sociedad cree que hay un derecho universal al goce; cada quien se puede satisfacer como cada quien quiera, el cuerpo es de uno, lo que ‘yo' creo, quiero, pienso y deseo es ‘mío'.

Si uno se pone a ver cuál es la diferencia, no es ya lo que se suele escuchar: ‘Dios me dio la vida, el cuerpo, la familia', etc., sino ‘esto es mío' , en este punto ‘estoy' situado.

Todo queda supeditado a la decisión del sujeto. Una decisión de la nada, pero desde chiquito, no ya pensándolo como adulto, sino desde el niño pequeño que ya se encuentra con que el otro ya no existe como garantía.

Entonces, ¿cómo se hace pasar a este niño pequeño por el campo del otro, de su consideración? Cuando digo del ‘otro', es de la autoridad del semejante con autoridad diferente, de los padres. Porque es común que los chicos en cualquier época digan ‘si yo quiero sí', ‘es porque yo quiero'; es el momento de decirles que es como mamá o papá quieren, pero el niño plantea eso.

Si el niño quiere tal cosa, si el niño elige cosas, desde una escuela para ir, hasta cosas para comprarse, ¿cómo no se lo van a dar?.

Y lo que tendría que ser: la necesidad de sentir que mamá y papá son fuertes, son grandes, saben… aunque se esté encaprichando sienta que del otro hay alguien que está seguro de lo que quiere para él; a veces no se da .

Esto, por lo tanto, queda reducido a la inmediatez y a ese cinismo de que ‘él quiere y por qué no'. Se vuelve la decisión al niño con las consecuencias que eso tiene.

Tomar decisiones en la vida nos lleva todo un camino, de aquí que los padres planteen que tiene que aprender a decidir desde chiquito. Es muy común escuchar esto. No como nosotros que después de grandes aprendimos a decidir, por eso, hay que darle al niño el lugar del niño, decidir de tan pequeños es algo que lo angustia.

Eso se demuestra en su comportamiento, quizás no lo diga, pero un chiquito que se presenta con esa imposición sobre el otro, con prepotencia, es un niño angustiado, un niño que no está bien, no está cómodo, no está tranquilo con respecto de él mismo y respecto del otro. Necesita imponerse así.

Esto forma parte de la lógica de las diferencias que tienden a borrarse, o… se borraron, tenemos que darnos cuenta que se han borrado.

Tercer axioma , la pulverización de las consecuencias reales de la palabra.

Desaparecen las consecuencias reales de la palabra, que hacen que marque y tenga peso.

Entonces, se puede decir cualquier cosa a cualquiera, en cualquier lugar, en cualquier momento.

Vemos que no existe ese ‘velo' que significaba la vergüenza, el pudor; eso es algo desconocido para los chicos hoy… y para muchos adultos, no solamente para los niños. Estamos acostumbrados a escuchar a un candidato decir y prometer algo que de entrada sabemos que no se va a poder cumplir o que es algo casi imposible, pero él lo dice, nos lo dice, y lo dice a todos desde un lugar de autoridad.

Entonces, al evaporarse eso real, se evapora lo imposible . Desde el discurso todo es posible y todo se puede. Hay programas de televisión que se basan en mostrar cómo la persona dice una cosa y a la semana, en otro programa, en el mismo canal, dice lo contrario. Lo cambia y nadie se pone colorado, a nadie le pasa nada por decir eso.

Es como que las palabras fueran por un lado y las consecuencias reales de esa palabra fueran por el otro. Como si no se tocaran . Fijémonos, entonces, la fragilidad también de las palabras en esta época.

Esto me parece muy importante de tomar porque la catequesis, de lo que se trata con los niños es de poder ligarla a la vida, a los hechos. Todos estos axiomas es necesario interpretarlos como catequistas, desde la catequesis.

El cuarto axioma , no juzgarás.

Otra cuestión instalada absolutamente en la época. No juzgar nada, es decir, el sentido también del borramiento de las diferencias. Todo vale. Todo puede ser.

Los chicos dicen, ‘se pinta o no se pinta', ‘te va o no te va la fe', ‘si lo sentís así, está bien'. ‘Él puede, él es el dueño y quién lo va a juzgar'. Digo esto para ubicarnos desde dónde somos interpretados y desde dónde nosotros también interpretamos la época, porque nosotros no estamos afuera, convivimos con estos axiomas e incluso, a veces, vamos en el sentido de ellos.

Hay que tratar de anudarlos y sacar las consecuencias. Lo real de la palabra no constituye hoy un fundamento, todo es apariencia, todo es imaginable, y queda allí en el campo de las infinitudes de la violencia. Esta es una consecuencia, todo queda a merced de la decisión del sujeto como decisión pura.

También, tenemos que encontrar, dentro de la catequesis, respuestas que tengan una eficacia de vida. Aprender, en el caso de los niños, de los códigos de ellos, como una consecuencia real, y que ellos, además, puedan poner de sí, que se impliquen. Que el encuentro no sea solamente hablar, sino que lo vivan.

Por otra parte, sabemos que a los chicos se les habla mucho menos en la familia, se dialoga menos y esto lo suplen con la televisión, con los diálogos de las novelas y de los programas que se encargan muy bien de ‘suplantar lo que en la familia no hay' . Esta ficción sobre la novela familiar del amor, del enlace y demás, o del desencuentro y la pelea, o lo que llamamos nosotros del ‘edipo'; que como hoy está muy flojo, aparece como redoblado en estas historias melodramáticas, para las cuales hay que cambiar el horario del consultorio, porque tienen que ver la novela. Es impensable, pero real.

Un corrimiento de los ideales y de estas diferencias: varón-mujer, adultos-chicos. Se oyen muchas quejas de que los chicos en sus familias cambiaron mucho y que las organizaciones, cualquiera que sea: La Parroquia, la escuela, la familia, tienen que ser más democráticos, más próximos a las preocupaciones cotidianas.

Hoy podemos decir que hay menos padres en el contexto social, menos padres con esta función que se le concedió al padre, la de ley, autoridad, sostén económico. Hay menos padres hombres en este lugar y padres que no producen el respeto y el amor .

Es una cuestión muy delicada, padres que no funcionan, porque en sí no son respetados, en muchos casos por la propia mujer frente a los hijos, por cuestiones económicas, de trabajo. Por lo tanto, no logran ubicarse respecto de esa función como padres.

Frente al protagonismo femenino, muchos optan por correrse de la escena y la sociedad tiende a transformarse en una sociedad de hermanos y agregaría de hermanos incrédulos. Y este corrimiento del padre hace que en general haya mucho de no creer en Dios, en Dios Padre.

Aparecen comunidades que alojan estilos de vida diversos, alternativos, que van desde las creencias más innovadoras, hasta comunidades de perversión legalizadas. Ej.: Legalizar parejas gay junto a la tenencia de hijos. Comunidades que empiezan a rondar en torno a esto.

Entonces, cómo no constatar que en este mundo, donde reina la democracia, hay un profundo extravío de los sujetos. Nuestra época no es la de ‘Dios ha muerto', como a fines del siglo XIX, sino el mundo de ‘lo mismo para todos'.

Esto sería lo que define nuestra época: los mismos derechos, las igualdades, igual valor mujer, homosexualidad, heterosexualidad, niños, adultos… Con la consecuencia de que el ideal ya no corre más, ya no organiza el estilo de vida del sujeto.

Si tomamos el ideal de la familia, se presenta la idea de que uno se aburre en familia. La sabiduría de la publicidad muestra que a partir de que un hombre se casa, ya la vida se torna aburrida y es un menos de sensación, por lo que hay que encontrar el ‘plus' de sensaciones, y ahí están esas ofertas.

Los supuestos ideales de esta época tienen hoy, una imagen perturbadora. Con esta perturbación del exceso. Exceso de posibilidades; el abuso de ofertas, que al mismo tiempo no puede circunscribir ninguna en singular y que transmiten un imperativo al éxito, al consumo, a una prisa en donde lo imposible se vuelve necesario.

Entonces, encontramos habitaciones llenas de juguetes, chicos que no juegan, que no pueden elegir con qué jugar. Por otro lado, lo opuesto, donde el niño no es tal, porque por ejemplo: tiene que trabajar de pequeño y no hay lugar para el juego. El otro sector, el niño lleno de juguetes, no significa juego.

El niño perdió su estatuto de niño

Los adultos no sabemos mucho qué hacer con el tiempo libre, cuando llegan las vacaciones, nos cuesta desengancharnos de toda la rutina, pero el niño es el que siempre supo qué hacer cuando no tiene nada que hacer: Jugar, inventar, romper.

Hoy, lo que hay es una necesidad de que los entretengan, ¿quién? una máquina, el celular, los jueguitos electrónicos, la televisión. Con lo cual le quitamos el estatuto al niño.

Este mecanismo produce un sujeto fuera del discurso. ¿Cómo se traduce esto en la demanda de los niños de hoy? Por supuesto, ellos responden a la propuesta que hace el mundo, son permeables; permeables a que hay celulares para todas las edades; máquinas de fotos ‘ultras', para chicos, para grandes; y que ellos exigen su propio celular, su propia máquina, etc.

Escuchamos a muchos papás decir: “-A mi hijo le quiero dar todo lo que a mí no me dieron.” Y qué equivocación más grande, un celular para un chiquito, ¿qué sentido tiene?

Es esta consigna globalizadora, porque es para todos lo mismo , este mundo es lo mismo para todos, no alcanza a definir una regulación o una clara orientación, siendo la desregulación y la impulsión el mandato a seguir.

Entonces, ante el poder orientador de los ideales se produce un quiebre en el circuito de la identificación, que une al sujeto con el otro .

Fuimos perdiendo el modelo orientador del ideal, donde los sujetos se orientaban por un ideal. El ideal de la familia, por ejemplo, que el hijo fuese doctor, abogado, etc. para esa familia tomaba cierta importancia, o para esa sociedad, había algo que orientaba… Un sueño, una expectativa. En cambio, hoy ya no está ese ideal, se fue perdiendo.

Lo que comanda el discurso y las relaciones ya no es un ideal al cual llegar, que podíamos ponerlo como algo a HACER , del lado del SER , sino que el ideal está hoy del lado del TENER algo. No es poco lo que se quiere, la impronta que el discurso va cavando en cada vida, no es de tener un poquito, sino de tener cada vez más .

Este comandar desde allí, hace difícil la organización de la vida de la familia, y de ahí viene el trabajo que, a veces, no es que se trabaje por necesidad, sino que hay un ‘más' cada vez. No nos dejemos engañar tanto con que ‘tengo que trabajar tantas horas, porque no puedo sostener a la familia', a veces, si se recortan los gastos sucede que sí se puede. Pero hay ese ‘plus' de cada vez más, que nos va perjudicando y donde vienen a jugarse un montón de otras cuestiones: La dificultad de estar con el otro, con los hijos, de escucharlos, de estar con sus problemas y con sus peleas y con sus ‘quieros' .

Entonces, la mamá tiene que trabajar, el papá tiene que trabajar cada vez en más trabajos, porque hay que mantener ese nivel.

No es lo mismo que un ideal comande y que oriente a los sujetos donde hay una regulación. El ideal regula, marca un hito, da una frontera de vida, en cambio el objeto no. El objeto da la satisfacción de tenerlo y luego la satisfacción de otro objeto y de otro…y de otro…

Hoy lo que se escucha más en el consultorio, es la desorientación de los niños respecto del otro, de los adultos y muchísima desorientación de los adolescentes.

Los chicos mismos quedan situados como objetos de ese mercado, El niño pasa a ser un objeto más de toda la sociedad y del mercado. Ejemplos: Los programas de televisión Agrandaditos; el de Tinelli con los chiquitos… y el de Susana Giménez. Hay una fascinación por el niño, la fascinación que atrae al adulto por el niño como objeto. El niño es el objeto a admirar, a deleitarse por lo que dijo, que en realidad lo que dijo fue una pavada, pero ¡Qué gracioso! ¡Qué inteligente! Entonces, no queda ubicado como un niño que quiere educarse para llegar a… como en otro momento, sino que se da al revés, queda más bien el adulto como infantilizado, con lo cual los niños toman posiciones de ‘adultez', son niños como adultos.

La característica global que define esta época, percibe la misma identificación sin permitir que aparezcan rasgos diferenciales.

Hay gran invasión de la ciencia al mundo de hoy, dejan fuera la pregunta genuina, la pregunta más singular que permitiría a cada uno encontrarse con su marca particular en la vida para ser alguien , entonces aparecen cuestiones de cómo encontrar toda la cadena genética del genoma humano que determinaría absolutamente la vida del hombre y lo que estaría escrito en los genes: Su bronca, su alegría, su tristeza. Cuestiones que en otro momento ni se nos ocurriría, como si fuera todo orgánico.

Por eso, también es común que frente a un síntoma de un niño, a un problema que el niño manifiesta (que se mueve mucho, cuestiones de miedos, fobia…), está la búsqueda de la respuesta científica, es más fácil. No es ver de qué se trata para poder calmarlo o escucharlo, sino que aparece la ciencia como parte de este mercado que da respuesta, donde el sujeto queda fuera .

Marchar al compás implica aniquilar ese costado innovador de cada uno, segregándolo, aniquilándolo cada vez más. Luego, el sufrimiento vuelve, este dejar fuera vuelve y seguimos consumiendo…y todo bien. El problema vuelve, regresa a través de síntomas y de padecimientos, a veces extremos, de inhibiciones que los niños manifiestan en el cuerpo, dificultades para relacionarse, para jugar, para aprender o les impide dejar de moverse.

Un catequista al acecho de los detalles

Frente a esta mecanización de la vida de las relaciones, propondría la búsqueda de los detalles. La primera fórmula podría ser un catequista al acecho de los detalles” .

Los detalles de los grupos, de cada niño, de cada familia. Potenciar eso que hace distinto a cada uno, hacer el esfuerzo de encontrar el detalle en cada caso.

Para eso, cada uno tiene que estar abierto también, pero no prejuiciosamente.

Tener en cuenta esto que estamos haciendo, ver estos pantallazos de la sociedad actual, para no ir con el prejuicio de que el mundo de hoy no va y antes era mucho mejor. No, cada época, cada momento histórico tiene sus propias dificultades; ha habido épocas donde, si nos ponemos a leer, la familia no estaba mucho mejor que ahora. Tenemos que fijar qué es lo que hoy, en esta época pasa con la familia, con los niños y trabajar desde ahí, no desde el prejuicio.

Siguiendo con el tema de la familia, tomaremos respecto a ello, un término nuevo, para-emparidad . Esto significa ese borramiento de diferencias: es padre, abuelo, niño, abuela, hermano, tío, primo, todo en el mismo nivel. Abuelos y padres indiferenciados en muchos casos.

Esta tendencia a la democratización y la liberación de los vínculos; al aumento del individualismo; a la fragilidad de los ideales; a una mayor tolerancia a la satisfacción de cada uno, que no cuenta la satisfacción por el otro primero, como se podía escuchar antes, que también tenía sus consecuencias. Eso de sacrificar la vida porque el padre o la madre querían tal cosa, o que el esposo, en el caso de la mujer, porque el hombre decidía; esto también tenía sus consecuencias, hoy son distintas.

La mayor tolerancia a la satisfacción de cada uno, hace más difícil la pérdida irreparable de los vínculos familiares.

No existe ese pasado idílico y en la modernidad avanzada, hay corrientes opuestas cuya combinación tiene resultados paradójicos, verdaderamente. Por un lado se democratizan estos vínculos, se flexibiliza todo; pero por otro lado, hay control social que necesita ser cada vez mayor. Escuchamos cómo la justicia tiene que intervenir cada vez más en las relaciones familiares de los sujetos: Por la violencia, por el mal trato, por el abuso, por las separaciones…

Otra paradoja es la idealización de la relación de pareja, por ejemplo, esta mayor idealización de la pareja no supone necesariamente la estabilidad en todos los casos, porque muchas veces conduce al abandono de una relación que se considera caduca, de matrimonio, para sustituirla, para buscar otra más valorada, donde el amor, es lo que se dice hoy que se prioriza, busca ser feliz, busca el amor. A diferencia de lo que ocurría en otros tiempos, cuando a veces ese matrimonio, que podría no llevarse bien, no se separaba, se aceptaba como un hecho normal. Había otro tipo de compensaciones, y otro tipo de enfermedades, por supuesto.

Otra problemática concreta de hoy son las familias reconstituidas .
Nos encontramos con niños de muy corta edad que tienen que diferenciar y, al mismo tiempo, encontrar un modo de articulación entre dos figuras, como son la del papá y la de la pareja de la mamá. Dos y a veces tres, porque después de otro divorcio, otro más…

Entonces, una forma de eludir ese problema habitual, consiste en decir que son funciones diferentes, que el niño sabe. Esto también es triste: Sabe que este es el papá, que aquel no es; que la otra es la mamá, pero esta no; es de los otros hermanitos pero no es la mamá de él…

Esto tiene mucha incidencia en la vida del niño, tiene muchas consecuencias en los nuevos lazos que se establecen, siendo chiquito hay decisiones que pesan.

Se complejiza, por lo tanto, la cosa cuando ustedes deben recibir a estos niños en los grupos de catequesis.

Con el avance de la ciencia aparece no necesario el acto sexual para concebir a un niño, y esto tiene sus consecuencias subjetivas. Ser hijo de un donante de esperma desconocido y vivir en ese anonimato, nos preguntamos hoy, ¿qué consecuencias tendrá esto en la subjetividad de cada uno?

Para-emparidad, decíamos, simetría, borramiento de diferencias. De ahí el rechazo del encuentro con el otro y, en la pareja, del encuentro sexual, que retorna por otro lado: la pornografía que hay en los medios. Por ejemplo, en los programas televisivos, como Showmatch, que bailando se instalan en el terreno de la obscenidad. Lo que antes era circunscripto a un lugar de demostración, donde uno podía ir o no, hoy está ahí, al alcance de todos… al alcance de los niños.

En la problemática de las familias, también, el nacimiento de un hijo es el que, en muchos casos, crea la familia. A partir del embarazo se forma una familia y, al no haber distribución de responsabilidades, es el niño mismo el que debe inventarse un tercero, construir una familia con lo que tiene a mano, buscar apoyo más allá de la figura de los padres que, en este caso, son muchas veces los abuelos.

También se da el caso en que los adolescentes quieren un hijo, un bebé, sin reflexionar lo que ello significa, sino pensando en un objeto que fascina, junto con el consumismo, llenarlo de cosas.

Asistimos también a ese fenómeno presente que es la violencia doméstica, la violencia intrafamiliar ; el tema de mayor consulta y de atención por parte del Poder Judicial.

Otra perspectiva de esta violencia es en las escuelas, niños y adolescentes violentos entre sí y con los docentes . Se ha debilitado la función de autoridad del docente, de profesor; como decíamos antes, el ideal regulaba y establecía una organización, al no producirse esto, queda todo en el achatamiento: ‘o yo o el otro', todo el tiempo entre los chicos. El pasaje va directamente a la acción, solucionan los problemas en el momento y agrediéndose.

El ejemplo que hemos escuchado anoche: de este chiquito que se había peleado durante un partido de fútbol y que decidieron arreglar sus cosas después, el caso es que el chiquito lleva un arma a la escuela para asustar al otro.

Vemos también hoy, a padres que agreden a docentes y docentes cuyo malestar propio queda resuelto con pedir a los padres o sugerir, una consulta al neurólogo para medicar a ese niño.

No conseguir parar a un niño, por supuesto, genera un malestar, pero esto de pasarlo por ese lado, por la pastilla de la ciencia no soluciona mucho la cuestión. Pensemos qué pasará cuando deje la medicación. Habría que preguntarse por la posibilidad de reinventar esos lazos familia-escuela. No hay garantía que ese lazo venga, hay que reinventarlo cada vez que notemos esa ruptura.

La familia es la encargada de una transmisión, que no sea un anónimo, que tenga nombre y apellido a la vez. Es necesario que estas funciones, del padre o los cuidados de la madre, siempre estén a cargo de alguien real, no por estos niños solos.

La tercera parte la titulé: “Éranse una vez los niños.”

El lugar de la infancia no está desligado de las nuevas formas de relaciones familiares y, por consiguiente, de la conquista por parte de la mujer de un espacio social amplio.

Se asiste a modelos de relación más permisivos y el niño suele acceder, casi en igualdad de condiciones que el adulto, a determinados circuitos de ocio y de información. Padres que llegan a decir que llevan a la cama a los chicos a ver la tele, para que se duerman y están hasta la una o dos de la mañana.

Aquí, está esto que analizábamos primero de la doble igualdad y del borramiento de diferencias. Teníamos una diferencia, al menos en mi época, a tal hora era adentro y a dormir. Mamá y papá se quedaban leyendo o lo que quisieran, pero los chicos tenían que descansar porque al otro día tal cosa. En cambio hoy, eso es lo que tambalea ‘¿Por qué lo voy a mandar a dormir si quiere ver la tele?'. Están dando vuelta estos cuestionamientos, no está la idea clara.

Muchos autores hablan hoy de la desaparición de la infancia como categoría social diferenciada. Desde los años '50 se asiste al paso del modelo educativo que ha permitido que las relaciones de los padres y los hijos se organicen en función de las necesidades inmediatas de estos últimos.

Esta dificultad para adoptar los semblantes de autoridad tiene que ver con lo que esta generación pone al descubierto: La ausencia de un futuro cierto, que prometía la modernidad, la percepción de que no hay garantías. Esto, por supuesto, después de una segunda guerra mundial que contribuyó a este desencanto de toda la humanidad.

Pero, si se renuncia a este ejercicio de autoridad, en su lugar ¿qué ponemos?, ¿por qué en este momento nos inclinamos a tomar las problemáticas de los niños y adolescentes desde un total ‘light', o sea, un dejar hacer, o desde el autoritarismo?

Una cierta infantilización del adulto, podemos advertir, tanto en el vestir, como en el comer, como en los horarios, los espectáculos… Trae aparejado en este sentido la ubicación del niño que empieza a opinar del tema. Y, pese a los debates, las cantidades de dinero que mueven las industrias de la infancia, dejan a los adultos en general y los padres en particular, menos presente, como si, a modo de reverso del interés del niño y sus derechos, se alimentara una verdadera desprotección de la infancia.

Estamos acostumbrados a ver que cuando algo se acelera tanto, en la práctica no es tan así; cuando un papá dice: ‘quiero lo mejor para mi hijo', uno no puede confiar tanto en eso, por que hay un reverso de ese discurso que se propone como tan ideal. La sociedad misma que nos habla de los derechos del niño, de la infancia en primer lugar… realmente lo que representa hacerse cargo de un niño, por supuesto, no está primero.

Los síntomas de la época son pronunciada dispersión de los niños, pronunciadísima dispersión. No pueden atender. Una erranza que compromete el lazo con el semejante, no poder ubicarse, ni jugar con el amiguito o inventar algo.

Otra cuestión es la inclusión en lo diferente . El aturdimiento, el enloquecimiento de los chicos de hoy. Problemas serios del lenguaje, del poder hablar, de expresarse.

No es esto una cuestión neurológica, que el niño ahora tenga algún problema que pase por ahí, sino que no hay un tiempo de diálogo, un lugar temporal para hablarle al niño, de escucharlo, no está organizada esa cuestión.

La puesta en juego del cuerpo es algo también preponderante hoy, y aparece la bulimia, la anorexia, la toxicomanía, la hiperactividad…

El cuerpo no regulado por este realce del objeto, no alcanza el objeto a regular nada de lo que tenga que ver con el cuerpo, porque el cuerpo es un ser también de falta, el objeto viene a llenar todo sin dar lugar a que algo falte. La falta aparece allí, encarnada en una enfermedad.

A fines del siglo XX, el lugar del niño se articuló en torno a la importancia de ocupar los tiempos de la infancia. Ocuparlos, darles actividades (patín, inglés, fútbol, computadora, danzas…), paradójicamente desde una des-responsabización hacia el mismo niño, de su estatuto de niño.

Entonces, para todo una pastillita, como la famosa vitamina que es una anfetamina en definitiva. Es alarmante la cantidad de niños medicados, cuatro o cinco años, cuerpos que no paran, que no logran serenarse, disponerse al aprendizaje, ligarse a una actividad.

Bien adecuado a la prisa de la época y a la facilitación de las cosas, la respuesta es la medicación. Y esto en un contexto de ideas de consultorio, contado por los papás, ya que vienen derivados porque la pastilla sola no alcanza, así, por suerte, apelan a otro tipo de cura. Tal cual, el neurólogo, con tantos pacientes sigue un cuestionario y va tildando:

Se mueve excesivamente: sí. Contesta mal: sí. Es impulsivo: sí…

El cuestionario dio el diagnóstico, síndrome de incorrecta atención con hiperactividad, etc. Es decir, de ese niño no se sabe nada, de por qué le pasa eso, de qué es lo que tiene, de por qué se mueve, de qué está queriendo decir… pero no hay tiempo para nada.

A veces, tampoco hay tanta posibilidad de implicarse, hay que trabajarlo y ser cuidadosos, porque para los papás esto es una culpa. Impone inventar, pensar.

En definitiva, los chicos hoy encuentran poco lugar en la familia, el adulto tiene enorme dificultad para hacerles un lugar en sus vidas, ya sea por la empresa, los negocios, los estudios, su lugar de trabajo. A veces necesario sí, por supuesto, pero también, a veces por sus goces, en el sentido de dejar al niño tantas horas frente a la TV o los jueguitos.

Esto no quiere decir que haya que estar mucho tiempo con los chicos, hay mamás que están todo el día con su hijo y no organizan nada. Hay que ver que es ‘estar' con los hijos, a veces, con un poco tiempo con ellos alcanza. Pensar en los padres de antes, los hombres padres de antes no estaban mucho tiempo con los chicos, pero decían una cosa o hacían con su acto y su presencia en la cena y eso bastaba .

La educación tiene que ver con el forjamiento de la imagen de la humanidad, que cada época dibuja para reconocer qué es lo aceptable, lo admisible, lo identificable como persona.

Eso forja verdades, pero hoy la familia, la Iglesia, la escuela, no participan de este forjamiento de imagen de humanidad… Hoy en día son los medios los que forjan la imagen de la humanidad y esta realidad social cuestiona mucho a los ‘educadores', pero ellos tampoco hacen valer su lugar de autoridad.

Entonces, ¿cómo ayudar al niño desde la catequesis a crear lazos? Por un lado, el sujeto solo, este es el estandart poco humano y no tan lejano, estar solo con su goce. Por otro lado, es escuchar a muchos chicos que lo más divertido, lo más entretenido es la ‘play station'. No es divertido salir a pasear, la pelota, ir a jugar, embarrarse… digamos que tampoco se lo estamos ofreciendo, quizás no es que los chicos no lo toman, los chicos no pueden salir porque le hicimos otra organización del mundo hoy.

Entonces, tenemos a un niño sentado en una máquina, dialoga con ella en la casa, en el ciber… No podemos atacar a las máquinas, imposible, pero habrá que ver qué regulación empezamos a encontrar para esto, desde el lugar del adulto y como padres también.

Esto en la catequesis se trabaja con los padres, acompañándolos con el mensaje. Desde la clínica se los escucha muy desorientados, cansados y solos. Hay papás que se sienten muy solos por estos impactos de los medios y de los hijos que piden y exigen ante las demandas sociales. Pero hay un lugar que rescatar, este del encuentro .

Una amiga me comentaba sobre su experiencia con sus hijos en la Catequesis Familiar , que le resulta tan positiva. Ella asiste porque sus chiquitos se están preparando para la Comunión. El horario para el encuentro es de 20,30 a 21,30 hs., pero se están yendo a las 23 hs todos los viernes, y no es que el catequista los hace quedar, sino que ellos se encuentran muy a gusto en esos momentos, que les sirve y les viene muy bien. Hay que agregar, que hay catequistas que están muy bien preparados y los padres van encontrando modos y regulaciones posibles ante estas realidades de la vida.

En esto de las regulaciones, fijémonos como pasamos de ser consumidores a ser consumidos, estando frente al televisor ¿quién consume a quien?, se pregunta uno… Y frente a este imperativo se bajan los brazos, se deja que las cosas pasen.

Creo que tenemos que ser inventivos nosotros mismos, ser autodidactas, tomar fuerzas e invitar a los padres a esto también. Sabemos que la catequesis también tiene sus límites, no se puede todo en catequesis tampoco, pero para algunos con que los ayudemos un poquito, luego siguen solos.

Otra cuestión es cómo muchos sienten culpa por dejar a los hijos cuando van a trabajar y esto retorna en ofrecerles cosas, traer regalos, dar todo lo que piden. Con los pequeños es muy importante hacer notar la diferencia: ‘esto sí', ‘en esto no', ‘esto sí, pero después'…

Ustedes me decían que los chicos quieren que los escuchen, vienen a los encuentros y quieren hablar. Bueno, pues bien, tomemos esto con todo el signo positivo que tiene, pero introduzcámosle también una regulación. Porque a veces es hablar cosas disparatadas o que pasan de una cosa a la otra sin solución, todo mezclado. Eso no es hablar. Además, cuentan todo en el mismo tono, con la misma importancia.

Desde ahí, se los puede ir ayudando a que hablar es también escuchar al otro. Tengamos en cuenta, además, que escuchándolos nos vamos enterando de lo que va pasando en sus vidas y podremos, desde ese lugar, tener una incidencia, pero con un límite, ya que, como decíamos antes, todo no es posible para los catequistas.

Quiero tomar una frase de Sábato: “Educar es encender pasiones”, parece ser que el primer apasionado tiene que ser uno, para que esa llamita se pueda transmitir en los encuentros de catequesis. Los chicos perciben cuando el encuentro es armado o sin ganas o que les damos sólo un restito de nuestro tiempo. Tal vez, pensar que porque los tenemos sólo unos minutos a la semana nada vamos a cambiar, yo creo que es una cuestión importante el aporte que se hace en esos 40 minutos, eso marca una diferencia, además del mensaje catequístico específico.

Tratarse mal, a veces, para los chicos es algo natural, entonces, es bueno desnaturalizar ese tipo de trato, ir encontrando un estilo de intervención. Sorprenderse ante señas o palabras, no es que nosotros no las sepamos, pero preguntar qué quiere decir eso, sorprenderlos a ellos, que no todo de lo mismo. Esto, por supuesto, referido a normas para poder trabajar.

Tratar de ir encontrando lo diferente, el catequista debe ir buscando el detalle, lo diferente de cada niño para valorizarlo. A veces el chiquito viene perdido, como que se pone mal con todo el mundo y en muchos casos, es simplemente orientar el gusto por algo: por la música, por la lectura de la Biblia, por una actividad.

Incluir películas no sólo de Jesús, milagros, vida de santos, sino incluir aquellas que ellos suelen ver, como por ejemplo “La era del hielo”, con el tema de la creación, hay otra de la familia del futuro, los mismos “Simpson”; en esto siempre verlas primero, ver para qué, cuál es el objetivo y demás. Esto de ligar a la cultura para volver a lo que uno quiere.

Lo importante con los niños es asumir la posición de conducir, eso que llamamos ‘manejo de grupo', el adulto que está a cargo debe marcar el borde, el niño debe saber que tiene ese referente .

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