Junta de Catequesis

Encuentro Diocesano Jubilar de los Catequistas

“Con alegría y esperanza renovadas, seguimos a Jesús y lo anunciamos”. Hacia una catequesis de iniciación.

En el Año Jubilar de la Diócesis y en una fecha cercana al “Día del Catequista (21 de agosto, Solemnidad de San Pío X)”, los catequistas de Morón se alegraron por compartir su vida de fe, esperanza y caridad, durante el Encuentro Anual que tuvo lugar el sábado 18 de agosto, en el Colegio San José, de los Hermanos Maristas.

Allí, hicieron memoria agradecida por la vida catequística del Obispado, y ayudados por el Padre Fabián Esparafita, de la Diócesis de Avellaneda-Lanus, reflexionaron sobre “LOS DESAFÍOS PARA LA CATEQUESIS DE ESTOS TIEMPOS”, en el contexto de la Iniciación Cristiana.

Fue un encuentro de reflexión y de celebración. En la Eucaristía y el festejo final, con música para cantar y bailar, expresaron de manera especial el júbilo por la vocación en común.

Pasión por anunciar a Jesucristo

Mons. Luis Guillermo Eichhorn, Obispo de Morón y Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis, dirigió el siguiente mensaje a los catequistas de la Diócesis, invitándolos a no quedarse sólo con las palabras, en paz, dejando que las cosas sigan igual, sino a ponerse de pie, para comenzar a transitar el camino de la Iniciación Cristiana:

Recobrar la pasión

Se cumplen 50 años de vida diocesana y respondiendo al llamado del Señor, los catequistas que siguen trabajando en esta Iglesia particular, hicieron memoria de lo que ha sido la Diócesis, con un estilo marcadamente catequístico. Manifestaron la alegría de sentirse en continuidad con toda esa tradición e historia.

Al comienzo del encuentro, se recordó a muchas personas que no se han nombrado, pero que han dado la vida por la catequesis, por la misión que el Señor les ha encomendado. “Han dejado todo, trabajando día a día, aceptando con amor la voluntad de Dios. Nos sentimos en comunión con ellos, y pedimos al Señor especialmente en este jubileo, como una gracia especial, la necesidad de esa vida nueva, de esa renovación que significa una celebración jubilar: Recobrar el entusiasmo, el fervor, la pasión, para seguir caminando, para seguir trabajando, para seguir anunciando a Jesucristo” .

 

La Palabra de Dios iluminó la Santa Misa

El profeta Jeremías fue enviado por Dios a anunciar el desastre de la ciudad. Un mensaje duro, que a él le cuesta, sin embargo es fiel a ese mensaje y por tal motivo, intentan matarlo. “ ¡Qué fortaleza, qué agallas, qué confianza en Dios, qué seguridad que tenía en esa fuerza que el Señor le daba a su palabra! ~remarcó el Señor Obispo~ seguramente, llegaba al corazón de la gente, porque los inquietaba a todos. Por eso dicen: ‘Este profeta tiene que callarse, porque está desmoralizando a las tropas con su mensaje'.

Es decir, la palabra del profeta era escuchada, porque la anunciaba con decisión.

Esto somos nosotros, todo catequista es un profeta, y participa en la misión profética de la Iglesia. Somos nosotros, hoy, los que tenemos que anunciar el Evangelio de Cristo con todas sus consecuencias, sin recortes, sin mutilarlo, sin endulzarlo. Así, tal cual es, el Evangelio y el camino de Jesús, que siempre tiene la forma de una cruz, que siempre implica la Pascua ”.

 

“He venido a traer fuego a la tierra, cuánto deseo que estuviera ardiendo”

Las palabras de Jesús son duras, se está refiriendo a la vida del Espíritu que Él quiere enviar, para hacer arder la tierra, para hacer arder los corazones, para empezar una nueva creación, un mundo nuevo, para que su Reino sea una realidad en esta historia.

Ya en la época de Jesús, hubo muchos corazones fríos que no se dejaron tocar por este fuego. Y hoy, también hay muchos corazones fríos que no se dejan tocar por este fuego.

¿Está ardiendo nuestro corazón? ¿Hemos abierto nuestro corazón al Espíritu de Jesús? ¿Hay verdaderamente un amor que nos mueve y nos hace arder por la pasión de anunciar el Evangelio (que es precisamente la tarea catequística) o la hacemos de forma rutinaria, indolentemente, con desánimo? interpeló Monseñor a cada uno, aclarando que, si el Jubileo es momento de renovación, dicha renovación pasa fundamentalmente por la renovación de los corazones. Es por ello, que invitó a los catequistas a pedir al Espíritu que los llene, transforme, ponga palabras en sus labios, acreciente su fe y los llene de amor, para que toda la catequesis se impregne de la vida que da el Espíritu.

 

“Tengo un bautismo que vivir, cuánto desearía que fuera ya”

La hora de Jesús, la Pascua de Jesús, para eso ha venido, para hacer la voluntad del Padre, para entregar su vida por amor, para que todos tengan vida. La vida de Jesús es una entrega total a Dios y a los hombres. “Él se ofrece a sí mismo, para que todos tengamos vida, y cada uno de nosotros, catequistas, tenemos que vivir este misterio de amor, de entrega, de cruz, de Pascua . Toda nuestra vida es un don al Señor. Toda nuestra tarea es una ofrenda agradable al Señor. No hay vida, hombre nuevo, si no es a través de la muerte y la resurrección de Jesús. Tenemos que vivir este misterio, y lo hacemos en la Eucaristía.

Todo lo que hacemos en la catequesis, es para que el hombre se identifique con Cristo y viva en comunión con Cristo, para que el hombre viva en comunión con sus hermanos y descubra la dimensión del amor de Dios, y comprenda que su vida tendrá sentido, cuando experimente y viva el amor, y este sea la causa y el motivo de todo lo que está realizando”.

 

“Ustedes creen que he venido a traer la paz. No, he venido a traer la guerra”

El Señor desconcierta, de aquí en más estarán los padres contra sus hijos, las suegras contra sus nueras… “El Señor, con estas palabras fuertes, nos está diciendo que la Buena Noticia, su Palabra de vida, no es para escucharla sentado y quedarse de brazos cruzados, permaneciendo en paz, todo igual que antes. El Evangelio tiene que causar una conmoción, una revolución muy profunda en la vida, en la familia, en la comunidad, en la sociedad .

Muchas veces se proclama el Evangelio y la gente pondrá mucha más atención a una propaganda televisiva, que al Evangelio de Jesús”, declaró Mons. Eichhorn, sosteniendo que el Evangelio tiene que cambiar la vida. “Cuando el Evangelio proclamado no interpela nuestras vidas para que cambiemos, es porque nos han salido callos en los oídos y costras más duras, en el corazón. Tenemos que revisar profundamente la vida. Si queremos catequistas renovados, necesitamos catequistas sensibilizados ante el Evangelio, que sepan vibrar ante la Palabra de Dios, que sepan responder con generosidad, con entrega.

Solamente así, un catequista que siente que esa Palabra resuena profundamente en su corazón, es capaz de anunciarla con un testimonio de vida, y es capaz de hacer que esa Palabra sea también una palabra viva, eficaz, que provoque la reacción de los catequizados. Sólo así, podremos hablar de una catequesis renovada, del kerigma, de la iniciación cristiana. Todo esto, en definitiva, es la obra de Dios, es el Espíritu que actúa y tiene que movernos a nosotros y tenemos que dejar que actué en nosotros. Entonces sí, si tenemos catequistas renovados por el Espíritu de Dios, tendremos una catequesis renovada también en nuestra Iglesia y en la Diócesis ”.

Monseñor llamó a no quedarse sólo con las palabras, sino a ver qué se hará en adelante. “¿Vamos a dejar que las cosas sigan igual? Hay que aplicar las palabras del Evangelio: No he venido a traer la paz a la Catequesis, sino la guerra . “Todos los grupos de catequesis, todas las comunidades, tienen que sentirse interpeladas ante esto, porque no es una ocurrencia mía o de la Junta de Catequesis, sino que es lo que la Iglesia hoy está demandando, y yo, como primer responsable de la Catequesis, estoy pidiéndoselo a la Diócesis. Empecemos a tomar en serio el tema de la Iniciación Cristiana” , recalcó.

 

Un gran desafío. Primeros pasos

Comprendiendo que hay mucho por hacer, Mons. Eichhorn indicó que se están dando los primeros pasos. “Sigamos pensando, sigamos dialogando y viendo las cosas que se están haciendo. En todo el país, se está hablando de la Iniciación Cristiana. En todo el país se están buscando caminos. Esto que nosotros hacemos, se está desarrollando en muchísimas otras Diócesis, por eso no estamos solos. Nos encontramos trabajando todos juntos y tenemos que ir abriendo camino. Ponernos a tirar para adelante, a sumar, a aportar.

Valiosas experiencias de Iniciación Cristiana y Catecumenal se están realizando en la Diócesis. Son pasos que se están dando, como por ejemplo: En la Parroquia Santa Cecilia (ver Seguimos Caminando edición nº 41); en el Seminario Catequístico San Pío X, con toda la experiencia de formación de catequistas en estilo catecumenal. Tanto es así, que un equipo ha tenido que viajar a otras Diócesis, porque quieren también ellos, ver maneras de implementar esto.

Son ensayos, caminos que estamos abriendo. De otra manera, estaríamos sentados de brazos cruzados, diciendo: Qué lindo eso de la Iniciación Cristiana”, subrayó, concluyendo que “esto es precisamente para nosotros un gran desafío. El mundo de hoy nos está exigiendo esto. No podemos seguir mirando cómo pasa el desfile de la humanidad, y seguir lamentándonos de toda la incredulidad que nos rodea, de toda esta masa de bautizados, pero que no se identifican como hermanos católicos, que no practican.

Por eso, no tengamos miedo, empecemos, pero desde el principio, la renovación comienza desde el corazón. Empecemos nosotros rezando, leyendo, estudiando, y poco a poco, el Señor va a ir mostrando los caminos para que todos conozcan a Jesús, y conociéndolo y creyendo en Él, se salven ”.

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Los desafíos actuales de la catequesis

La Iniciación Cristiana

Pbro. Fabián Esparafita:

Extracto de la charla que el Sacerdote de la Diócesis de Avellaneda-Lanus, ofreció durante la Fiesta Jubilar de los Catequistas de Morón, desde su propia experiencia de sacerdote que acompaña a catequistas.

El P. Esparafita comenzó con la experiencia de Cleofás y su amigo que volvían a su pueblo, Emaús:

“Se van enojados, discutiendo, como cuando estamos cansados, enojados con nosotros mismos.

Se les une un peregrino que camina con ellos, sin que se den demasiada cuenta, y que les pregunta de qué iban hablando.

Y ellos repiten con suma claridad, la verdad más profunda de nuestra fe: Que Jesucristo ha muerto y ha resucitado . (cf. Lc. 24, 13-35).

Ellos lo saben, pero no lo creen . El peregrino comienza a decirles que son duros de entendimiento, que les cuesta tanto entender todo lo que Dios les fue anunciando por los profetas. Y les fue explicando todo lo que sobre el Mesías decían las Escrituras. Le hicieron un lugar en su casa, y cuando se sientan a la mesa y el peregrino bendice el pan, lo parte y se los da, sus ojos lo reconocen, pero Él ya no está. Ya no estaba para decirles que volvieran a Jerusalén, se dieron cuenta solos de que tenían que celebrar en comunidad la alegría de haberse encontrado con el Resucitado.

Por eso, debemos renovar en nuestro corazón el encuentro con Jesús Vivo y Resucitado, Muchas veces, los sacerdotes, religiosas, religiosos, laicos comprometidos, laicos que pasan, que van y vienen, catequistas, atravesamos esa misma situación de Cleofás y el amigo.

Debemos favorecer en nuestros corazones este encuentro Vivo con Jesucristo, no sólo para disfrutarlo personalmente, sino para compartirlo y contagiarlo a aquellos con quienes compartimos la vida diariamente .

 

¿A qué nos referimos cuando hablamos de Iniciación Cristiana?

En el Catecismo de la Iglesia Católica hay una definición en torno a lo que es la Iniciación Cristiana: “Desde los tiempos apostólicos, para llegar a ser cristiano se sigue un camino y una iniciación que consta de varias etapas. Este camino puede ser recorrido rápida o lentamente. Y comprende siempre algunos elementos esenciales: El anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio que lleva a la conversión, la profesión de fe, el Bautismo, la efusión del Espíritu Santo, el acceso a la comunión eucarística” . (CEC. N° 1229).

 

La Iniciación Cristiana es un camino que tiene varias etapas

La etapa no es el final del camino, es precisamente un momento del camino, una parada. Se supone que si son etapas, hay que tratar de transitarlas para llegar al 'gran momento' de la identificación plena con Jesucristo, el encuentro cara a cara con Él.

Las etapas esenciales presentan dos aspectos: Por un lado, la predicación del Evangelio o anuncio de la Palabra, la acogida que lleva a la conversión y la profesión de fe. Y, por otro lado, el Bautismo, Efusión del Espíritu o Confirmación y la Comunión Eucarística .

Al referirnos al término 'Iniciación Cristiana', entendemos el mismo como un proceso de transformación, en el cual vamos avanzando, madurando y creciendo en el camino del seguimiento de Jesús , que no es algo lineal o algo que se va subiendo como peldaños en una escalera, sino que es algo que va madurando, creciendo en cada vuelta que se da, como al subir una montaña, la que no se la puede subir en una única línea, sino como lo que llamamos caracol.

Es un proceso transformador que nos identifica progresivamente con Cristo, que es la meta, porque estamos llamados a identificarnos con Él .

Nos pusimos en camino en un momento histórico de nuestra vida, pero luego, el trabajo ha sido y es permanente. En este camino de identificación con Cristo hay un elemento más: Es gradual .

Cada uno de nosotros tiene su propia historia de conversión, no todos hicimos el mismo camino de seguimiento de Jesús. No todos el día del Bautismo empezamos a querer ser como Jesús.

Esta es una tarea de la Iglesia que viene desde los tiempos apostólicos, entonces nos preguntamos si la Iglesia lo vivió siempre igual a lo largo de su historia o si esto que decíamos de los tres momentos, se vivió siempre de la misma manera. Evidentemente que no.

 

Surgen distintos modos de iniciación en la fe: El modo catecumenal, el habitual y el escolar .

El modo catecumenal

La sociedad pagana en general no conocía todavía a Jesucristo, por lo tanto, la Iglesia va a predicar, va a anunciar a Jesucristo. Frente a este anuncio, como lo veíamos en el Catecismo: Por la fe, la conversión, y por la experiencia sacramental, la vida cristiana. Cristiano no se nace, sino que se hace (Tertuliano).

Surge la conciencia del catecumenado como necesario para este proceso de identificación con Cristo. La mirada deberá estar puesta prioritariamente en los adultos, pero esto no quiere decir excluyendo al resto del Pueblo de Dios, sino que todo se organiza y se estructura en relación con el adulto, quien es el que puede reflexionar y el que puede dialogar con la propuesta que le hace la Iglesia.

Aún así, la familia entera es iniciada en la fe, como en el Evangelio, se bautizó Cornelio y toda su familia (Hch. 10,44), se bautizó Lidia y toda su familia (Hch. 16,15). Es como una expresión: todos los que formaban ese grupo participaron de la Iniciación y fueron incorporados a la vida de la comunidad.

Se pueden distinguir cuatro etapas dentro del modo catecumenal:

Un precatecumenado , tiempo de sondear la intención de quien se incorporaba.

Un catecumenado , tiempo de reflexión, prolongado.

Un tiempo más ritual, iluminación , que se celebraba en torno a la Pascua, o en torno más propiamente a la Vigilia Pascual, que culminaba con la celebración de los tres sacramentos: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

Y el cuarto momento era el tiempo de profundización en el sentido de los sacramentos que se celebraron, y se lo llamaba el tiempo de la mistagogía .

 

El modo habitual

El mundo al que la Iglesia había sido enviada “hasta los confines de la tierra”, en ese momento era todo el Imperio. Habiendo llegado hasta esos confines de la tierra, la sociedad cambia, ya está evangelizada, por decirlo de alguna manera, entonces lo que queda es vivir habitualmente el Evangelio. Se va a ir estableciendo la sociedad cristiana.

En esta sociedad ya no va a hacer falta el primer anuncio que hacía falta en la anterior, porque las familias ya han sido evangelizadas, ya conocen a Jesucristo y lo transmiten a través de la vida cotidiana, la vida familiar.

Lo que se nos plantea a nosotros hoy, es una sociedad descristianizada, secularizada o donde hay una gran indiferencia religiosa. Ante esto, no podemos decir que todo es igual, no podemos seguir haciendo lo mismo.

Reconocemos que las circunstancias que nos rodean a los cristianos hoy, son bastante diferentes de las que vivieron nuestros abuelos, nuestra historia de la Iglesia. Hay que seguir trabajando, hagamos un momento de reflexión, de discernimiento y descubramos de qué manera debemos responder a estas exigencias de nuestros días.

Particularmente… ¿Qué debemos hacer?... ¿Qué debemos acentuar?... ¿A qué tenemos que prestar atención en la Iniciación Cristiana, y dentro de ella, nosotros como catequistas?

Como Cleofás y el amigo. Todos necesitamos revitalizar en nuestro corazón permanentemente el kerigma, no como enunciado, sino como experiencia de lo que da sentido a nuestra existencia como cristianos.

Por eso, nos urge una nueva dinámica en la Iniciación Cristiana.

Primero, la de recuperar como momento kerigmático el precatecumenado, un momento necesario tanto para los niños como adolescentes, jóvenes o adultos. Para familias que se acercan, sea para bautizar o iniciar un camino de seguimiento de Jesús.

Un momento en el que se les pueda anunciar el kerigma, pero no simplemente, Cristo ha muerto y resucitado, sino un momento en el que puedan hacer experiencia en el encuentro con Jesucristo.

Tenemos que buscar, provocar este encuentro con Jesús, porque es el único que va a transformar nuestra vida, lo sabemos por experiencia, y por eso queremos compartirlo con ellos.

Se insiste en salvaguardar la unidad de la Iniciación Cristiana, el vínculo y la referencia entre los Sacramentos , entendiendo como cada uno de los Sacramentos: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, simbólicamente van incorporando a este cristiano al Misterio de Cristo.

Será necesario profundizar en la mistagogía a lo largo de toda la vida como Itinerario Catequístico Permanente.

Anuncio, acogida de la Palabra, profesión de fe, celebración de los Sacramentos. Un proceso de transformación que supone cambios de tal manera que quien participa asume una nueva identidad y que ésta se manifieste en su comportamiento personal y comunitario.

Sólo desde el kerigma se da la posibilidad de una Iniciación Cristiana verdadera

El primer paso tiene que ser un encuentro vivo y real con Jesucristo, a eso se refiere el anuncio kerigmático. Un kerigma que yo anuncio para provocar un encuentro con Jesucristo, no para que el otro sepa cosas importantes, sino para que verdaderamente se entusiasme como yo lo estoy .

La Iniciación Cristiana parte del encuentro con Cristo, provoca en el otro la conversión que lo llevará, después de haber participado de la celebración sacramental, al discipulado en el que va a profundizar estos primeros misterios que ha celebrado. Desde este discipulado cultivará la comunión para saberse miembro de una comunidad en la que vive y es imagen y semejanza de la Comunión Trinitaria. Desde esta Comunión, será enviado para desarrollar la misión, en la cual anunciará el kerigma provocando en otros hermanos el encuentro con Jesucristo .

En la Iniciación Cristiana, los catequistas serviremos acompañando el proceso hasta que sea conveniente. Otros, sean catequistas o agentes pastorales, acompañarán a esos hermanos a lo largo de su vida, a profundizar y a enriquecer esa Gracia inicial en la cual nosotros, como catequistas, tuvimos una labor sumamente importante.

Es una interacción dinámica en la que todos participamos. Decir que solamente los catequistas intervienen en la Iniciación Cristiana es un error superlativo, porque ellos particularmente, apenas acompañan un tiempo del encuentro con Cristo de un creyente que quiera ser cristiano comprometido. No es un solo catequista parte del proceso, muchos intervienen en la iniciación en la fe y en el seguimiento a Jesucristo de un creyente.

Acordémonos de aquel paralítico que era llevado por cuatro personas. La casa donde se encontraba Jesús estaba repleta de gente, a tal punto que cuando ellos quieren llegar con el amigo no lo pueden hacer. Se les ocurre subir al techo, hacer un boquete y tratar de bajarlo hasta el encuentro con Jesús.

Para nosotros es fácil leerlo y fácil decirlo. Ellos, sin embargo, no tienen ningún temor, aunque rompan el techo del vecino, que luego vaya a saber qué les dirá o hará.

Jesús habla con el paralítico, pero antes se va a admirar de la fe de las cuatro personas que hicieron esa locura con el paralítico.

De alguna manera, nosotros somos o tendríamos que ser como esos 'cuatro locos', tener esa fe en Jesús para llevar a su encuentro a nuestros hermanos.☺