Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica

“Camino, verdad y vida, con alegría lo anunciamos”

Encuentro Anual de catequistas – Región NEA

Formación de Catequistas en estilo Catecumenal

De acuerdo a lo solicitado por los encargados de Catequesis de la Región del NEA (Noreste Argentino), para su encuentro anual de catequistas, el Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, viajó a Roque Saenz Peña - Chaco, junto a un pequeño equipo.
 
Dicha invitación consistió en compartir con las comunidades de esa región del norte, la experiencia diocesana sobre la nueva implementación de "Formación de Catequistas en estilo Catecumenal" , que se está realizando desde el año 2006 en el Seminario Catequístico San Pío X.
  
El equipo encabezado por el Sr. Obispo, fue conformado por Isabel de D'Aloisio y Nelly Furci, catequistas formadoras del Seminario; y el Padre Hugo Fernández, quien completó el encuentro con su rica experiencia parroquial de iniciación cristiana en estilo catecumenal, para niños y niñas (más información CLIK aquí ), que es justamente la meta de esta formación: Ir renovando las propias comunidades .

 

Transcribimos a continuación, la charla de Mons. Eichhorn:

ENCUENTRO DE JUNTAS CATEQUÍSTICAS DE LA REGIÓN NEA

ROQUE SÁENZ PEÑA - CHACO - 27, 28 y 29 de Julio/ 2007.

Charla de nuestro Obispo Luis Guillermo Eichhorn

“Les agradezco mucho que nos hayan invitado, simplemente el único título que podemos ofrecer, es que estamos intentando hacer una experiencia y queremos contar lo que estamos haciendo.

Yo voy a dar dos charlas, hoy y mañana, quieren ser como disparador, como elementos para que podamos ponernos a pensar. Después, van a presentar la experiencia que estamos haciendo en la Diócesis de Morón en dos aspectos: Uno, en todo lo que es la formación de los catequistas en estilo Catecumenal, Isabel de D'Aloisio y Nelly Furci; y el otro aspecto, es un proceso en una parroquia específicamente en catequesis de Iniciación Cristiana para niños en estilo catecumenal, en el cual está trabajando el Padre Hugo Fernández.

……………………………

1ra. Parte:

“Hace un momento proclamábamos la Palabra de Dios en la Capilla, el texto en el cual Jesús nos explica en la “Parábola del sembrador” los diversos terrenos donde cae la Palabra y yo creo que nosotros somos los primeros, como catequistas y hombres de la Palabra, en necesitar disponer nuestro corazón para que esa Palabra de fruto, una respuesta generosa al Señor.

Una respuesta a lo que el Señor hoy está pidiendo a la Iglesia, y no solamente a la Iglesia argentina o latinoamericana, sino a la Iglesia de todo el mundo, que es una nueva evangelización , y aquí es donde yo pongo precisamente el acento.

Vamos a hablar en estos días sobre catequesis y la catequesis no la podemos separar de todo ese contexto de lo que es el proceso evangelizador. Más aún, no la podemos separar, y esto es uno de los grandes pecados de nuestra tradición catequística, de la actividad pastoral de la Iglesia.

La catequesis es parte de la pastoral y debe responder a un proyecto pastoral y a un modelo eclesiológico. Esto es sumamente importante y espero que lo vayamos comprendiendo y entendiendo, a medida que lo conversemos.

El Concilio Vaticano II ha planteado una nueva eclesialidad con un centro fundamental que es la Iglesia comunión, la Iglesia Pueblo de Dios, la Iglesia que se hace familia, que se hace comunidad, la Iglesia que encarna una espiritualidad de comunión. Diríamos, descubriendo aquello que es como la esencia misma de la Iglesia: La Iglesia es comunión y la Iglesia está para evangelizar. Es su vocación, su identidad más importante.

Esta nueva eclesiología no es una moda, ni es tampoco una especie de estrategia para el mundo moderno, para el momento en que vivimos, sino que es una respuesta de Dios a las necesidades más íntimas del hombre, del hombre de la sociedad.

Siempre la Iglesia en su actividad pastoral está respondiendo a las preguntas, a los interrogantes que, precisamente, se hace el hombre.

Proclamación de la Palabra de Dios: Mc. 8, 22-26.

Este texto del Evangelio es, a veces, un poco difícil de interpretar Pero yo, pensando y meditando precisamente a la luz de esto, de lo que es un proceso de crecimiento en la fe, me pareció importante.

En primer lugar, estas ciudades donde se encuentra Jesús, son el signo del rechazo a Jesús, al Evangelio de Jesús, a la Buena Noticia de Jesús, y aferrarse a las tradiciones, que son tradiciones de muerte.

Por eso el tema, Jesús “lo saca de la ciudad”, y justamente el proceso evangelizador siempre implica una conversión, un cambio. Esto significa renunciar, rechazar, dejar aquello que nos impide ser buenos cristianos y asumir una actitud nueva de seguirlo a Jesús.

La conversión, el cambio de vida, es por eso que lo saca de la ciudad y luego agregará, “no vuelvas a la ciudad”, como diciéndole no vuelvas a las andadas, no sigas haciendo las cosas de antes,… “ve a tu casa”.

¿Cuál es la casa de un discípulo de Jesús?… en el Evangelio de Marcos la casa tiene un contenido muy especial, está hablando del lugar donde está Jesús con sus discípulos, está hablando de la Iglesia.

Después este hombre quiere ver y nosotros sabemos que en el Evangelio Jesús es la Luz, quien camina detrás de Jesús, quien sigue a Jesús, no anda en tinieblas. Y precisamente, el dar la vista a un ciego significa darle la capacidad de ver, la capacidad de ser sensible a la luz, la capacidad de fe, es decir, una fe que va creciendo.

Esto es una realidad en la vida de los hombres. En todo hombre la vida de fe, la vida de creer, de adherir a Jesús, de seguir a Jesús, es algo que va ‘in crescendo', que va aumentando, que va profundizándose.

Ninguno de nosotros tiene la fe necesaria desde el primer momento, sino que va creciendo en comprensión, va creciendo en adhesión a Cristo. De ahí, que Jesús da esta capacidad de ver, pero todavía el ciego no ve claro, ve unas cosas raras, ve árboles como hombres; allí sigue Jesús el proceso hasta que puede ver en plenitud.

Esto nos ilumina, en cierta manera, el camino evangelizador. Este camino es siempre un encuentro con Jesús, es una conversión, es una respuesta de fe y es una fe que tiene que crecer y madurar, para después seguir a Jesús en la comunidad de los discípulos del Señor en la “Casa” .

Yo quisiera que pensemos un poquito en algo que tenemos que tenerlo claro, más aun nosotros los catequistas. Hay una frase de Tertuliano de los comienzos de la historia de la Iglesia que dice: “Cristiano no se nace, se hace” . Ya sabemos nosotros que nacemos a la vida cristiana en el bautismo, pero se está refiriendo a que SER cristiano, hombre de fe, necesita hacerse; el hombre no viene cristiano por generación espontánea.

Hacer crecer y madurar en la fe al hombre de hoy, es algo que durante mucho tiempo en la historia de la Iglesia y en la catequesis se dio por supuesto y que todavía hoy lo estamos dando por supuesto.

Nuestra catequesis en los últimos siglos estuvo respondiendo a un modelo eclesiológico y a un proyecto pastoral, válido y necesario en su momento, pero que hoy ya no está vigente, está desapareciendo. El mundo, la modernidad y la post-modernidad, la globalización… nos ha pasado por arriba.

Estamos ante otra civilización, un cambio epocal decimos nosotros en “Navega Mar Adentro”; un cambio de época, es decir, estamos en una transición muy grande.

Teníamos un Iglesia post-tridentina, una Iglesia que instituyó un estilo eclesial y social de vida, que se conoció con el nombre de la cristiandad .

Es decir, la familia cristiana que educaba en la fe. Una sociedad que respondía a parámetros y pautas cristianas evangélicas. Una Iglesia, en ciertos momentos hasta manejada por el poder político, pensemos en lo que era el derecho del patronato en nuestras tierras.

La catequesis estuvo respondiendo a este estilo eclesial; hoy en día esto ya no se da, la sociedad es pagana. El mundo político ignora y ataca a la Iglesia, los medios de comunicación difunden la cultura no cristiana, hedonista, materialista… están conformando un hombre distinto.

La familia ya no transmite la fe, salvo en algunos lugares, que todavía quedan, gracias a Dios, algunos resabios profundos de fe y, en nuestro país, los hay; ustedes en el NEA tienen lugares así… cuídenlos.

En cualquier lugar del país, es común hoy en día, la queja de los catequistas diciendo que los chicos vienen a catequesis y no saben ni el Padrenuestro… ni hacer la señal de la Cruz… dos o tres apenas y los demás nada… Y uno se pregunta, ¿qué educación en la fe recibieron en sus casas?

La cristiandad cayó, estamos sí llenos de nostalgia, nos gustaba tanto aquello. Claro, en una sociedad así, no había tanta urgencia de evangelizar, ni urgencia de hacer misión. Entonces, ¿qué se necesitaba?, se necesitaba que este chico, este adulto, este joven, que tienen fe y viven la fe, la vivan en los sacramentos, por lo que se insistía en el cumplimiento de los mismos.

Y toda la preparación respondía al acontecimiento de celebrar los sacramentos con una catequesis sacramental, práctica que todavía tenemos.

Yo entro a las parroquias y veo en la cartelera, en la puerta de entrada, todavía los carteles: “El 15 de marzo comienza la catequesis para la Primera Comunión”. Así, la mamá anota a su chiquito, al terminar se lo lleva con el sacramento incluido y, además, se le da un diploma al nene y premio por coherencia a la mamá. Porque eso es lo que le ofrecieron, eso es lo que pidió y eso es lo que le dieron.

Fijémonos, subliminalmente todo lo que estamos diciendo. Además, hay otra cosa mucho más sutil, yo dije 15 de marzo, es decir, una semana después de comenzar el ciclo lectivo en los colegios… ¿Por qué no antes?… ¿Por qué no después de Pentecostés?… ¿Por qué no en tiempo de Adviento?…

La cristiandad nos dejó hasta el calendario escolar en la catequesis y en nuestra pastoral. Y estamos nostalgiosos de aquello, porque todavía hoy nos admiramos de las procesiones de hace 30 años atrás con cuadras de gente y ahora los poquitos que vienen.

Es que la sociedad cambió, es otra cosa, las maneras de expresar la religiosidad van cambiando, y este es un elemento que hay que tenerlo muy presente en el momento de pensar hoy la catequesis.

Hoy, la Iglesia nos está diciendo… ‘renovemos la Iglesia, retornemos a las fuentes, descubramos lo que es la Iglesia y empecemos a vivir como cristianos conscientes y responsables nuestra vocación bautismal en esta Iglesia nueva'. Para esto se requiere un proceso evangelizador, es decir, una catequesis.

Lo que nos identifica a nosotros como cristianos… es nuestra fe cristiana. Recordemos cuando hacemos la celebración del Bautismo, la celebración de la Confirmación, de las promesas bautismales en la Vigilia Pascual. Estamos renunciando al pecado y realizando nuestra profesión de fe y se agrega… ‘Esta es nuestra fe, esta es la fe de la Iglesia, la que nos gloriamos de profesar' .

Somos cristianos católicos porque profesamos la fe de la Iglesia. Esa fe y no otra, es decir, lo que nos define es nuestra profesión de fe; y precisamente todo el proceso catequístico apunta a que el hombre pueda realizar concientemente, responsablemente, esta profesión de fe.

Sabemos que la fe es un don de Dios y que esa fe la da el Señor en el momento del Bautismo, es el Espíritu Santo el que nos da la fe. Es un regalo de Dios, totalmente gratuito, pero es semilla que se siembra en el corazón, tiene que madurar, tiene que crecer, tiene que dar fruto. Puede haber dureza de piedra, puede haber abrojos y espinas, puede haber buen terreno, incluso en el buen terreno puede dar el 30, el 60 o el 100 por ciento.

En los primeros años de la Iglesia el hombre se convertía gracias al primer anuncio evangelizador, a ese kerigma apostólico , ese encuentro personal con Jesucristo; ese hombre que renunciaba a esa vida de pecado que llevaba y decidía adherir a Cristo; esta persona era preparada a través de un camino que le llamaban Catecumenado .

Era preparada para que hiciera su profesión de fe y reciba los Sacramentos de la Iniciación.

Esto es importantísimo tenerlo en cuenta, porque es una de las cosas que nosotros hemos separado en nuestra praxis litúrgica, sacramental y por supuesto catequística: separar la profesión de fe de la celebración del Sacramento.

Claro, nos hemos acostumbrado a los bautismos de niños. El niño no puede hacer una profesión de fe, entonces, asumimos la profesión de fe de los padres y padrinos y la garantía que nos dan ellos, la promesa de educarlos en la fe, por eso los bautizamos.

Si es un adulto, tenemos la obligación de realizar todo el proceso catecumenal para que ese adulto haga su profesión de fe, de lo contrario no le podemos dar el bautismo.

Hoy a nivel de catequesis de niños se plantea este problema, incluso de niños que dicen no creer en Dios, pero reciben igualmente el Sacramento, sé de algunos casos. Hace un tiempo esto no existía o lo dábamos por supuesto o no lo considerábamos. Es un problema grave hoy en día, mucho más en catequesis de adultos, de jóvenes, de adolescentes…

Recuerdo la última visita “ad limina”… los obispos estábamos con Juan Pablo II, y el mensaje que nos dio el Papa en ese momento fue insistir en el tema de la evangelización de la familia , puso mucha fuerza diciéndonos que tengamos en cuenta que la catequesis preparatoria para el Sacramento del Matrimonio es un momento fundamental para la iniciación en la vida de fe . No tanto la preparación al Sacramento, sino a la profesión de fe, que es la finalidad misma de la catequesis. Esto es clave y definitorio.

La cristiandad está desapareciendo… ya desapareció, en muchos lugares no existe más, estamos ante un mundo pagano. El Papa Benedicto XVI tiene muchas reflexiones sobre este problema del paganismo en el mundo contemporáneo, y es por esto, precisamente, que la Iglesia llama a una nueva evangelización.

La nueva evangelización apunta no solamente a aquellos cristianos que desconocen a Cristo, que no han oído hablar de Él, en este caso tendríamos que hablar de una primera evangelización. Pero el Papa se refiere fundamentalmente a esa enorme cantidad de hombres bautizados que han recibido el don de la fe, pero que se han quedado en pañales, es decir, que no viven la fe, que se han alejado de la vida de la Iglesia, a lo sumo han “cumplido”, con los Sacramentos, como si fueran leyes a cumplir. Qué cantidad enorme tenemos nosotros de estos hermanos cristianos sin Iglesia, cristianos que viven una fe difusa: sí creen en Dios, pero no saben si es más importante Jesucristo… o el Gauchito Gil… no saben bien por quién decidirse. Es un tema que hay que estudiarlo mucho, profundamente.

El Papa Benedicto hablando del tema de la religiosidad popular dijo una frase muy fuerte: - “Cuidado, la religiosidad popular se termina y si no evangelizamos terminarán siendo paganos o sincretistas o se nos irán a esos nuevos cultos…”

Abramos los ojos ante esta realidad, sepamos discernir las semillas del Evangelio que hay en esta religiosidad, sepamos valorar las cosas buenas y positivas, y a partir de ahí, realizar un proceso evangelizador como corresponde.

A este hombre hay que evangelizarlo, por eso la nueva evangelización. Dice el Papa Pablo VI: “ No hay evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazareth Hijo de Dios ” (EN. 22; cf. 27).

Evangelizar es anunciar a Jesucristo. Y el lema de este encuentro es “Camino, verdad y vida, con alegría lo anunciamos” , es hermoso anunciar con alegría a Jesús.

Dice Juan Pablo II en Novo Millennio Ineunte (NMI.)… “al hombre contemporáneo no necesita que le hablemos de Jesucristo, sino que lo hagamos encontrar con Él”, y esto es clave en la tarea evangelizadora (cf. NMI. 16).

Nosotros hemos hablado acerca de…, hemos dado muchas clases de teología…, hemos desarrollado muchos temas acerca de Dios, acerca de Jesucristo, acerca del amor de Dios… pero nos hemos olvidado de anunciarlo, de proclamarlo . Y esto se hace con el testimonio de vida y con una Palabra ungida por el Espíritu Santo.

Jesús envió a la Iglesia a evangelizar, y le dijo: “ Yo estoy con ustedes todos los días ”, es decir, que esta tarea evangelizadora de la Iglesia de proclamar la Palabra de Dios es acción ministerial nuestra y es acción de Dios. Es Dios el que hace la tarea y es Dios el que habla, el que proclama, el que anuncia, el que toca el corazón y el que cambia el corazón de los hombres.

Esto es un acto de fe profundísima y tenemos que hacerlo una y otra vez. Somos enviados y Jesucristo está en nosotros, por eso, la evangelización no depende de la cara que pongamos, de la imagen que llevemos, del distintivo que luzcamos, sino que la evangelización depende del tiempo de oración de rodillas que hemos estado haciendo .

Si no hay unción del Espíritu, si no hemos sentido vibrar nuestro corazón, resonar en él la Palabra de Dios en la oración profunda; no nos atrevamos a hablar de evangelización, de misión, de proclamación, de catequesis.

Esto lo han escuchado muchas veces, no es una cosa nueva, pero lo digo con la fuerza y convicción que me da la experiencia.

Cuando somos dóciles al Espíritu Santo y actuamos en nombre del Espíritu y dejamos que sea el Espíritu el que actúe, el Espíritu hace maravillas. No somos nosotros, es la Palabra viva y eficaz del Señor que hoy sigue resonando en el mundo, porque Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre… Ese mismo Jesús que hablaba y dejaba con la boca abierta a la gente… ‘hablaba con una sabiduría distinta a la de los escribas y fariseos', ese Jesús es el que hoy está hablando, y nosotros tenemos que introducirnos en esta corriente del Espíritu que hoy está moviendo y renovando a la Iglesia, que hoy está gritando en la Iglesia .

No podemos ocultar ni tapar al Espíritu Santo. Seamos testigos anunciadores de la Palabra, porque es el Espíritu el que nos lleva. Esto es clave, es precisamente, una de las grandes convicciones que hoy tiene que tener la Iglesia.

Hoy hablamos de la misión, hablamos de la misión permanente, hablamos de la formación del discípulo cristiano, del discípulo misionero; qué bueno es, entonces, que nosotros caigamos en la cuenta de que esto es obra de Dios y que tenemos que ser instrumentos fieles para que todo esto sea posible.

Evangelizar será, en definitiva, transmitir la fe, compartir la fe, para que este hombre del mundo de hoy se encuentre con Jesucristo, un encuentro con Jesucristo vivo, como dice hermosamente el documento Ecclesia in America (EA.)… “para que este hombre convertido, reconciliado, adhiera a Jesucristo y comience un camino”… comience un camino.

No entendamos la vida cristiana como un status, como una instalación, como un peldaño al cual llegué y ahí me quedé. La vida cristiana es un camino, un itinerario en el cual vamos caminando, pueblo peregrino… nosotros somos peregrinos, somos los discípulos de Emaús que estamos caminando con el Señor y arde nuestro corazón cuando nos habla en el camino.

Por lo tanto, evangelizar, suscitar la fe para que el hombre pueda hacer su profesión de fe. El hombre de hoy, el cristiano de hoy, el cristiano del siglo XXI, no puede ser un cristiano, como dicen algunos, sociológico, sino que tiene que ser un cristiano que haya hecho una opción fundamental por Jesucristo, opción libre y responsable .

Rahner decía, “ el cristiano del siglo XXI será un contemplativo o no será ”. Una frase muy dura, pero que si la entendemos en este contexto nos damos cuenta. Hoy en día, en ciertos ambientes, en nuestra República Argentina, definirse como cristiano y el vivir coherentemente como tal, es un acto de héroes. Esto es real, entonces, a este hombre de hoy tenemos que darle los elementos para que pueda hacer esta profesión de fe, para que pueda madurar en la fe, para que sea un cristiano comprometido.

Cuidemos los términos, cuando hablamos de profesión de fe no significa que recitamos la fe (Credo) por costumbre. Si preguntamos a alguna hermana religiosa, cuándo hizo su ‘profesión de fe', significará cuando comenzó a vivir los votos expresados en un momento solemne y con un compromiso de vida, para el cual hubo una preparación de varios años de postulantado, noviciado… hasta llegar a una profesión de fe simple y luego una solemne.

Todo un itinerario para vivir como religiosa, de acuerdo a un carisma, de acuerdo a una espiritualidad… La profesión de fe se profesa, se vive, a esto nos referimos cuando hablamos de profesión de fe, significa ser cristiano no hacer de cristiano .

Para lograr esta profesión de fe se necesita un proceso evangelizador .

Hay muchas actividades y tareas que son evangelizadoras porque son, en cierta manera, un anuncio de Jesucristo. Por ejemplo, una comunidad o una persona que hace obras de caridad, de solidaridad y de promoción social, son tareas de por sí testimoniales, están dando testimonio de fe, por eso son evangelizadoras. Una comunidad que celebra la Eucaristía dominical con alegría, festivamente y con un gran espíritu de amor fraterno, es un testimonio de vida, es un hecho evangelizador. Un locutor que en su programa de radio habla sobre el Evangelio y sobre Jesucristo, es un acontecimiento también evangelizador, porque está proponiendo la fe.

Pero estrictamente hablando, la evangelización implica un proceso. Un proceso que está magistralmente descrito por Pablo VI en la Evangelii Nuntiandi (EN.) entre los números 22 y 24 de esa exhortación apostólica.

Un proceso que empieza con el testimonio de vida y termina cuando el evangelizado es a su vez evangelizador. Es un proceso integral, completo, es importante para un catequista conocer bien este proceso.

Nosotros vamos a utilizar un esquema clásico en la teología pastoral que es el de los tres grandes momentos evangelizadores.

El primer momento , es el momento misionero, el primer anuncio kerigmático.

El segundo momento , es el momento propiamente catequístico, el momento catecumenal, de iniciación cristiana.

Y el tercer momento , que algunos lo llaman momento pastoral, momento comunitario o momento de itinerario permanente, todos coinciden en lo mismo, integrar a la persona en la comunidad para seguir creciendo en la fe y buscando, viviendo un compromiso de fe.

Hablamos de proceso, de pasos que hay que ir dando y que no, necesariamente, van a seguir siempre con prolijidad cronológica, porque el Espíritu hace de las suyas.

Habrá gente que llega antes, gente que llega después, gente que se saltea pasos, pero en general estos momentos tienen que estar presentes, son ineludibles, si queremos verdaderamente un cristiano maduro en su profesión de fe.

El primer momento, el de transmisión de la fe, el momento misionero, tiene que darse en la familia cristiana, es la misión y la tarea de la familia cristiana. Dicho sea de paso, otra laguna enorme en nuestra pastoral, porque le hemos dado la espalda a la familia, la hemos dejado sola y ahora estamos llorando por la crisis de nuestras familias.

Si miramos el documento hermosísimo de Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis (SCa.), sobre el Sacramento de la Eucaristía, al cual los periodistas hicieron trizas porque no lo leyeron, es para nosotros, los catequistas, un ejemplo cabal de lo que es la catequesis mistagógica, una mistagogia de la Eucaristía extraordinaria que nos ha regalado el Papa.

Y en este documento nos hace una referencia explícita a la iniciación cristiana, números 17, 18 y 19, y nos habla de la importancia de la familia en la iniciación cristiana de sus hijos . Es una de las finalidades de la familia.

Tengamos en cuenta también todos los elementos hablados anteriormente de religiosidad popular que están presentes en nuestros pueblos y que son expresiones de fe. A veces desviadas, mezcladas, no una fe pura, pero son elementos válidos que hay que tenerlos en cuenta, para edificar desde allí, anunciando a Jesucristo.

Este momento misionero, así como los otros momentos evangelizadores, no son momentos únicos, para una sola vez en la vida. Todos necesitamos de vez en cuando reiterarlos, como refrescar la memoria o refrescar la experiencia o la vivencia de eso que estamos haciendo, esto nos lo recuerda el Directorio Catequístico General (DCG.) diciéndonos que estas etapas del proceso evangelizador, etapa kerigmática, iniciatoria en la fe, tienen que reiterarse cuantas veces sea necesaria (cf. DCG. 49).

Y nuestra Iglesia nos da un ejemplo claro, año a año nos invita a realizar un proceso de preparación espiritual para renovar nuestros Sacramentos de Iniciación en la Vigilia Pascual.

Esta renovación tiene que hacerse continuamente, el hombre tiene que ser re-iniciado en la vida de fe. El Sacramento incorpora, introduce en el misterio de Cristo, pero la Iniciación es la profesión de fe y esta profesión de fe todos la necesitamos.

Un ejemplo concreto, muy reciente y que a mí me ayudó muchísimo, fue el año pasado. Aquí en la Argentina, el Padre Rainiero Cantalamesa, el predicador del Papa, hizo una serie de retiros y uno de ellos fue para los obispos. En ese retiro el Padre Cantalamesa nos anunció el kerigma, lo elemental de nuestra vida de fe y ¡qué bien nos hizo!, re-encontrarnos con este manantial puro que es el anuncio del kerigma, este proceso de iniciarnos en la fe.

Esta tarea misionera, este momento kerigmático en el proceso evangelizador, es esencial, insustituible, punto de partida, pedestal básico desde el cual partimos y nunca debe ser supuesto.

Muchas veces damos por supuesto un acto de fe y empezamos nuestra catequesis no encontrando respuestas a lo que estamos diciendo, es lógico, porque falta el fundamento que es la fe. Por eso, es esencial que en nuestra metodología catequística asumamos esto de los procesos evangelizadores y nos demos cuenta que es necesario la renovación profunda de la vida de fe en este momento kerigmático.

Y me refiero a algunos hechos que hoy en día nos llaman la atención. Ustedes saben lo difícil que se nos hace en la pastoral ordinaria todo este proceso evangelizador y nos asombra la maravilla que hacen los movimientos… Movimiento de Cursillos, movimiento de Renovación Carismática, Movimiento de Jornadas, o Camino, o Eslabón o Puente… Ellos, con metodologías más o menos parecidas, que se llaman normalmente metodología de impacto: hacen un anuncio kerigmático. No es otra cosa, lo sé porque he sido asesor de Cursillos, he hecho los seminarios de vida con la Renovación Carismática, he hecho Jornadas… y nos asombramos de los efectos, pero, en definitiva es el impacto evangelizador.

Cuando Juan Pablo II nos habla de una nueva evangelización, ‘nueva en su ardor, en sus expresiones y en sus método', significa que en nuestra pastoral ordinaria tenemos que aprender a utilizar elementos de metodología que faciliten en anuncio del kerigma, del primer anuncio de Jesucristo.

Este momento kerigmático no podemos negarlo, no podemos suponerlo . Siempre antes de hacer catequesis, preguntémonos: ¿este hombre tiene fe?, ¿se ha encontrado con Jesucristo?…

Ante este planteo se ha hablado y se sigue hablando de una catequesis kerigmática, y es cierto, la catequesis tiene que ser siempre kerigmática, pero la catequesis nunca va a suplir lo que es el momento misionero, porque no es lo específico de la catequesis.

La catequesis es catequesis, la misión es misión, tienen que trabajar en comunión, relacionados. Desgraciadamente, cuánto esfuerzo misionero desperdiciado que hay en nuestro país por no respetar el proceso evangelizador. Vamos, llevamos el primer anuncio, hacemos un trabajo extraordinario, una renovación linda en la fe… y después los dejamos… los dejamos solos.

Es curioso esto, la Iglesia es Madre y la Iglesia transmitiendo la vida, la fe, engendra vida, y una vez que da a luz esa vida, la deja a la intemperie. Y así crece, cristiano débil, desnutrido…

Por eso, este primer anuncio es necesario, pero también es necesario después lo otro. La Iglesia Madre, a este hombre que engendra a la vida de fe, tiene que ayudarlo a crecer en esa fe, alimentar esa fe, madurar esa fe; y eso es propiamente el momento catequístico.

De ahí que la catequesis nunca pueda considerarse únicamente catequesis para los niños de primera comunión, sino que catequesis es para todos los cristianos. Todo cristiano necesita siempre ese proceso de crecimiento y de maduración en la fe.

El documento Juntos para la Evangelización Permanente (JEP.) insiste mucho en el itinerario catequístico permanente, tema en el que no hemos encontrado todavía los cauces y los caminos.

Ahí viene precisamente el momento de la catequesis. En la Tradición de la Iglesia es el momento del Catecumenado . El catecumenado es un proceso catequístico integral, gradual, por etapas, donde se va iniciando al que ha adherido a Jesucristo, en el misterio de Cristo y de la Iglesia.

Siempre que hablamos de catequesis de Iniciación, de Catecumenado… estamos hablando de un proceso gradual, es decir, algo que va paso a paso creciendo, haciendo madurar la fe.

Y acá tengo la tentación de hacer una pregunta, ¿quién me garantiza que en un grupo de catequizandos todos maduran, igualmente, de tal manera que un día tal, todos están maduros para tomar su primera comunión? … dejo la pregunta a ustedes.

Si hay algo que tiene que personalizarse precisamente es el proceso de crecimiento en la fe. Todo lo que se habla en pedagogía de la enseñanza personalizada, cuanto más importante es en este proceso de crecimiento en la fe netamente personal.

Todo este proceso catequístico tiene que llevarnos a conocer la fe, fundamentándola desde la centralidad de Jesucristo, descubriendo la fe en la Palabra, todo el proceso de la Revelación… Dios habla hoy.

La Revelación no es un museo de cosas reveladas, sino que es una Revelación ‘in acto', dinámica, que se está dando hoy. No cosas nuevas, porque ya se cerró la Revelación cuando desapareció el último de los apóstoles, pero si Jesús nos dice, “Yo les he dado a conocer Tu nombre y se lo seguiré dando a conocer… (Jn. 17, 26), significa que tenemos que rezar: ‘Señor, danos a conocer el Nombre de mi Padre, muéstrame el rostro de Dios'. Y tenemos que ir descubriendo constantemente el rostro de Dios que está en su Palabra y en la vida de la Iglesia.

No es una cosa nueva, pero sí, nos la tiene que revelar el Señor, es acción del Espíritu en nuestro corazón. Y esa Revelación se da en la catequesis.

Este tema del conocimiento de la fe está un poco devaluado en nuestra catequesis actual. Nos dejamos llevar por los movimientos pendulares; y de una catequesis de nociones, de preguntas y respuestas, se pasó a una catequesis vivencial, haciendo dinámicas grupales estupendas y nos olvidamos del conocimiento de la fe.

La catequesis es didascalia, enseñanza de…, hay que enseñar la fe, enseñar los contenidos de la fe. Una de las quejas que más frecuentemente nos hacemos hoy en día sobre los textos de catequesis, es precisamente una catequesis falta de contenidos.

Comparando la profundidad de densidad y contenidos que aprende un chico en la escuela, ya sea Geografía o Historia, y las hilachas de vida de fe que le enseñamos en catequesis, es un abismo entre una cosa y otra.

Es un tema para otro momento, pero sí saberlo y tenerlo en cuenta. Chicos a punto de confirmarse no tienen la mínima idea sobre la Trinidad… ¿hasta que punto le enseñamos la fe?

Conocer la fe , pero también celebrar la fe. Esto es clave. Nosotros no conocemos la fe para ser enciclopedias, para saber todo acerca de… sino para celebrar esa fe. Somos salvados por la fe, por lo tanto, tenemos que celebrar este acontecimiento y celebrarlo con nuestros hermanos en comunidad.

Muchas veces me preguntan, ¿cuándo tienen que comenzar a ir a Misa los chicos de catequesis?, y para esto yo siempre digo… ¿es que alguna vez tenían que dejar de ir?

Si desde el primer encuentro de catequesis comienzan a vivir contenidos de fe, ya los tienen que estar celebrando en la Eucaristía dominical, que es la primera y gran catequesis. Allí se está celebrando un Misterio, un Misterio eficaz, que el chico lo celebra con la alegría de la comunidad, de los cantos, de la catequista que lo acompaña, del papá y la mamá que vienen, está celebrando una fiesta.

La celebración de la fe es iniciación a conocer la fe y a celebrarla. A esta fe hay que vivirla, precisamente la significación de la Eucaristía adquiere consistencia, fuerza, cuando hay una comunidad que vive lo que se está celebrando; esta fe tiene que ir encarnándose, haciéndose vida en todos los catequizandos.

La catequesis busca el cambio, la conversión, la transformación de esa vida. La tarea del catequista es de acompañante en el proceso de fe de sus catequizandos. En el Directorio Catequístico General (DCG.), está el tema del acompañamiento en la fe, es una de las tareas del catequista, quizás una de las más olvidadas por los catequistas.

Además, esta fe tiene que alimentar nuestra vida espiritual, tiene que transformarse en oración. La oración es vital para que esa fe vaya creciendo, fortaleciéndose, viviéndose.

Por eso esta fe hay que compartirla, el que vive la fe tiene que compartirla, el que vive la fe tiene que ser un misionero. El lema de Aparecida decía: “Para que en Cristo todos seamos discípulos y misioneros”. Ahora, suprimieron el ‘y', que seamos discípulos misioneros , por que no se pueden separar, el que es discípulo en serio, es misionero. El que participa de la Eucaristía, es misionero.

Estamos acostumbrados a hacer compartimientos estancos en nuestra vida cristiana. Esta fe hay que vivirla en comunidad, por eso, la tercera etapa de este proceso es la comunidad.

Comunidades vivas, comunidades en las cuales se pueda compartir la fe, en las cuales se pueda crecer en la fe. No Iglesia de masas sociedad anónima, sino Iglesia donde nos sintamos hermanos y sintamos que somos queridos, conocidos por nuestro nombre, que el día del cumpleaños todos se acuerden, esos detalles que hacen a una comunidad cristiana.

Dice Juan Pablo II en Catechesi Tradendae (CT.) N° 24, que toda la catequesis corre peligro de volverse estéril si el que ha sido catequizado no es introducido en una comunidad donde pueda compartir con sus hermanos la experiencia vivida.

Cuantas veces escuchamos decir que los chicos que han recibido su Primera Comunión, su Confirmación, no aparecen más…entonces, ¿hemos respetado el proceso?, ¿que hemos hecho durante todo ese tiempo de catequesis si no es iniciar en la vida de comunidad?

Esto nos lleva a plantear lo otro que les decía al comienzo de la charla: la catequesis responde a un proyecto pastoral. Esto desborda la posibilidad de la misma catequesis, porque ya es un problema de tipo pastoral, ¿cómo organizar nuestras comunidades para que los que han sido catequizados en todo este proceso puedan integrarse en la comunidad y seguir creciendo en la fe en un itinerario permanente? Es un problema pastoral y un problema que no lo tenemos todavía del todo resuelto.

Hay algunas experiencias que se están haciendo, muy válidas, las experiencias de pequeñas comunidades o comunidades eclesiales de base, pero todavía están en pañales, y todavía tenemos resistencias a este nuevo modo de ser Iglesia.

Por eso, evangelizar. Hoy la Iglesia Argentina nos pide que evangelicemos. Navega Mar Adentro (NMA.) nos pone, precisamente, en camino de la nueva evangelización.

Y si pensamos en evangelización, pensemos automáticamente en el proceso. Sin negar y sin dejar de hacer todas aquellas otras cosas que de por sí son evangelizadoras. Si en la puerta de la Iglesia ponemos una imagen con una frase evangélica, es un mensaje evangelizador; son como ‘flechazos' que el Espíritu Santo va dejando en el corazón de cada uno. El solo hecho de tener una Iglesia con las puertas abiertas, con un ambiente de música suave, es una invitación a acercarse, a tener un momento de oración, a encontrarnos con el Señor: eso es evangelizador.

Esto no lo podemos perder. Los signos religiosos con que llenamos nuestras calles, nuestras casas… No descuidar estos elementos, pero recordar que, como lo dice el Papa Pablo VI, ‘no hay evangelización verdadera , mientras no se anuncie a Jesucristo'”.

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2da. Parte:

La temática siguiente es sobre la Iniciación Cristiana .

Quiero empezar con dos textos de la Palabra de Dios que me parecen muy ilustrativos e iluminadores para todo esto que vamos a decir.

Proclamación: Jn. 1, 35-42.

Esta definición, este decirle a un hombre que pasa, ‘es el Cordero de Dios', está hablando de toda una Tradición del Antiguo Testamento que se concentra en este hombre, el esperado de Israel. Por eso, estos discípulos empiezan a seguir a Jesús. Jesús les pregunta… ¿Qué quieren?,

¿Dónde vives?, preguntan ellos… y se quedan con Él todo el día.

Esta experiencia de Jesús, este ver dónde vive, este descubrir a Jesús… Y, dice el Evangelio, era alrededor de las cuatro de la tarde. Justo la hora de la reunión de catequesis en las parroquias… ¡qué notable!, por lo general suele ser a esta hora.

Y ellos tienen la experiencia viva de Jesucristo, están en la casa de Jesús, conviven con Él, estuvieron con Él todo el día.

¿Qué pasa luego?… con entusiasmo salen a anunciarlo. “Con alegría lo anunciamos” dice nuestro lema.

Y al primero que encuentra Andrés es a su propio hermano, a Pedro… ¡Hemos encontrado al Mesías!

Hay otro texto que se refiere específicamente a la actividad catequística:

Proclamación: Hch. 19, 1-10.

La tarea evangelizadora y catequística de Pablo. Uno lee, después, la carta, por ejemplo, de Pablo a los cristianos de Efeso y se queda admirado… ¡Qué comunidad, qué fuerza, qué vida en esas comunidades fundadas por Pablo! Y, ¿cómo hizo Pablo?... anunció a Jesucristo , bautizó, infundió el Espíritu con imposición de manos, catequizó durante dos años todos los días.

¡Y qué catequista! Nada menos que San Pablo.

La sorpresa, la admiración, el fuego con que este hombre hablaba de Jesús… y así surge una comunidad cristiana de profunda convicción de fe.

Por eso, si estamos hablando de todo el proceso evangelizador y de todo el proceso de Iniciación Cristiana, evidentemente, no estamos descubriendo la pólvora.

Ya en el Nuevo Testamento tenemos ejemplos de ésto y en la historia de la Iglesia tenemos acumulada mucha experiencia de cómo se inicia al hombre en la vida de la fe cristiana.

Y de esto es, precisamente, lo que estamos queriendo conversar: el tema de la Iniciación Cristiana.

Cuando hablamos de iniciación estamos hablando de un término muy específico. Es el proceso a través del cual una persona es introducida en un grupo humano, en una asociación, en una religión, en un ambiente determinado y, por lo tanto, necesita recibir una serie de enseñanzas, una serie de ritos, de costumbres del lugar adonde va, que lo llevan a cambiar de vida, asumir otras costumbres, otras maneras de ser, de expresarse, porque fue introducido en un ambiente nuevo, distinto.

Esto es común en la sociedad. En todos los aspectos, siempre hay algo de iniciación.

Supónganse que van a una ciudad y no conocen a nadie. Poco a poco se van haciendo de amigos, estos amigos los van introduciendo en la sociedad, en los ambientes de ese lugar. Ustedes van aprendiendo modalidades, maneras de ser que son propias de esa cultura.

Y cuando hablamos de Iniciación Cristiana nos estamos refiriendo a un proceso semejante. Semejante, no igual, porque nosotros nos introducimos en una vida nueva, en un misterio divino. Estamos introduciéndonos en el misterio de Cristo, y esto implica un cambio, una conversión, un aprendizaje a vivir una realidad nueva y distinta: esta es una acción de Dios y una tarea de la Iglesia… pero a vivirla en nuestra cultura.

Somos introducidos, iniciados a la vida de fe, pero acá en la Argentina y, concretamente, ustedes acá en el NEA. Es decir, hay características, hay maneras de expresarse que son propias de la localidad, del lugar donde viven.

Por ejemplo, acá se saluda con un beso en cada cachete y nosotros no estamos acostumbrados a eso, son modalidades, características del lugar.

La Iniciación Cristiana significa, entonces, la inserción o incorporación del candidato al misterio de Cristo muerto y resucitado, y en la comunidad de la Iglesia, Sacramento de salvación, por medio de la fe y de los Sacramentos de Iniciación.

Es decir, ingresa a la Iglesia, es incorporado a la Iglesia aquel que tiene fe. La profesión de fe es lo que lo identifica y el participar y vivir los Sacramentos de la Iniciación Cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.

Estos Sacramentos realizan eficazmente aquello que significan, que simbolizan por sí mismos. El nacimiento a la vida nueva, la unción por el Espíritu y la comunión con Cristo.

De esta manera, la persona que es iniciada, al haber pasado por estos Sacramentos, está profundamente transformada e introducida en una nueva condición de vida, es decir, este hombre ha muerto, ha renunciado al pecado y comienza una nueva existencia hasta su plena realización como cristiano, empieza un camino.

Recuerdan en los Hechos de los Apóstoles, cuando a Pablo en la sinagoga había gente que se le oponía, él dice ‘denigraban el camino del Señor' . Así llamaban a los cristianos, ‘el camino' . La importancia de recuperar esto, el ser cristiano es ser un caminante, un peregrino.

Esta inserción, esta transformación radical del hombre se lleva a cabo en el interior de la comunidad cristiana, de la comunidad eclesial.

Como los discípulos que se quedaron con Jesús todo el día, fíjense, la convivencia, el compartir, el estar en comunión en una familia cristiana, en una comunidad cristiana.

Esta respuesta de fe del candidato, que es este ingresar y este ‘acomodarse' a esta nueva realidad de vida, implica un proceso gradual o un itinerario catequístico, que va ayudando a madurar en la fe, es decir, ir creciendo poco a poco, y sabemos que el ser humano crece y nunca es igual .

Hay etapas en la vida, niñez, adolescencia, adultez… y así son las etapas de la vida del cristiano, pero estas etapas de maduración de la vida de fe, no coinciden con las etapas de maduración en la vida humana.

Muchas veces confundimos las cosas, esto está expresamente aclarado en el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC.). Se habla, por ejemplo, del Sacramento de la Confirmación como Sacramento de la madurez cristiana, pero no necesariamente es coincidente con la madurez humana, son cosas distintas, pero es un tema que hablaremos en otro momento.

Este itinerario gradual, este proceso que va ayudando a la maduración de la fe, se hace a través de dos elementos claves que responden a la pedagogía de Dios. Esto es la Palabra de Dios, viva y eficaz, y el Sacramento que hace que esa Palabra resulte un acontecimiento, un hecho.

Dios se revela a través de hechos, de acontecimientos, de signos, y a través de la Palabra.

Hechos y Palabras, Palabra y Sacramento . Una de las dimensiones de la catequesis que tenemos que recuperar fuertemente: la unidad que tiene que haber entre catequesis y liturgia.

Acá estamos hablando de una profesión de fe, de una catequesis, de un Bautismo, en una profunda y mutua integración.

Nunca separemos estas cosas . Hay un texto del Papa Benedicto cuando era Cardenal Ratzinger, que habla precisamente de esa unión indisoluble que hay entre la profesión de fe y el Bautismo-Sacramento, es decir, una cosa pide a la otra y no se pueden separar nunca. La profesión de fe apunta al Sacramento y el Sacramento requiere la profesión de fe.

El Directorio Catequístico General (DCG.) dice que la catequesis es elemento fundamental de la Iniciación Cristiana y estrechamente vinculado a los Sacramentos. Pero, cuando citamos este texto del DCG., hay que aclarar que no se está refiriendo a que el objetivo de la catequesis es preparar para el Sacramento, sino que el objetivo de la catequesis es formar un cristiano maduro en su fe a través de la Palabra y el Sacramento.

Así, muchas veces nos encerramos en una mera catequesis sacramental y nos olvidamos que el Sacramento es medio y parte de la Iniciación Cristiana.

Este proceso de Iniciación es, fundamentalmente, obra del amor de Dios, es la iniciativa de Dios, es Dios que quiso revelarse a sí mismo y salir al encuentro del hombre.

Dei Verbum (DV.) N° 2, nos dice todo el sentido que tiene la Revelación, de un Dios que habla, un Dios que sale como amigo al encuentro de los hombres. Dios hace la obra, nosotros somos mediadores, por eso esta obra del amor de Dios, se hace por la mediación de la Iglesia.

La Iglesia, mediante la Iniciación Cristiana, manifiesta su identidad de madre, engendra al hombre, lo incorpora a Cristo, lo incorpora al Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

Por eso decimos que la Iniciación Cristiana, a la vez que engendra al cristiano, edifica a la Iglesia.

Este don que Dios realiza, este don de amor que realiza a través de la Iglesia, requiere la decisión libre del hombre. Siempre el Evangelio es una oferta, una propuesta, nunca una imposición.

El hombre dentro de la comunidad cristiana ha de recorrer un camino de entrega incondicional a Dios, un camino de conversión, un camino de liberación del pecado, un camino de crecimiento en la fe.

Este proceso requiere, evidentemente, una gran dinámica de vinculación entre todo lo que es la acción de la gracia de Dios y la respuesta personal y libre del hombre.

Aquí, es donde se juega toda la eficacia de nuestra catequesis, donde nosotros tenemos que saber animar, ayudar, acompañar en este proceso.

Esta Iniciación Cristiana es expresión y cumplimiento de la Alianza de Dios con el hombre, Dios se acerca al hombre, Dios le ofrece al hombre entrar en comunión con Él, y el hombre, a su vez, con su respuesta libre, acepta el don de Dios y se entrega confiadamente, es decir, vive el misterio de la Alianza.

El elemento clave que no puede faltar nunca en un proceso evangelizador, kerigmático, iniciatorio en la vida de fe, es el misterio Pascual de Cristo . Ese es el gran acontecimiento, es el centro de nuestra vida cristiana. El anuncio de Jesucristo muerto y resucitado, con todas las consecuencias que esto tiene .

El otro elemento fundamental es la Iglesia como comunidad de salvación , es decir, el vivir este misterio de la Iglesia, este misterio de comunión, este misterio de alianza. Tenemos que superar esa mentalidad de cristianos individualistas, de religión cosa propia, privada, íntima. El cristiano es el que vive en comunión con Dios y con los hijos de Dios que son nuestros hermanos.

Otro elemento importante dentro del proceso de Iniciación Cristiana, es la unidad indisoluble entre los tres Sacramentos de Iniciación . Este es un problema que tenemos en la catequesis, precisamente por haber hecho una catequesis sacramentalista, de introducción a un Sacramento, luego a otro y nada más, así fuimos separando y no entendemos que esta vida nueva implica los tres sacramentos, que no pueden faltar nunca y que todo se consuma en la Eucaristía, que es fuente y cumbre, centro de la vida cristiana . Somos engendrados a la vida para participar en el misterio de la Pascua, somos transformados, hechos hombres nuevos por el don del Espíritu para poder configurarnos plenamente con Cristo en su misterio Pascual, que celebramos y se realiza como acontecimiento para nosotros en la Eucaristía. Esto no lo podemos separar nunca.

Lógicamente, el anuncio evangélico catequístico tiene que estar centrado en Jesucristo y en el misterio del mensaje de salvación., no hay verdadera evangelización si no se anuncia a Jesucristo.

Otro elemento clave de la Iniciación Cristiana, es la fe , la fe como don de Dios y como respuesta libre del hombre, la fe como adhesión personal a esa intervención salvadora de Dios en Cristo por el Espíritu, es decir, recurrir el acto de fe. Esto es algo que, a veces, en la catequesis no terminamos de completar, es decir, suponemos la fe, suponemos la profesión de fe.

El tema de la profesión de fe tenemos que rescatarlo, yo me he llevado sorpresas hermosas en el proceso catecumenal que estamos realizando en Morón, animando a los catequizandos a realizar su propia profesión de fe… ¡qué testimonios de vida!

Esta profesión de fe, esta fe inicial, tiene que madurar, tiene que ir llevando a un progresivo cambio de mentalidad, de estilo de vida en la comunidad eclesial. Todo el proceso de conversión y de conversión permanente, hay que crecer en la fe. Día a día el Señor nos va revelando, nos va mostrando nuevos caminos y nos va exigiendo nuevos compromisos, de lo contrario somos agua estancada. Seamos cristianos vivos que caminamos con entusiasmo, con alegría .

La Iniciación Cristiana es un itinerario de conversión y de crecimiento en la fe . Mediante este itinerario catequístico que precede, acompaña, o sigue a la celebración de los Sacramentos, el catequizando alcanza el conocimiento del Misterio de la Salvación, afianza su compromiso personal de respuesta a Dios. El cambio progresivo de mentalidad y de costumbres, la conversión, fundamentalmente su fe avanza en el aprendizaje de la vida cristiana, acompañada por la comunidad cristiana.

Este es el proceso. Significa que si hablamos de un itinerario de fe, estamos hablando de un itinerario de ejercicio en la vida cristiana, porque la fe no es un libro en el cual se expresan los contenidos de fe, la fe no es una fórmula que recitamos los domingos cuando rezamos el credo.

La fe es una vida. Itinerario de fe es el ejercicio de la vida cristiana, de la vida de fe, por eso el camino catequístico es un ejercicio gradual y completo de vida cristiana, es poner en práctica esto.

Vivir la fe significa creerla, practicarla, compartirla .

Por eso, este itinerario gradual implica anuncio, el anuncio del Dios Vivo, la llamada a una conversión. La escucha de la Palabra, - esto es algo que no siempre lo enseñamos, ‘escuchar la Palabra'-. La profundización orgánica de esa Palabra. La introducción y la experiencia de la liturgia y de la oración de la Iglesia. La conversión y el cambio radical de vida. El desarrollo de los compromisos propios de esa conversión y de todo lo que es el seguimiento de Jesucristo. El aprendizaje progresivo de la vida en Cristo bajo la guía de la comunidad eclesial.

Son las tareas de la catequesis. Enseñar a este hombre a abrirse a esta realidad de un Dios que habla, de un Dios que llama a seguirlo con todas las consecuencias que eso tiene .

Y esto es un itinerario que se hace en comunidad, pero que es personal de cada uno. Cada uno distinto, pero todos respondiendo a ese Dios que llama, abiertos a la escucha de la Palabra. Cuando se proclama la Palabra de Dios, por mediación de la Iglesia, el Espíritu Santo está haciendo que esa Palabra, viva y eficaz, resuene en el corazón de cada uno. La catequesis nunca debe dejar de proclamar la Palabra, porque es un acontecimiento, es una acción del Espíritu.

Cuando en nuestra liturgia leemos la Palabra y terminamos diciendo ‘Palabra de Dios', ‘Palabra del Señor', todos responden: ‘Gloria a ti, Señor Jesús'; es porque ese ‘ti' significa que Jesús está acá presente y nos está hablando. Es importante aprender a proclamar y aprender a escuchar la Palabra. Ser discípulos, tener oído y lengua de discípulos , nos dice Isaías.

Juan Pablo II dice en Catechesi Tradendae (CT.) N° 22, que la auténtica catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la revelación que Dios mismo ha hecho al hombre. Revelación conservada en la memoria profunda de la Iglesia y en las Sagradas Escrituras, comunicada constantemente mediante una ‘traditio' viva y activa de generación en generación.

Cuando hablamos de las fuentes de la catequesis, decimos ‘la Tradición', y muchas veces nos quedamos en la arqueología, lo que la Tradición nos ha dado como la antigüedad de la Iglesia.

La traditio, viene del latín tradere, que significa, lo que entregamos, lo que una generación le transmite a otra. Es la fe viva de la Iglesia .

Algunas cosas están escritas, como dice el Evangelio de Juan, pero muchas de ellas están contenidas en la Tradición viva de la Iglesia. Es nuestra fe.

La fe se va transmitiendo de generación en generación, de los padres a los hijos, de una comunidad a otra. Transmitimos, entregamos nuestro tesoro, que está en vasos de barro.

Este itinerario es un camino a recorrer en diversas etapas, un camino gradual, de progresión, que va tratando de construir una personalidad cristiana.

Nosotros tenemos un modelo, un paradigma de este proceso gradual, que es el Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos (RICA.). Este documento es el gran ignorado, por lo general, en nuestra pastoral litúrgica y catequística. Si bien contiene una cantidad de cosas difíciles de comprender, ahora están editando bastante bibliografía explicándolo como para poder acceder de una forma más fácil.

Precatecumenado

Este itinerario consta de etapas, la primera de todas se llama el Precatecumenado , es el momento en el cual tiene lugar la primera evangelización, el anuncio del kerigma. Lo que busca este momento es la conversión y una fe inicial, una adhesión a Jesucristo. Es la etapa misionera y conviene hacerla en un ámbito comunitario.

Este anuncio es esencial, indispensable en todo lo que es el proceso de evangelización, en todo lo que es catequesis de iniciación. Es la base, el fundamento, no puede faltar nunca. Incluso, depende de este momento todo lo que vendrá después en la Iniciación Cristiana .

Es notable ver la experiencia de gente veterana en cuestiones de Iglesia, catequistas de hace años, gente que ya ha hecho todo un seminario de catequesis, encontrarse con este anuncio de Jesucristo, hecho en forma testimonial, comunitaria, celebrando la fe, renovándola, viviéndola. Es como nacer de nuevo.

Una de nuestras grandes lagunas en nuestra pastoral y, por supuesto en nuestra catequesis, es ignorar, saltear este proceso kerigmático que es fundamental.

Muchos catequistas, por no tener esta experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que es la clave de este momento kerigmático, viven una vida fría, mediocre, tibia, la fe se convierte en una especie de ideología, de conjunto de doctrinas, de cosas que hay que cumplir. No es esa vida fuerte de alguien que se ha encontrado con un Cristo que le cambió la vida.

Catecumenado

Luego de este Precatecumenado o momento kerigmático, continúa el Catecumenado propiamente dicho, es decir, a estas personas que ya están en actitud de fe, se las admite al Catecumenado.

Este siguiente momento es un proceso de catequesis integral que va desarrollando, en el entorno de la Historia de la Salvación, los acontecimientos fundamentales de la fe cristiana.

El programa, por llamarlo de alguna manera, es el Credo, la profesión de fe, el símbolo de la fe, y apunta a que el catecúmeno o catequizando realice su profesión de fe, ya que este Catecumenado culminará en la celebración de la Pascua, en la renovación de los Sacramentos de Iniciación.

Es un desarrollo catequístico de los contenidos de la fe, se realiza la entrega de la Palabra de Dios, y se van haciendo momentos de discernimiento, de acompañamiento para que la persona vaya viviendo este proceso de conversión.

Antes de la Pascua, en el tiempo de Cuaresma, se realiza el tiempo de purificación, de Iluminación. Como vemos, no se puede separar el Catecumenado del año litúrgico.

En este tiempo de Cuaresma, el ciclo A es el ciclo propiamente catecumenal. Aquí se hace una preparación más intensa a la vivencia de los Sacramentos de Iniciación y en este tiempo tiene lugar la entrega del Símbolo, la entrega del Padrenuestro, la oración del Señor. Es el momento en que se hacen los escrutinios… una evaluación, es decir, discernir el grado de respuesta de esta persona, la disponibilidad para la celebración del Misterio Pascual del Señor en la Vigilia.

Este tiempo de Iluminación culmina justamente en la Vigilia Pascual. Decir ‘culmina', significa que llega a la cumbre, no que termina.

Catequesis mistagógica

Después de esto sigue el momento de la Mistagogia , la catequesis que va a profundizar en la experiencia del acontecimiento vivido en la celebración litúrgica.

La catequesis es esencialmente mistagógica, tenemos que descubrir la riqueza y la fuerza que tiene la catequesis mistagógica. Y no es una catequesis preparatoria al Sacramento, sino al revés, se realiza después de, es decir, es el profundizar todo eso que se ha celebrado, para vivirlo intensamente.

Un ejemplo claro de mistagogia sobre la Eucaristía lo tenemos en la exhortación apostólica Sacramentum Caritatis (SCa.) de Benedicto XVI, cómo se celebra la Eucaristía y las consecuencias que tiene para nuestra vida.

El catequista, en su manera de ser catequista, tiene que ser un mistagogo, un descubridor del misterio de Dios en la vida de los hombres: qué consecuencias tiene para nuestra vida lo que celebramos, profundizar el Misterio para no quedarnos en la superficie, para crecer y hacer crecer en la fe.

Esta opción pastoral por la Iniciación Cristiana supone una profunda renovación y revitalización interna de la propia Iglesia. Significa dar primacía a la acción misionera evangelizadora, atender de modo prioritario a la transmisión y maduración de la fe, a la identidad maternal y comunitaria de la Iglesia. La necesidad de comunidades vivas, fraternas, la necesidad de unir catequesis y liturgia, como dos realidades inseparables.

Hoy el Documento de Aparecida (DA.) nos habla de primacía de la acción misionera, la urgencia de la misión, discípulo misionero, la misión permanente que tenemos que instalar en nuestra Iglesia, en nuestras comunidades.

La nueva evangelización

El segundo aspecto, es restaurar la personalidad cristiana a través de la nueva evangelización, es decir, de esta evangelización que hacemos al cristiano alejado de la Iglesia, el cristiano que no vive su fe, que no profesa su fe. Tenemos que recomponer, reconformar a estos hermanos desde sus cimientos, toda su estructura de vida de fe, tenemos como que rehacerlo.

Si una comunidad se decide a realizar un proceso de Iniciación Cristiana, significará renovación de personas y de estructuras. Ya el documento Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización (LPNE.) del Episcopado Argentino, nos dice que la nueva evangelización requiere una modificación y conversión profunda en nuestras comunidades parroquiales, una modificación operativa, una nueva manera de actuar de las parroquias y comunidades (cf. N° 43 - 44).

Lógicamente que la atención prioritaria de la Iglesia es la transmisión de la fe, anunciar a Jesucristo y que esa fe vaya madurando y creciendo. ¿Qué importará más, que esta persona venga todos los domingos a Misa o que vaya haciendo un proceso de crecimiento en la fe?; ¿qué importará más, que esta catequista cumpla y no falte a los encuentros y reuniones o que vaya creciendo en la fe?; ¿qué este grupo de Cáritas atienda y reparta muchas bolsas de comida o que el grupo crezca en la fe y sepa transmitirla a los hermanos que vienen a pedir? Cuando se ponen los acentos en una cosa u otra, hay modificaciones en la actividad pastoral.

Esto implica una Iglesia comunidad viva que engendra, anima, sostiene, alienta, hace crecer en la fe, que viva la fe.

Otra consecuencia, la unidad entre la catequesis y la liturgia de Iniciación Cristiana , es necesario redescubrirlo y vivirlo.

Cuando evangelizamos enseguida notamos las consecuencias. A corto plazo se empieza a ver que la comunidad se renueva, la Iglesia se transforma más acogedora, empieza a surgir la preocupación para ser realmente comunidad cristiana, una Iglesia que de repente descubre la urgencia de la actividad misionera, que las familias que han recibido el anuncio comiencen a participar activamente en la comunidad cristiana.

Por ejemplo, cuántas veces nuestras comunidades se ven renovadas gracias a la Catequesis Familiar y comienzan a participar con todos sus hijos en la Misa . La riqueza que nos ha traído la Catequesis Familiar en nuestro país es impresionante, hay que recuperar con fuerza esta gran iniciativa pastoral, hay que seguir excavando allí, ya que es una de las grandes respuestas catequísticas, pero hay que hacerla bien. Lógicamente que esto es poner los acentos en la catequesis de adultos, como forma principal de la catequesis, lo que requiere también, replantear nuestros seminarios de catequesis .

El catequista va a dar, va a hacer catequesis de acuerdo a lo que sabe, a la experiencia que adquirió. Y, precisamente, en nuestro país la gran deformadora de la catequesis es la experiencia mal adquirida, ya que en casi todas las parroquias sólo hay un mínimo de personas que han pasado por un seminario o algún curso.

Otro problema en la catequesis es su escolarización y nos olvidamos que la catequesis tiene una metodología propia, que si bien recibe subsidiariamente elementos de las ciencias auxiliares, es una cosa muy especial, no es una escuela.

Tampoco el seminario de catequesis debe ser una academia de estudios, ni una minifacultad de teología. La catequesis y específicamente el catequista, tienen una peculiaridad, algo que lo especifica y lo hace distinto.

Por eso, es que planteamos un seminario catequístico en estilo Catecumenal en la Diócesis de Morón.

Es un ambiente donde se realiza una experiencia comunitaria de formación, de iniciación en la vida de fe, una casa y escuela de comunión, donde el principio pedagógico que rige es precisamente la espiritualidad de comunión, como dice NMI N° 43.

Si queremos un catequista de Iniciación verdaderamente renovada es imperioso comenzar a formar los nuevos agentes catequísticos en una nueva mentalidad, una nueva manera de sentir y de hacer catequesis.

No hay proyecto pastoral si no tenemos los agentes pastorales preparados, capacitados y adecuados.

Si el catecumenado es el paradigma de la catequesis de Iniciación (DCG.), forzosamente la experiencia formativa debe asumir las pautas propias del Catecumenado, porque es necesario que el catequista tenga una experiencia catecumenal de Iniciación Cristiana, ya que es un hombre de fe que transmite una experiencia de vida, es un testigo. “ Lo que hemos tocado con nuestras manos, lo que hemos visto con nuestros ojos acerca de la Palabra de Vida, eso es lo que les anunciamos, para que vivan en comunión con nosotros ”, comienza la Primera Carta de San Juan.

Precatecumenado, Catecumenado, momento pastoral, no son etapas cerradas, se reiteran siempre que sea necesario (cf. DCG. 49). El catequista debe vivir el encuentro con Jesucristo, íntimo, personal, en una experiencia comunitaria y catequística. La comunidad es fuente, causa y meta de la catequesis.

Se pone así el acento en el SER del catequista, en su ser cristiano, su carisma y vocación.

Ante tanta improvisación, siempre damos por supuesto muchas cosas.

Necesitamos vida, convicción de fe en los catequistas. El catequista, a su vez, es un hombre de Iglesia, debe vivir el proceso de renacer, crecer, madurar en la fe, integrado en el seno de una Iglesia madre, una comunidad cristiana.

El estilo Catecumenal es así, l o realiza una comunidad, se hace en comunidad, tiende a formar comunidades de catequistas. Busca renovar las mismas comunidades con hombres nuevos. Redescubrimos la comunidad cristiana, como ámbito necesario para la vida de fe.

Además, el Catecumenado implica una metodología propia: Itinerario catequístico, gradualidad por etapas; proclamación y centralidad de la Palabra de Dios, la lectura orante de la Biblia, una de las experiencias más ricas dentro del Catecumenado; la profesión de fe con sus respectivas devoluciones, apuntando como objetivo a la profesión de fe y la Iniciación Cristiana mediante la renovación del Bautismo, la Confirmación y la participación plena en la Eucaristía.

Es un estilo particular de hacer catequesis, en equipo, centrada en la Palabra, mistagógica… Esto apunta al SABER HACER del catequista. Se aprende haciendo .

Un ‘saber hacer' nuevo, renovado, que se nutre por la experiencia misma de la tradición eclesial. Así, se superan teórica y prácticamente las concepciones y estilos académicos, escolares de la catequesis.

Para pensar un seminario de catequesis, lo primero que tenemos que hacer es sacarnos de la cabeza el criterio académico. Seminario significa, el lugar donde se siembran las semillas, donde va a surgir la vida de un catequista nuevo .

Se descubre el dinamismo del discipulado, la escuela de Jesús, como el camino normal para arribar al conocimiento de la fe. Es redescubrir el paradigma propio de la catequesis. La peculiar dimensión didascálica, la enseñanza de la fe de la catequesis, sabiendo que transmite verdades de vida, haciéndolas vivir a través del testimonio de la Palabra en clima eclesial. No es una enseñanza teórica o una materia que aprender, es una vida que se conoce y se vive compartiendo con los hermanos.

Se descubre, además, la ministerialidad del catequista, él no es un teólogo, no es un profesor , es un catequista. Alguien que participa en el misterio profético de la Iglesia y que busca suscitar la fe haciendo resonar la Palabra de Dios en el corazón de los hombres, mediante la acción del Espíritu Santo, con el testimonio personal y comunitario.

Lo que interesa es que el catequizando, desde un encuentro personal con Cristo, inicie un camino con él. El catequista se convierte también en acompañante, en hermano mayor que ayuda a discernir el camino, para lo cual la Iglesia le da un mandato especial.

Capacitando así a los catequistas en el Seminario, ellos mismos pueden replicarlo en sus parroquias, para que esta experiencia catecumenal se instale en todas las parroquias, en cada rincón de la Diócesis, como un proceso normal de formación.

Después ya vendrá la etapa de formación y especialización, pero con el Catecumenado el catequista de base para nuestras comunidades tiene ya un camino.

Lo que buscamos es renovar la vida de nuestras comunidades haciéndolas vivas, de discípulos misioneros del Señor.