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- Carta Pastoral del Sr. Obispo con motivo del Congreso Misionero Diocesano
- Conclusiones del COMIDI1
- Acerca de las conclusiones del Congreso Misionero – Hna. Esther  



Nuestra Diócesis

 

 

CARTA PASTORAL CON MOTIVO DE LA REALIZACIÓN

DEL 1º CONGRESO MISIONERO DIOCESANO
(Se adjunta archivo en WORD)

______________


DISCÍPULOS MISIONEROS

“Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra”
 

 
 

“Jesús tomó los cinco panes y los dos pescados y, levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición, los partió y los fue entregando a sus discípulos para que se los sirvieran a la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas” (Lc. 9,16-17).


El 1º Congreso Misionero, un acontecimiento de Gracia:
Don y tarea.

 

El 1º Congreso Misionero Diocesano ha sido una verdadera gracia del Señor, un Pentecostés; nuestra Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje ha experimentado una fuerte conmoción.

La lluvia de gracias me hace pensar en el signo realizado por Jesús cuando la multiplicación de los panes.

“Él tomó los cinco panes y los dos pescados…”: Tomó nuestra pobreza, nuestras limitaciones, pero también nuestras ganas, nuestro entusiasmo, nuestra entrega y amor a Jesús y a nuestra Iglesia.

“Y levantando los ojos al cielo, pronunció sobre ellos la bendición”: Tenemos la sensación, y lo hemos experimentado, el Congreso fue una gracia y una bendición del Señor para nuestra comunidad diocesana toda.

“Los partió y los fue entregando…”: El Congreso fue una manifestación de amor, de entrega, de “ser partido y entregado”; amor y entrega por parte del equipo organizador y los colaboradores, por parte de los congresistas participantes, más aún, porque en nuestro corazón surgió fuertemente la decisión de ser verdaderos discípulos misioneros, pan partido para que todos reciban la Vida que Jesús nos da en abundancia.

“Y los entregó a sus discípulos para que los sirvieran…”: Esta fue una experiencia que resaltó en el desarrollo del Congreso; todos somos misioneros, sal y luz, enviados por Jesús, corresponsables en esta tarea que Él confió a su Iglesia.

“Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró se llenaron doce canastas”: la vivencia fue fuerte y todos recibimos mucho más de lo que esperábamos: de esta abundancia (don) surge una responsabilidad (tarea) que nos cuestiona: ¿Qué hacemos con las “doce canastas” repletas de ideas, propuestas, anhelos, proyecciones, ilusiones, desafíos? ¿Qué hacemos, considerando que esto es puro don, pura gracia, y que el Señor es quien quiere hacernos una Iglesia comunión de discípulos misioneros, luz del mundo y sal de la tierra, y que es Él mismo quien nos envía a anunciar su Buena Noticia y ha hacer presente su Reino entre nosotros?


El Congreso Misionero y el Itinerario de Pastoral
Orgánica Diocesano

 

El Itinerario de Pastoral Orgánica que hemos emprendido hace ya unos años, en su Marco Doctrinal, atendiendo a las orientaciones del Episcopado Argentino y del documento de Aparecida, nos propone ser una Iglesia-comunión, evangelizadora, misionera, Iglesia comunidad orante, que viviendo y celebrando la Eucaristía se siente renovada en el amor y urgida a salir en ayuda solidaria hacia los que más nos necesitan, que son los pobres, los enfermos, los que sufren, los marginados y excluidos.

Si miramos el Congreso Misionero desde una perspectiva global, integradora, vemos una coherencia eclesial y pastoral muy fuertes, resaltando la dimensión misionera, esencial en la Iglesia; recordemos los objetivos del Congreso Misionero: “Que sea una instancia motivadora e iluminativa de la vocación misionera de la Diócesis. Instalar la misión permanente en cada parroquia, colegio y movimiento como espíritu y estilo propio de todo su accionar pastoral y que todos sus miembros sean sus protagonistas, dando lineamientos pastorales-misioneros para este fin. Buscar formas concretas de evangelización adecuadas a nuestra realidad diocesana. Alentar y convocar a más agentes animadores de la misión, especialmente jóvenes”.


          Es fácil ver la relación. El Congreso Misionero asume el desafío, tomando conciencia de que la misión continental que nos pide Aparecida es misión permanente, lo cual implica un estilo eclesial profundamente renovado: una Iglesia de discípulos misioneros, una comunión misionera, “en estado de misión permanente”, abierta y acogedora, que sale con alegría a dar testimonio y a anunciar a Jesús, su Vida, su Misterio, su Pascua, su Evangelio de amor. Todo esto resumido en el lema: “Discípulos Misioneros, ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra”. 


Las conclusiones del Congreso Misionero

 

En las conclusiones del Congreso resaltaron tres actitudes o ideas fuerza que deberán inspirar todas nuestras actividades pastorales; dicen: “Descubrimos juntos la invitación de Jesús a alentar la vocación misionera de la diócesis a través de estas acciones: ENCONTRÁNDONOS con Cristo y entre nosotros, ABRIÉNDONOS a los otros, SALIENDO al encuentro”.

Podríamos decir, en otras palabras, comunidades que vivan la espiritualidad de la comunión, abiertas a la fraternidad, en acogida cordial, sin excluidos ni exclusiones, saliendo a buscar, a encontrar, a anunciar el Evangelio de Jesucristo. Me atrevo a afirmar que en estas frases está sintetizado el trabajo del 1º Congreso Misionero Diocesano.

Es ahora el momento de asumir estas propuestas y ponerlas en práctica: “las doce canastas” a las que hacíamos alusión al comienzo de esta carta, parafraseando el texto evangélico. A final de esta Carta Pastoral se incluyen las conclusiones del mismo. Será tarea de cada comunidad y de cada Decanato buscar la manera concreta de llevarlas a la práctica, a través de proyectos concretos, sencillos pero eficaces, posibles, y sobre todo evaluables: después de un tiempo tendremos oportunidad de revisar lo hecho, los pasos que se han dado, para proyectarnos nuevamente a otros desafíos y concreciones.

Corresponderá a cada área pastoral y a las parroquias, comunidades educativas, movimientos, etc. trabajar las conclusiones que los grupos han dejado: así brindarán un servicio concreto a la Diócesis con las propuestas y planes que se lleven adelante.

Criterios pastorales para la integración pastoral

 

Quiero ahora indicar algunos criterios que deberán inspirar especialmente el estilo, la mística, el espíritu de toda esta acción pastoral desde una impronta misionera, evangelizadora, y que son también condiciones necesarias para que todo este trabajo esté enmarcado en un proyecto orgánico de pastoral, el cual deberá seguir desarrollándose en forma planificada y participativa, abarcando otros aspectos y dimensiones de la vida eclesial en la Diócesis; la pastoral misionera, evangelizadora, es primordial en la vida de la Iglesia, pero no se agota en ella toda la riqueza de la acción pastoral.

 

1º criterio: La misión es fruto de la Eucaristía. En primer lugar, señalo la centralidad de la Eucaristía: fuente y cumbre de toda la vida y actividad de la Iglesia. Necesitamos comunidades orantes, que reunidos en adoración a Jesús eucarístico, intercedan continuamente por la vida y acción de la Iglesia diocesana. Sería un hermoso fruto del Congreso Misionero que se instaure en muchas comunidades la Adoración Perpetua al Santísimo Sacramento.

Que cada comunidad se nutra en su comunión, en su amor fraterno, y en su afán evangelizador en la misma celebración de la Eucaristía, especialmente en el Día del Señor: si la acción pastoral, cualquiera que sea no se desprende como un fruto de la Mesa de la palabra y la Mesa del Cuerpo del Señor, corre el serio peligro de transformarse en poco tiempo en un mero activismo, debilitándose y perdiendo su empuje original.

 

2º criterio: Sin testimonio comunitario de Vida Cristiana no hay misión: De esta comunión eucarística debe surgir la vivencia y experiencia de la espiritualidad de comunión, como nos pedía S. S. Juan Pablo II (ver: NMI 42-43). Esto es fundamental, porque funda la koinonía entre nosotros, y es el primer testimonio evangelizador: el anuncio y la palabra son creíbles si hay un testimonio auténtico de vida cristiana, de amor fraterno, de vida comunitaria. De ahí la importancia de fundar Pequeñas Comunidades de vida (o Comunidades Eclesiales de Base), que hagan presente la Iglesia en cada rincón, entre las casas de nuestras familias, que sean un auténtico testimonio y lugar o punto de referencia en cada barrio. Estas comunidades son el lugar propio de la catequesis permanente de adultos. La tarea misionera, precisamente, deberá tener como objetivo estas pequeñas comunidades.

 

3º criterio: Una pastoral de procesos evangelizadores e iniciadora en la Vida Cristiana: Estamos urgidos a replantear la manera de acompañamiento pastoral, tanto por parte de los ministros ordenados como de los laicos capacitados para ello, y rever también toda nuestra pastoral sacramental, en especial los sacramentos de la iniciación cristiana y el matrimonio. Deberemos estudiar y analizar nuestra praxis al respecto y asumir criterios comunes, para que sean verdaderos momentos evangelizadores, experiencias fundantes de la vida cristiana, lo cual nos recuerda la relación indisoluble que hay entre misión, catequesis de iniciación, comunidad, liturgia y caridad para con los pobres y necesitados: estas dimensiones pastorales, todas necesarias, deben dejar de ser compartimientos estancos, y relacionarse en la mutua dependencia que naturalmente tienen una con otra: es la base fundamental de una pastoral orgánica. Esto se puede lograr sobre todo entendiendo la evangelización como un proceso -anuncio, conversión, iniciación cristiana, ingreso en la comunidad, compromiso, etc.- en el cual cada actividad pastoral se va integrando orgánicamente, en forma articulada con las demás.

 

4º criterio: La misión supone un espíritu y también una praxis pastoral: Se hace necesario planificar la misión permanente diocesana; sabemos que toda la Iglesia es misionera y que toda comunidad debe vivir un estilo misionero: es la primera convicción que surge del Congreso Misionero. Pero no sólo es un estilo de vida, sino que también es necesario proyectar acciones misioneras concretas en forma renovada y actualizada al mundo de hoy y a nuestra realidad urbana. No sólo pensar en misiones localizadas geográficamente, sino también ambientales, sectoriales, etc. Tendremos que pensar en una acción misionera permanente en la Diócesis, con la participación de todos los decanatos y comunidades.

 

5º criterio: La misión, de por sí, suscita la fe y el proceso de iniciación en la Vida Cristiana. Un tema que deberá ocuparnos seriamente es el de la renovación de la catequesis de iniciación cristiana, especialmente considerando la catequesis con adultos; la misma iniciación cristiana de niños, tanto en las parroquias como en las escuelas: debemos cuestionarnos seriamente si la estamos realizando adecuadamente, recordando que la iniciación cristiana tiene por objetivo iniciar en la vida cristiana misma y en la vida de la comunidad eclesial, y no sólo el lograr que el catequizando reciba un sacramento (Confirmación o 1ª Eucaristía). El proceso catecumenal de por sí integra la Liturgia, la Palabra de Dios, la Catequesis, la Comunidad misma, cuando es planteado correctamente.

 

6ª criterio: La familia, cuna de la Iglesia y escuela de Vida Cristiana: No debemos olvidar la pastoral familiar: la familia deberá ser una preocupación grande en nuestra tarea evangelizadora. Sabemos lo fundamental que es para la transmisión de la fe, de la moral y la misma vivencia de la vida cristiana. Las comunidades de familias, donde se viva y anime la vocación familiar, se sirva a la vida y se afiancen los vínculos son una tarea imprescindible en toda acción pastoral.

 

7º criterio: Una Iglesia comprometida con el hombre y la sociedad, constructora de la Civilización del Amor, el Reino de Dios: Una dimensión que por su importancia tiene un lugar preponderante es la pastoral social y en especial la acción de Cáritas. Estamos enviados a anunciar el Reino de Dios y a instaurarlo entre nosotros, un Reino de amor, de verdad, de paz, de justicia. Los pobres y necesitados son los primeros sujetos a quienes está destinada la misión; no podemos dejar de mirar los “nuevos rostros de la pobreza” (ver: NMI 50 y DA 402. 407-430: estas son las nuevas fronteras que se nos presentan como desafíos en nuestra misión permanente. La Iglesia no puede nunca dejar de atender a los hermanos necesitados, como algo que es propio de la misma vida cristiana: es el primer fruto de la comunidad que participa en la Eucaristía. Es todo un desafío: amar a Cristo en el hermano necesitado, con el espíritu del buen samaritano, como nos enseñó Jesús. Estamos celebrando el Bicentenario de nuestra Patria, y queremos que sea sin excluidos, que vivamos en paz, con justicia y fraternalmente unidos. Esto implica una tarea que hace a la misma identidad de Cáritas: no sólo asistir, sino promover integralmente al hermano pobre, más aún, evangelizarlo: darle a conocer a Jesucristo y lograr que se encuentre con El, recordando que la mejor promoción del hombre es a través del Evangelio y de su integración en la comunidad, donde se deben sentir “como en su propia casa”, como nos enseñaba S. S. Juan Pablo II (ver: NMI 50).

 

8º criterio: La pastoral vocacional y de jóvenes: Por último, no debemos olvidar una tarea pastoral esencial, que no sólo ayuda a nuestra renovación eclesial y pastoral sino que nos hace crecer en la esperanza: la pastoral de jóvenes y la pastoral vocacional. Es todo un desafío. No sólo formar grupos de jóvenes, sino alimentarlos espiritualmente -lo necesitan y lo reclaman-, creando espacios comunitarios adecuados y dándoles la posibilidad de un compromiso y una experiencia de vida cristiana fuertes; la participación de los jóvenes en la tarea misionera es un camino práctico para lograr esto. La pastoral vocacional deberá ayudarlos a discernir ante el Señor la voluntad de Dios. Las vocaciones a la vida sacerdotal y a la vida consagrada deberá ser trabajo y preocupación de toda la Iglesia diocesana.

 

9º criterio: Carta pastoral de los Obispos argentinos con ocasión de la Misión Continental: Sugiero la lectura de esta Carta Pastoral del Episcopado; al respecto, de manera especial, señalo las cuatro acciones desatacadas, que refuerzan las conclusiones de nuestro propio Congreso: a) Alentar un estilo misionero en la pastoral orgánica y diocesana, en especial desde la parroquia; b) Priorizar una pastoral misionera desde la catequesis de iniciación; c) Promover el compromiso misionero hacia una sociedad más justa y responsable. Pastoral familiar y Doctrina Social de la Iglesia; d) Expandir procesos misioneros permanentes.

 

 

Los cauces para implementar la propuesta pastoral

 

Esta última parte de la Carta Pastoral es de tipo operativo. Las sugerencias que expongo son generales, corresponderá al Consejo Pastoral Diocesano, a los equipos de las diversas áreas pastorales, a los decanatos, planificar la implementación de todo este conjunto de actividades sugeridas por el Congreso Misionero y por el Itinerario de Pastoral Orgánica.

 

Para esta implementación, tenemos como documentos de referencia:

-         Marco Doctrinal para el Itinerario hacia una Pastoral Orgánica (encuesta).

-         Conclusiones finales del 1º Congreso Misionero Diocesano y Conclusiones del Congreso-Documento de trabajo (por Áreas pastorales).

-         Esta misma Carta Pastoral.

 

Otros documentos de consulta:

-         Novo Millennio Ineunte (S. S. Juan Pablo II).

-         Navega Mar Adentro (Episcopado Argentino).

-         Documento de Aparecida (CELAM).

-         Carta Pastoral de los Obispos Argentinos con ocasión de la Misión Continental.

-         Pueden consultarse también las Homilías y temas desarrollados durante el Congreso Misionero.

 

 

Los cauces y lugares.

 

1-   A nivel diocesano.

* El Consejo Pastoral Diocesano y el Equipo Diocesano para la actividad Misionera, buscarán cómo encauzar las propuestas del Congreso Misionero, en articulación con el Itinerario de Pastoral Orgánica Diocesano.

* Cada Área pastoral estudiará las conclusiones generales del Congreso Misionero y las conclusiones propias de los grupos en su Área respectiva, viendo cómo implementarlas, animando y coordinando la tarea en los Decanatos y comunidades, relacionando y articulando con las otras Áreas.

* Implementación de la Misión Diocesana Permanente. Con un equipo misionero interdecanal: que en todo momento se esté realizando una misión en algún lugar, ambiente o sector de la Diócesis, una misión, programada como proceso evangelizador, no como simple evento puntual.

 

 

2- A nivel decanal.

* Cada decanato animará el estudio de esta Carta y de las Conclusiones del Congreso Misionero.

* Realización de la Asamblea decanal prevista en el Itinerario de Pastoral Orgánica (agosto-septiembre), en la cual se verán los aspectos que son necesarios implementar como acciones comunes y concretas. En el esquema VER-JUZGAR-ACTUAR, tomando los documentos de referencia que hemos citado, arribar a acciones concretas, sencillas, posibles, evaluables. El estilo propio de las Asambleas es el de Comunión y Participación; cuantos más agentes pastorales participen, mejor. El Consejo Pastoral Diocesano dará el apoyo y las pautas necesarias para llevar a cabo estas asambleas.

 

3- A nivel parroquial.

* Crear espacios y momentos para realizar el estudio de esta Carta y de las Conclusiones del Congreso Misionero; si no se lo hizo antes, también del Marco Doctrinal del itinerario para la Pastoral Orgánica (encuesta). Especialmente, ver las conclusiones del Área 1: Parroquia Misionera.

*Realizar una o varias asambleas parroquiales, similares a las propuestas a nivel decanal, pero mirando y aplicando las resoluciones a la parroquia, y fomentando la participación de la mayor cantidad de fieles posible.

* Cada parroquia deberá fomentar la creación de grupos misioneros renovados “en su ardor, sus métodos y sus expresiones”, como nos pedía S. S. Juan Pablo II; grupos tanto para la misión “hacia adentro” de la parroquia, como “hacia fuera”. Es importante la participación de jóvenes en estos grupos.

 

4- A nivel de comunidades educativas.

* Trabajo semejante al de las parroquias, viendo en especial las conclusiones del Área 4: Escuela, tierra de misión y fecundidad misionera.

* Rever la planificación del Proyecto Pastoral Educativo, articulándolo con las conclusiones del Congreso Misionero.

* Fomentar los grupos misioneros, que trabajen tanto en el ámbito diocesano como en otras regiones del país.

 

5- A nivel movimientos, comunidades e instituciones o asociaciones laicales.

* Desde la Junta de Laicos se hará la presentación y reflexión sobre esta Carta y las Conclusiones del Congreso Misionero.

* La Junta de Laicos implementará la formación sistemática de laicos, capacitándolos no solamente en el conocimiento de su Fe sino también profundizando en su vocación y en la misión que les corresponde en la Iglesia y en el mundo; esta formación deberá seguir los lineamientos que nos da el documento de Aparecida en su cap. VI.

* Cada movimiento y/o comunidad, a la luz de estos documentos revea su misión específica y su aporte a la misión permanente diocesana.

 

 

Conclusión

 

           El Documento de Aparecida nos propone asumir decididamente esta opción misionera, y nos recuerda la necesidad de una conversión personal y pastoral para que estos sea posible (ver: DA 365-372). Dice expresamente: “La pastoral de la Iglesia no puede prescindir del contexto histórico donde viven sus miembros. Su vida acontece en contextos socioculturales bien concretos. Estas transformaciones sociales y culturales representan naturalmente nuevos desafíos para la Iglesia en su misión de construir el Reino de Dios. De allí nace la necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, de una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales(367).

          

Recordemos nuestra realidad urbana, con todos los desafíos que nos presenta. Tenemos que mirar esta realidad con los ojos de Jesús. En la medida en que conozcamos y penetremos más profundamente en el alma del hombre que peregrina en nuestra Diócesis, más atinada será la respuesta que demos a sus interrogantes, y las propuestas evangélicas que le hagamos, teniendo en cuenta que el Evangelio no se impone, sino que se propone: “La Iglesia crece no por proselitismo, sino por ‘atracción’: como Cristo ‘atrae todo a sí’ con la fuerza de su amor. La Iglesia ‘atrae’ cuando vive en comunión, pues los discípulos de Jesús serán reconocidos si se aman lo nos a los otros como Él nos amó (cf. Rom 12, 4-13; Jn 13, 34)” (DA 159).

           Nuestra tarea es anunciar a Jesucristo, su Evangelio, construir su Reinado de amor, de verdad, de justicia, de paz. Para poder hacerlo, necesitamos vivirlo, dejar que el Espíritu Santo actúe en nosotros: sólo desde una vida santa se puede dar un testimonio auténtico de Jesús y se puede construir la Civilización del Amor.

          

Pido encarecidamente a todos los sacerdotes poner todo su entusiasmo y energías, su entrega pastoral, al servicio de esta “misión permanente” en nuestra Diócesis. Conozco la fidelidad y el amor con que han estregado su vida al Señor, que los ha llamado, y agradezco su respuesta generosa. A todos los fieles los pido comprensión, colaboración y oración por todos los sacerdotes: han entregado su vida totalmente al servicio del pueblo de Dios; este don, regalo de Dios, es también una tarea: colaborar con ellos. Todos, desde nuestro Bautismo, tenemos nuestra responsabilidad y todos debemos cooperar en la acción pastoral misionera de la Iglesia. También a los Diáconos Permanentes, les agradezco su disponibilidad y colaboración; los exhorto a desarrollar especialmente esta dimensión evangelizadora-misionera en su ministerio diaconal. A todas las  Religiosas y Religiosos, Vírgenes Consagradas, Laicos y Laicas que han consagrado su vida al Señor: es mucho lo que dan y es invalorable su colaboración en la acción pastoral misionera, les agradezco de corazón, y les pido una presencia llena de sus propios carismas, que enriquezcan la vida de nuestra Iglesia y hagan más fecunda su acción pastoral. A los fieles laicos en general, les agradezco su entusiasmo, sus ilusiones, su deseo de servir con amor al Señor y a la Iglesia en sus diversas comunidades. Los exhorto a asumir corresponsablemente la tarea que el Señor les pide ante este desafío de renovación eclesial y pastoral, participando activamente, en espíritu de comunión en la vida de sus comunidades, movimientos, instituciones, capacitándose para ello a través de las instancias que le brindan tanto las instituciones diocesanas como los movimientos laicales.

          

Sé que hay debilidades en nuestras comunidades, que las limitaciones personales y la dificultad para establecer verdaderos vínculos fraternos son obstáculos para la comunión de los discípulos misioneros, llamados a ser luz y sal. Pero si encontramos el sentido de nuestra vida cristiana en el servicio humilde, como nos enseñó el Señor al lavar los pies a sus apóstoles, encontraremos el camino para la transformación que anhelamos en nuestra Iglesia diocesana. Sólo el diálogo realizado en clima de amor fraterno, desechando actitudes de superioridad, de poder o preeminencia el ideal que queremos, como nos dice san Pablo: “Si la exhortación en nombre de Cristo tiene algún valor, si algo vale el consuelo que brota del amor o la comunión en el Espíritu, a la ternura y la compasión, les ruego que hagan perfecta mi alegría, permaneciendo bien unidos. Tengan un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento. No hagan nada por rivalidad o vanagloria, y que la humildad los lleve a estimar a los otros como superiores a ustedes mismos. Que cada uno busque no solamente su propio interés, sino también el de los demás. Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo Jesús…” (Filp 2, 1-5).

          

Pidamos a María, nuestra Madre del Buen Viaje, que nos ayude, nos inspire, nos anime, nos estimule, para que como verdaderos discípulos misioneros, seamos luz del mundo y sal de la tierra.

           ¡Que el Señor nos bendiga a todos!

          

           A esta Carta Pastoral deben anexarse las Conclusiones Generales del 1º Congreso Misionero Diocesano y las Conclusiones de las trece áreas de trabajo.

 

           11 de junio de 2010, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, en la Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje.

 

 

                                                                       Luis Guillermo Eichhorn

                                                                                Obispo de Morón



 



Congreso Misionero Diocesano

Conclusiones finales



Los congresistas reunidos en torno de la Fiesta de Pentecostés, descubrimos juntos la invitación de Jesús a alentar la vocación misionera de la Diócesis, a través de estas acciones:

ENCONTÁNDONOS, ABRIÉNDONOS, SALIENDO. Por eso queremos responder con éstas propuestas:

·        ENCONTRÁNDONOS. Para ser discípulos misioneros en nuestra Diócesis necesitamos conocernos, vincularnos y formarnos juntos para la misión.

Además, celebrar encuentros festivos misioneros que nos animen en la fe y sean anuncio de Jesús vivo.

·        ABRIÉNDONOS a los otros, asumiendo una actitud de apertura e inclusión.

      Reconectándonos con la realidad juvenil, abriéndonos a su mundo; creando espacios apropiados para chicos; jóvenes, familias.

·        SALIENDO al encuentro de los más alejados de distintas maneras: Misionando en el barrio; promoviendo la lectura orante en pequeñas comunidades de base; con retiros u otras instancias ofrecidas por los movimientos; saliendo a los jóvenes en los lugares que se convocan; utilizando los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.


Qué propone el Congreso:

Instalar la misión permanente con un proyecto de misión diocesano que nos dé criterios comunes, que cada comunidad, movimiento y escuela pueda adaptar a su realidad con proyectos y estilos misioneros adecuados a niños, jóvenes, familias, pobres, débiles y sufrientes, propiciando la participación de todos, sumando conocimientos y voluntades. 


Cómo:

En todas las propuestas concretas que se propusieron desde los grupos, aparecieron constantes que proponen una TRANSFORMACIÓN en nuestras comunidades para vivir en misión permanente.



El encuentro personal con Jesús es lo primero que nos transforma, nos capacita par la transformación que la comunidad necesita, para que nuestros criterios sean evangélicos y nuestros vínculos de familia (retiros, grupos de oración).

·        Asumir la vida cotidiana como el ámbito propicio para nuestra pastoral, transforma nuestra comunidad de una pastoral paralela a la vida de la gente, a una comunidad de discípulos misioneros que la asume como camino de la misión permanente. (familia, trabajo, estudio, entidades barriales, políticas, escolares, fiestas, etc.)

·        Vivir nuestras comunidades como familia, transforma la institucionalización y burocratización en realidades fraternas. Que vayan naciendo comunidades pequeñas, cercanas, personales.

·        Vivir la complementariedad de las vocaciones (laicos, sacerdotes, consagrados, obispos) transforma lo monopolizado o capitalizado en una sola persona, en comunidades donde hay diálogo y riqueza de carismas y ministerios.

·        Vivir la fiesta como espacio que transforma los vínculos que son formales y distantes, en vínculos fraternos, de familia. El deporte, la cultura, la música, son formas de vincularnos con la gente como interlocutores válidos y valiosos. Es un encuentro y ahí se realiza el acontecimiento evangelizador.

·        Vivir la solidaridad, el contacto con los que sufren, transforma nuestra comunidad, porque salimos del individualismo e indiferencia y el que sufre se hace parte de la comunidad. Su vida nos enriquece y nos abre a Jesús.

·        Vivir el encuentro y la comunicación con espacios y canales adecuados, transforma la Diócesis de comunidades que trabajan aisladamente, en una gran comunidad que suma sus esfuerzos.

 

Para convocar más agentes animadores de la misión jóvenes proponemos:

  • Generar espacios específicos de tiempo, acompañamiento, integración y  comprensión.
  • Formación de animadores de jóvenes, promover la lectura orante.
  • La riqueza de la fuerza de la juventud y la experiencia de los adultos que orientan y acompañan




Conclusiones del Congreso – Documento de Trabajo


Se adjunta en archivos de WORD las conclusiones antes presentadas; las conclusiones finales por áreas; y las “Conclusiones del Congreso – Documento de Trabajo”. Estas últimas, también se las puede visualizar en Internet mediante el siguiente link: http://www.seguimoscaminando.org.ar/misioneros/archivos/conclusionesdocumentodetrabajo.doc

 

(En este trabajo se intentó ordenar y dar una lógica a las propuestas de los distintos grupos, respetando la forma en que los congresistas se expresaron, para escuchar la voz del Espíritu a través de la diversidad de inquietudes.

La mayor parte de lo escrito, son palabras textuales de los propios grupos de trabajo).




 

 

ACERCA DE LAS CONCLUSIONES DEL COMIDI1

 

Como fruto del Primer Congreso Misionero Diocesano tenemos, por un lado, la experiencia de que el Espíritu nos unió como Iglesia diocesana, pasó por nuestros corazones y nos renovó profundamente como misioneros y misioneras, dándonos un nuevo impulso. Por otro lado, tenemos las Conclusiones y el Documento de Trabajo, que están escritas y que retomó nuestro Obispo en la Carta Pastoral que nos envió.

 
¿Qué son las conclusiones y para qué sirven? ¿De dónde salen?

 

Lo primero es recordar que, como Iglesia, quisimos celebrar un Congreso y no un simple encuentro. Queríamos, tener la experiencia de compartir ilusiones, búsquedas, de rezar juntos… pero queríamos algo más. Necesitábamos una orientación para descubrir los caminos de la misión en la Diócesis, que ha cambiado tanto a lo largo del tiempo. Es más, necesitábamos ponernos todos en estado de misión permanente, no sólo esperar que algunos lleven adelante esta tarea misionera, sino estar todos implicados en ella y tener caminos concretos para hacerlo. Y ¿qué hicimos? Nuestro Obispo nos convocó para un Congreso. Como Iglesia, quisimos escuchar la voz de todos antes de ponernos a trabajar en una dirección concreta. Quisimos que la palabra del Pueblo de Dios tuviera importancia y marcara nuestro caminar. Y quisimos escucharla en el ámbito de Pentecostés, como lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Por eso fue un Congreso y no un simple encuentro.

 



La convocatoria del Sr. Obispo en el 2009 fue el principio de todo un año en el que, poco a poco, se fueron sumando congresistas de distintas comunidades parroquiales, movimientos, escuelas, áreas pastorales. Estos congresistas fueron reflexionando lo que Dios quiere para nosotros como Diócesis, ayudados por encuentros y por el Documento de Trabajo previo al Congreso. Y por fin, del 21 al 23 de Mayo del 2010, nos reunimos en el Colegio Monseñor Solari para esperar juntos la venida del Espíritu Santo. Fueron días festivos, pero también de intenso trabajo por áreas, ayudados por las reflexiones de los expositores. Los congresistas se dividieron en grupos de 10 personas para compartir propuestas para el futuro. Trabajaron en 13 áreas específicas, que van desde la parroquia misionera a los medios de comunicación, pasando por distintos campos donde como Iglesia nos encontramos.

 

Las Conclusiones y el Documento de Trabajo provienen de este trabajo en grupos. En el equipo de secretaría quisimos escuchar lo que se decía en los grupos y respetarlo. Por supuesto, había que resumir, agrupar inquietudes… pero intentamos tener el máximo respeto por lo trabajado en los grupos, buscando escuchar ahí la voz del Espíritu. Se quisieron destacar las inquietudes comunes, pero también valorar las más originales. Se priorizaron las propuestas, ya que teníamos la inquietud de buscar caminos concretos para nuestra Iglesia.

 



No fue fácil, ya que era muchísimo material y con inquietudes muy diversas, pero contamos con intuiciones que sentimos que venían del Espíritu Santo, en estos días de su Fiesta. La primera fue anotar los verbos que más se repetían. Sobresalieron tres que parecían agrupar todas las inquietudes: ENCONTRARNOS, ABRIRNOS, SALIR. Podemos decir que las Conclusiones del Congreso son esas: Como Iglesia de Morón, queremos encontrarnos, abrirnos y salir. Pero esto fue el sábado, y todavía nos quedaba todo un día de trabajo. El domingo, escuchando de nuevo los ecos de cada grupo, de repente se prendió una chispa: En el fondo, todas las inquietudes, todas las propuestas concretas nos pedían una TRANSFORMACIÓN. De ahí intentamos agrupar las inquietudes comunes y comprender a qué transformación nos invitaban: Desde la vida cotidiana hasta la Fiesta, todo transforma nuestras comunidades.

 

Por último, el trabajo se agrupó en dos. Uno son las Conclusiones, más breve y resumido. El otro es más largo, el Documento de Trabajo, pero tiene la riqueza de tener las palabras textuales de los grupos. Creemos que es importante que, como Diócesis, estudiemos los dos, junto con la carta de nuestro Obispo, porque depende de cada uno y de cada comunidad que se puedan ir plasmando estas iniciativas. Nos declaramos en estado de misión permanente y tenemos muchos caminos concretos para encontrarnos, para abrirnos y salir; para transformarnos un poco más en lo que Dios quiere y nuestros hermanos necesitan.

 
Pidamos al Señor y a nuestra Madre, Señora del Buen Viaje, que nos asista y nos de valor para escuchar de forma personal el llamado a buscar caminos, para plasmar en nuestra vida y en nuestras comunidades lo que el Espíritu nos dijo como Iglesia, en este momento privilegiado de Dios que fue el COMIDI 1.

 

Hermana Esther Vivas,

Servidora del Evangelio,

Equipo de Secretaría.

 

 

 

Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón





OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN

Sr. Fabián Parodi.

De lunes a viernes de 9 a 12 horas.

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