Instituto de Formación Diaconal San Lorenzo

Día del Diácono en Morón

El 10 de agosto, con motivo de la Fiesta del Diácono y Mártir San Lorenzo, se celebró en Morón el Día del Diácono.

La solemne Eucaristía, que tuvo lugar en la Iglesia Catedral, fue presidida por Mons. Eichhorn y concelebrada por el Delegado para los Diáconos Permanentes, Pbro. Gustavo De la Torre; el Rector del Instituto Diocesano para el Diaconado Permanente “San Lorenzo”, Pbro. Mauricio Larrosa, y numerosos sacerdotes que se acercaron a acompañar a los Diáconos en su día. Se dio gracias por los ya casi 25 años de la Ordenación Diaconal de los primeros egresados del Instituto y los candidatos Nelson Medina, Oscar Crespo y Natalicio Talavera Mercado, recibieron el Ministerio del Lectorado.

El Sr. Obispo recordó a los Diáconos que partieron a la Casa del Padre y pidió oración por aquellos imposibilitados de asistir, en especial, Santiago Maschio, quien se encuentra luchando contra su enfermedad.

Subrayó la grandeza del testimonio del Diác. San Lorenzo por su entrega total a Jesús, por el amor e identificación con Cristo para poder entregarle la vida. Llamó a seguir a Cristo por este camino de la caridad, del servicio, de dar a Jesús a cada uno de los hermanos.

“Cuando hablamos de esta profunda identificación con Jesús, de esta espiritualidad tan honda, no hablamos de una utopía, de algo para algunos privilegiados, sino que es un don de Dios. Es Él quien llama y permite vivir la plenitud del don de entrega, de servicio, de amor. El Señor quiere dignificarnos por medio de un gran don de Dios, el Espíritu Santo que se derrama en los corazones, que fortalece la fe, que ilumina con sus dones. Entonces, la acción y el servicio en la Iglesia, tiene su fuente en la intimidad con Jesús, en la oración” , manifestó Mons. Eichhorn exhortando a pedir el don del Espíritu para que Él mueva los corazones, para poder amar y amar hasta el extremo como amó Jesús.

Servicio a la Palabra de Dios, es característico del Diaconado

“La Palabra de Dios inspirada por el Espíritu es la que tocará el corazón de los hombres para suscitar la fe y, así, puedan conocer y amar a Jesús”, afirmó Monseñor al referirse al Lectorado, aclarando que no significa solamente proclamar la Palabra. Remarcó en este sentido, la importancia del alimento de la Palabra, de amarla, de compartir y orar con ella, de nutrir todas las actividades con la Palabra de Dios, de abrirle el corazón y dejarse formar, moldear. “Para que lo que prediquemos no sea nuestra palabra, sino la de Dios, los lectores deberán vivir este contacto íntimo, diario y profundo con la Sagrada Escritura”.

“Esta celebración tiene que ser un signo: La 'Iglesia servidora' la hacemos todos, o no la hace nadie . A veces esperamos del Obispo, de los responsables, de los encargados y nos quedamos esperando. Que San Lorenzo nos ayude a no esperar y a comprometernos”, expresó al concluir la ceremonia, el Pbro. Larrosa.

Aniversarios

Parroquia “Los Santos Ángeles Custodios”

1.959 - 50 años - 2.009

Hace 50 años nacía la comunidad que lleva el nombre de “Los Santos Ángeles Custodios”, en Ituzaingó. María Teresa Cordero de Jiménez, feligresa y colaboradora de esa comunidad, nos da testimonio del día de la fundación:

“Me acuerdo que iba pasando, era chica y mi mamá me había mandado a comprar el pan. Vi mucha gente y me acerqué a mirar. Estaban poniendo la piedra fundamental. Estaba el Sr. Obispo. ¡Luego fui a casa con la novedad!

El primer templo se erigía sobre la calle Achaval Rodríguez, ex José Barros Pasos, entre 24 de octubre y Olivera. Después de unos años, en tiempos del padre Héctor Mazzucchi, se levantó el templo actual sobre la calle Olivera, entre Achaval Rodríguez y Niceto Vega.

El portón que tenía el primer Templo es el que actualmente está en el paso de la galería de la escuela primaria al Jardín de Infantes. El primer párroco fue el Padre Osvaldo Remón, quien falleció hace poco tiempo. Quedó grabado en mi memoria que cuando había que pintar algún lugar de la Parroquia, el Padre Remón se arremangaba la sotana y se ponía a pintar.

Aquel primer templo era muy chico, tanto, que aunque era Parroquia le decían “Capilla”. El donante del terreno fue el señor Ángel Trelles, dueño de la panadería. En el lugar había una casa muy antigua, que es donde está la escuela primaria actualmente, que se fue refaccionando con el correr de los años.

Para juntar fondos para las ampliaciones y otras necesidades, se hacían quermeses en la plaza de Ituzaingó, la del lado norte, y durante todo el año, siempre se hacían rifas.

La mesa del altar es la misma que está actualmente en la Capilla “Ntra. Sra. De las Lágrimas”, al igual que el Sagrario.

El piso del Templo era alisado, de cemento granulado. Las sillas eran de paja y la imagen del Ángel Custodio es la misma que está en el templo actual, al lado del altar. Las ventanas y todo lo que tenía aquel templo era muy pobre.

En la parte edilicia estaba solo la secretaría, la habitación del Sacerdote y la cocinita, nada más.”

María Teresa es catequista desde hace mucho tiempo . Viene a su memoria cuando el Padre Remón abrió la inscripción para catequesis y su mamá fue a inscribir a su hermano. “Ese día fui a acompañarla y como le faltaban catequistas, el Padre me preguntó si yo quería dar catequesis. Tenía 12 años de edad y el catecismo era el de las 100 preguntas. Lo que yo hacía era tomarle las preguntas a los chicos. Aquella primera “primera comunión” fue un día de mucha lluvia. Como había mucho barro, los chicos iban a vestirse en la Parroquia y se dividieron las nenas y los nenes entre la pieza del Padre Remón y la Secretaría. Las calles eran sin asfalto y había muy pocas casas en el barrio. Imagínense que entre mi casa y la Parroquia no había ninguna otra casa y queda a 4 cuadras.”

Todo el año de fiesta

Dentro del marco de las Bodas de Oro, todos los acontecimientos de la Iglesia y de la comunidad son vividos a toda fiesta, acompañados por el Pbro. Neri Zbrum, la oración perseverante y exposiciones del Santísimo.

El 30 de agosto, con el Templo colmado de fieles, se conmemoraron los 50 años de la colocación de la Piedra Fundamental, por Mons. Raspanti.

En ese tiempo, la comunidad vivió la partida a la Casa del Padre de “Nené” Aguirre, un miembro muy activo, que entregó gran parte de su vida al servicio de la Parroquia y la Capilla “Ntra. Sra. De las Lágrimas” como catequista, en Acción Católica y como Misionera de la Virgen.

El 16 de Julio, la Legión de María cumplió 22 años de pertenencia a la comunidad, y para celebrarlo, se realizó la Misa de Acción de Gracias en la que, como gesto, se llevaron las imágenes con las que se visita a los socios auxiliares y a algunas familias que lo solicitan, para cerrar un año de trabajo y comenzar otro con la bendición de Dios.

Coronando estos festejos, se está preparando un grupo de oración en la Capilla “Ntra. Sra. de las Lágrimas”.

Aniversarios

Nuestra Señora de los Ángeles,
40 años de Historia en comunidad.
1969-2009

“NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, REÚNENOS”

Por Emilce Rosario Billordo
Fotos: Marisa García

El domingo 2 de agosto, la comunidad de Nuestra Señora de Los Ángeles de Parque Quirno, Hurlingham celebró junto con María sus 40 años de fundación. Los festejos reunieron tanto a Sacerdotes y Religiosas, como a laicos fundadores que pasaron por esta comunidad durante todos estos años.

Bajo el lema : “NUESTRA SEÑORA DE LOS ÁNGELES, REÚNENOS , se realizó la novena que presidió la Fiesta. El P. Fernando Laguna, quien acompaña esta Parroquia desde hace tres años, comentó que durante el año jubilar diocesano se pensó en la historia de la Parroquia. “A partir de entonces, comenzamos a prepararnos para la celebración de las Fiestas Patronales de este año, sabiendo que recoger la historia de nuestras celebraciones, es invitar a los sacerdotes y religiosas que han sido párrocos o miembros en la comunidad, respectivamente. Además, agregó que “En reuniones de trabajo sobre la Consulta Diocesana, lo que más sobresalió es la necesidad de vivir más la vida de comunión y de un mayor compromiso misionero. Así, se organizó la fiesta con el propósito fundamental para estos 40 años, de ser misioneros”.

La Fiesta del domingo 2 de agosto comenzó con una procesión por las calles del barrio, seguida por gauchos montados a caballo y carretas que acompañaron el paso de la Virgen, finalizando en la puerta del templo con la presencia de la banda militar de Campo de Mayo, que entonó el Himno Nacional frente a la imagen. La Misa Solemne fue presidida por el Obispo de Morón, Luis Guillermo Eichhron, concelebrada por los Padres: Juan Carlos Angolani, Juan José Dondo, Ignacio Giménez, junto al P. Fernando, acompañados por los Diáconos Horacio González y Osvaldo Leguizamón.

Mon. Luis Guillemo manifestó: “Celebrar un aniversario así, significa un corazón lleno de agradecimiento a Dios porque toda la iniciativa es de Él. Es Él que con el Espíritu Santo, mueve los corazones y va haciendo que la comunidad, la familia de hijos de Dios, comience a reunirse junto a Jesús, para celebrar el misterio de la Pascua, para recibir la Palabra, para participar del banquete eucarístico. Esto es lo que va constituyendo la comunión que es la Iglesia. Queremos dar gracias a Dios por aquellas personas que han sido pioneras, que han marcado la historia de esta comunidad.”

Antes de finalizar la Santa Misa, el P. Laguna, expresó su agradecimiento por la presencia del Obispo, y de miembros de la vida sacerdotal y de la vida consagrada que se hicieron presentes, destacando sus vidas de servicio y fidelidad a los demás, en un mundo donde hay gente que se instala para que otros los sirvan. “Son entregas de vida que surgen de Dios, que nos alientan a caminar”, subrayó.

Se recordó también al fallecido P Mingote. Y se expresaron los saludos de los sacerdotes que no pudieron asistir: al P. Rodrigo Vega, al P. Cheni y al P. Jorge Alonso.

Finalmente, el 15 de agosto, Solemnidad de la Asunción de la Virgen María a los Cielos, concluyeron los festejos con la presencia del Obispo Emérito de Morón, Mons. Justo O. Laguna, quien presidió la Eucaristía en la que, además, se agradeció por los 20 años de Ordenación Sacerdotal del Padre Fernando.

Testimonios que expresan una memoria agradecida.

Al concluir la Misa el 2 de agosto, se sirvió el almuerzo del que participaron los sacerdotes presentes junto al Obispo, celebrando un reencuentro fraterno de comunidad agradecida a Dios por tantos dones y por tantos años. Así lo expresaron muchos testimonios, culminando con el brindis y la torta por los cuarenta años.

Seguimos Caminando entrevistó a algunos de ellos:


P. Juan Carlos Angolani:
“De mis 43 años de Cura, estuve aquí 15 años desde el comienzo, como Padre Fundador. Para mí fue una etapa muy fuerte e intensa, muy purificante y fecunda. Acercarme a celebrar los 40 años con otro sacerdote, otros laicos, además de los que estaban en mi época y que siguieron construyendo esta comunidad, es un regalo de Dios . Recibí mucho de esta comunidad, en colaboración, cariño, en tolerancia, y quiero decirles que va este agradecimiento y que sigan confiando en la obra de Dios a través de las pobres fuerzas humanas, que siempre son pequeñas comparadas con la inmensa misión de anunciar a Jesús a toda la gente. No hay que bajar los brazos, porque en el fondo, es la obra del Espíritu Santo. ¡Confíen, Confíen!”

P. Juan José Dondo:
“Hace 14 años que partí de esta Parroquia y siempre los tuve presentes en mi corazón, porque compartí 5 años con ellos como párroco y para mí es un recuerdo imborrable; porque era la primera vez que fui párroco. Fue acá, y por lo tanto tuve que aprender y me enseñaron, eso fue lo grande de la comunidad. Me enseñaron muchísimo a compartir la vida. ¡Que esta parroquia haya cumplido 40 años ya! Y poder festejarlo para mí ha sido un gozo muy grande, y sobre todo, un remanso donde uno viene a abrevarse, a cargar las pilas. Lo que más deseo para esta comunidad, es que sean santos. Que Dios les dé el don de la santidad, porque no hay persona más feliz que el santo. Deseo que la gente ame al Señor y Él los salve y siempre estén unidos a Él”.


P. Ignacio Giménez (Nacho):
Con su mejor bendición para la comunidad, el P. Nacho agradeció, ante todo, los 10 años que pudo compartir como Párroco con esta familia parroquial que ha sido muy bendecida, que tuvo curas muy buenos. “Quiero darle gracias a Dios por estos 40 años y por toda la gente que ha pasado, laicos muy entregados, las religiosas que estuvieron tanto tiempo trabajando. Yo llevo siempre en mi corazón a esta comunidad”.


Hna. Genoveva, de la Congregación de la Misiones Extranjeras de Paris:
Fue la primera hermana que trabajó en la Comunidad y comenzó a ir junto al P. Angolani. Recuerda sus idas al barrio recorriendo en bicicleta sus calles para visitar a los enfermos, acompañando al Padre que iba en su viejo fiat 600. Recordó muchos lindos momentos, emocionada. Y expresó: “La vida sigue adelante, a no desanimarse, que cuando uno empieza el camino hay que seguirlo”.

Hna Pili, de la Companía del Divino Maestro:
La hermana fue parte de esta comunidad y recuerda el surgimiento de su vocación religiosa, a sus padres ayudando al P. Juan Carlos en las primeras misas y comenta: “Lo lindo en la celebración de hoy fue ver tanta gente que sigue unida, tantas familias que se formaron y que continúan estando, que son y que han gestado esta presencia en el barrio”, y expresa: “Que podamos seguir apostando a que la vida sigue, como decía Genoveva. Hay que seguir disfrutándola y ayudando a que se siga dando esto que me ayudó a mí y a mi familia”.☺

Artículo de reflexión

Dicotomía entre culto y corazón, entre culto y vida, entre el decir y el hacer

Si bien hemos sido pensados y queridos como una realidad unitaria, nos es muy difícil resolver esta dicotomía que se manifiesta como una fractura en lo íntimo de nuestro ser. Es una fractura que se manifiesta, no sólo en la división de los pueblos que luchan los unos contra los otros, sino también en cada uno de nosotros (“De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Por lo tanto, si hago lo que no quiero, eso ya no es obra mía sino del pecado que habita en mí” Rom.7,19). Dentro de la misma Iglesia, del mismo Pueblo de Dios.

Esta dicotomía se manifiesta en la ruptura entre el culto y la vida, entre el ser y el hacer. A veces muchos actos de culto sirven solamente para tranquilizar nuestras conciencias y “callar” a Dios ofreciéndole un tributo ¡Dios nos pide mucho más!

Como pueblo elegido tenemos privilegios, pero los privilegios presuponen mayores responsabilidades. Gloriarse en Dios, conocer su voluntad, saber discernir para poder ser luz, es una pesada tarea a la que a menudo faltamos. El mundo que nos rodea es una evidente contradicción entre nuestro decir y nuestro actuar, entre el ser real y el deber ser. Esto nos pasa porque no sabemos, o no queremos, escuchar antes de proclamar, de este modo la Revelación se transforma en un teorema más que en una experiencia vivida.

Aunque hayamos matado al hermano con nuestros “juicios”, y con nuestras faltas de justicia, aunque nos hayamos entregados a la riqueza y al poder que el mundo nos ofrece, aunque nos hayamos dejado corromper por la vanidades de este mundo, si tenemos la capacidad de arrepentirnos, y sobre todo de corregirnos, Dios nos hace un regalo inmerecido: el perdón, ese perdón que nos permite volver a descubrir que el que camina en la “recta vía” gozará de la salvación. En la iglesia de Dios todos somos pecadores y todos somos merecedores de la Gracia en la medida en que reconozcamos nuestro pecado y pidamos perdón.

Cuando nos sentimos perdonados sentimos la alegría de ser cristiano, esa alegría que también deriva de nuestra capacidad de convivencia con los demás. El egoísmo, el aislamiento, el individualismo, hacen que edifiquemos muros de separación que nos impiden vivir la alegría. A menudo tendemos a hacer de la Iglesia un “gueto” de personas “puras”, perfectas, cuando el lugar de la alegría es justamente el del encuentro humilde y concreto con todos; con esta actitud logramos que, en nuestras comunidades, muchos no se sientan cómodos, no se sientan en su casa. (¡No hace muchos años en una parroquia, Caritas tuvo que cambiar el día de reparto, ya que en día sábado, día de bautismo y casamientos, la presencia de esa “gente” no era bien vista!).

Nosotros, que tendríamos que ser testigos de unión, de predilección para los más pobres, los excluidos, los “diversos”, nos hemos transformado, en cierto sentido, en los ricos del mundo: ricos de poder, de bienestar, de progreso.

Pero, la Iglesia nunca puede ser un lugar de privilegiados: la fe no es un privilegio y la caridad se funda en un principio muy simple, aunque a veces algo difícil: aceptar al otro tal cual es, desde su carácter hasta sus costumbres, sus ideas, su condición social y cultural; aceptarlo en su diversidad. De hecho, la diversidad es el testimonio más significativo de la unidad cristiana; además, es justamente la diversidad la que nos hace crecer, nos ayuda a ampliar nuestros horizontes, la que nos permite evitar el peligro del “gueto”.

Para lograr esto nos hace falta una gran humildad; Jesús nos pidió que nos hiciéramos como niños: saber escuchar, saber pedir, saber aprender, saber perdonar, saber comprender, saberse pecador, necesitado de misericordia.

“No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados. Den, y se les dará; se les echará en su delantal una medida colmada, apretada y rebosante. Porque con la medida que ustedes midan serán medidos ustedes.” (Lc. 6,37-38)

Anna Belloni Saraceno

 

Julio ~ Agosto de 2009