Lo que les anunciamos,
es lo que celebramos

En camino hacia una Pastoral Orgánica y rumbo al Primer Congreso Misionero Diocesano.

El 13 de junio, durante la tradicional Fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo, en la que la grey de Morón dio gracias por el inmenso don de la Eucaristía, Mons. Eichhorn remarcó la necesidad de un estilo eucarístico de vida y señaló que toda la tarea misionera de la Iglesia, parte de la celebración eucarística:





“Celebramos la Vida, la Vida Nueva en Cristo. La Pascua es el Misterio de la Vida: ‘Él que es la Vida, entrega su Vida para que tengamos Vida en abundancia' (cf. Jn 10, 10). Y esta Vida Nueva, este Hombre Nuevo , resucitado con Cristo, identificado con Él, es una vida de santidad, de amor, de paz, de comunión, en la verdad y en la justicia.

Es una Nueva Creación , donde los vínculos y relaciones se transforman en amor fraterno, en familia de Dios, en comunidad que vive el gozo y la alegría de la paz y del amor ‘que ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado' (Rom 5,5).

La Eucaristía, es celebración de esta Vida, de este Hombre Nuevo y de esta Nueva Creación. Es memoria, es renovación, es actualización de la Pascua y de la Alianza, es el don de amor de Cristo, en obediencia al Padre, por nosotros.

Por eso alabamos, bendecimos, damos gracias al Padre por este don totalmente gratuito, por el amor misericordioso que nos manifiesta”.

Celebrar este misterio de Vida y de Amor es un compromiso , advirtió el Sr. Obispo. “ Nuestra vida, nuestras comunidades, nuestras familias, deben vivir con gozo y entusiasmo esto que significamos en la celebración festiva de la Misa. De lo contrario, no sería una liturgia auténtica, completa. Le faltaría el testimonio sincero de la vida comunitaria, de un estilo eucarístico de vivir .

La celebración eucarística, con la mesa de la Palabra y la mesa del Cuerpo y Sangre del Señor, construyen esta comunión; debemos poner lo nuestro sabiendo ‘hacer esto en memoria suya', haciendo que lo que celebramos -el don de amor de Cristo- sea también don de amor comunitario al Padre y a cada uno de los hermanos. Es decir, que haya en nosotros una honesta conversión que abra nuestros corazones a un sincero amor fraterno . En el contexto de la Ultima Cena, Jesús nos dio su mandamiento: ‘Ámense unos a otros, como yo los he amado... en esto conocerán todos que son mis discípulos' (cf. Jn 13, 34-35)”.

La Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje está en camino hacia una Pastoral Orgánica y a la realización del 1º Congreso Misionero Diocesano. El Sr. Obispo habló del ideal de Iglesia: “Una Iglesia comunión que sea Iglesia misionera en todas sus actividades, en especial en la atención y cuidado caritativos de los hermanos pobres y necesitados. Una Iglesia eucarística, que de la mano de María, Madre y Modelo, anuncie y viva lo que celebra”. Por ello, al concluir, puso la mirada en la Virgen María, mujer eucarística, que en su Magnificat agradeció y alabó por el misterio de Vida que en Ella se daba, y que compartió (primera misionera) con su prima Isabel.

“Que María nos dé un corazón eucarístico y misionero, repitiéndonos, una y otra vez: ‘Hagan todo lo que El les diga'” .

Editorial

Responsabilidad:
De asumir nuestra parte se trata

Hace unos días fui a un colegio de Hermanas. En la puerta había pegado un cartel pidiendo que se dejen de usar las bolsas de plástico para las compras. Un cartel que intentaba hacer campaña para una mayor conciencia ecológica. Gracias a Dios, hoy se ha logrado una mayor conciencia del cuidado, que todos debemos, al planeta. Sin embargo, observé cómo un transeúnte al mirar el cartel asintió con la cabeza pero a una cuadra del lugar tiró al suelo el envoltorio de su alfajor. Y me sentí identificado. Pensé que si yo hago lo mismo y otro me llama la atención, mi sentimiento es “que no es para tanto”, que un papelito más “no hace nada”. Pero justamente, la conciencia ecológica nos informa, es por esa forma de pensar que el mundo está tan contaminado. Nos dice que es verdad que las fábricas no deben contaminar, pero también, y con la misma fuerza, que cada uno, desde lo pequeño, debe comprometerse a no contaminar.

Creo que esta conciencia ecológica nos puede devolver como sociedad la conciencia de responsabilidad o conciencia de pecado, que se ha disuelto poco a poco en los últimos años. Hay una ecología social, podemos decir, o, mejor dicho, vemos una sociedad contaminada por la corrupción, la inmoralidad, la mentira.

¿Qué significa que yo no tire un papelito frente a este estado de cosas? Significa que de verdad he optado por no contaminar el planeta. ¿Qué significa que me tome con responsabilidad mi voto? Significa que no soy cómplice de la contaminación de la política, significa que decido tomar mi parte de responsabilidad en la gestación de un nuevo país.

Para el cristiano, estas cosas deberían ser naturales a su modo de pensar. Creemos que nuestros pecados, por más pequeños e íntimos que fuesen, contaminan a la comunidad. Con mi indiferencia u omisión, con mi irresponsabilidad y mis actos de pecado, ofendo a Dios y daño a la familia cristiana a la cual estoy íntimamente vinculado por ser parte del Cuerpo de Cristo. Esta es una de las razones por la que nos confesamos con un sacerdote, con un representante de la comunidad. El Cuerpo de Cristo es lo que vemos en el altar, pero también somos nosotros según nos explica San Agustín. La comunión, el Cuerpo de Cristo, quiere unir a todos, está para el bien de todos. La Iglesia tiene como misión, ser signo e instrumento de la unidad intima con Dios y de todos los hombres entre sí.

Que la Eucaristía nos dé fuerza para asumir nuestras responsabilidades. Nunca la fe ha de ser evasión, sino fuerza e impulso para afrontar el compromiso con la vida. Esto nos enseña Jesús con su testimonio de hacerse pan y ofreciéndose como nutriente nos da el vigor que necesitamos, su Gracia. Que nuestra vida toda sea Eucarística: compromiso por todo el mundo, por su salvación.

Pbro. Mauricio Larrosa

 

 

Mayo ~ Junio de 2009