IGLESIA EN EL MUNDO

“El sacerdocio es el amor del
corazón de Jesús”

El Papa convocó a un “Año Sacerdotal” y
proclamó al Santo Cura de Ars, Patrono de
todos los Sacerdotes del mundo.

El Papa Benedicto XVI ha convocado a un Año Sacerdotal, con motivo del 150 aniversario de la muerte del Santo Cura de Ars, a quien proclamó Patrono de todos los Sacerdotes del mundo. Lo abrió el pasado 19 de junio, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús y jornada de santificación sacerdotal, durante la celebración de las vísperas en la Basílica de San Pedro del Vaticano, y en presencia de la reliquia del Cura de Ars traída por el Obispo de Belley-Ars”, monseñor Guy Claude Bagnard.

Según se prevé, la clausura se celebrará justo un año después, con un “Encuentro Mundial Sacerdotal” en la Plaza de San Pedro. Durante este Año jubilar, se publicará un “Directorio para los Confesores y Directores Espirituales” y una recopilación de textos del Papa sobre los temas esenciales de la vida y de la misión sacerdotal en la época actual.
El objetivo es, según expresó Benedicto, “ayudar a percibir cada vez más la importancia del papel y de la misión del sacerdote en la Iglesia y en la sociedad contemporánea”.

Carta de Benedicto XVI

(AICA) Un año para “promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo”, es el deseo que el Papa expresa en su carta dirigida a los “hermanos en el sacerdocio”, cuyo texto se publicó en castellano, portugués, inglés, francés, italiano, alemán y polaco.

En su carta, firmada en el Vaticano el pasado martes 16 de junio, el Papa dice textualmente: “Confío este Año Sacerdotal a la Santísima Virgen María, pidiéndole que suscite en cada presbítero un generoso y renovado impulso de los ideales de total donación a Cristo y a la Iglesia que inspiraron el pensamiento y la tarea del Santo Cura de Ars”.

Al recordar la expresión de este santo sacerdote que decía con frecuencia: “el sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”; el Papa dice que hay que “reconocer con devoción y admiración el inmenso don que suponen los sacerdotes, no sólo para la Iglesia, sino también para la humanidad misma”. Y añade que tiene presente “a todos los presbíteros que con humildad repiten cada día las palabras y los gestos de Cristo a los fieles cristianos y al mundo entero, identificándose con sus pensamientos, deseos y sentimientos, así como con su estilo de vida”. De ahí que Benedicto XVI se pregunte ¿cómo no destacar sus esfuerzos apostólicos, su servicio infatigable y oculto, su caridad que no excluye a nadie? Mientras añade: ¿qué decir de la fidelidad entusiasta de tantos sacerdotes que, a pesar de las dificultades e incomprensiones, perseveran en su vocación de “amigos de Cristo”, llamados personalmente, elegidos y enviados por Él?

De la expresión utilizada por el santo Cura de Ars, el Pontífice dice que también evoca “la herida abierta en el Corazón de Cristo y la corona de espinas que lo circunda”. Y así prosigue el Papa: “ Pienso en las numerosas situaciones de sufrimiento que aquejan a muchos sacerdotes, porque participan de la experiencia humana del dolor en sus múltiples manifestaciones o por las incomprensiones de los destinatarios mismos de su ministerio: ¿Cómo no recordar a tantos sacerdotes ofendidos en su dignidad, obstaculizados en su misión, a veces incluso perseguidos hasta ofrecer el supremo testimonio de la sangre?”

Sin embargo, Benedicto XVI también destaca en su carta las situaciones, “nunca bastante deploradas, en las que la Iglesia misma sufre por la infidelidad de algunos de sus ministros”. En estos casos, dice el Papa “es el mundo el que sufre el escándalo y el abandono. Ante estas situaciones, lo más conveniente para la Iglesia no es tanto resaltar escrupulosamente las debilidades de sus ministros, cuanto renovar el reconocimiento gozoso de la grandeza del don de Dios, plasmado en espléndidas figuras de Pastores generosos, religiosos llenos de amor a Dios y a las almas, directores espirituales clarividentes y pacientes. En este sentido, la enseñanza y el ejemplo de san Juan María Vianney pueden ofrecer un punto de referencia significativo”.

Al final de su carta, el Papa reafirma que “con su ferviente vida de oración y su apasionado amor a Jesús crucificado, Juan María Vianney alimentó su entrega cotidiana sin reservas a Dios y a la Iglesia”. Por esta razón, el Santo Padre desea “que su ejemplo fomente en los sacerdotes el testimonio de unidad con el Obispo, entre ellos y con los laicos, tan necesario hoy como siempre”. Mientras no duda en afirmar que “a pesar del mal que hay en el mundo, conservan siempre su actualidad las palabras de Cristo a sus discípulos en el Cenáculo: “En el mundo tendrán luchas; pero tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16, 33).
La fe en el Maestro divino nos da la fuerza para mirar con confianza el futuro. “Queridos sacerdotes, escribe Benedicto XVI al final de su carta y antes de impartirles su bendición apostólica, Cristo cuenta con ustedes. A ejemplo del santo Cura de Ars, déjense conquistar por Él y serán también ustedes, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz”.


Oración para el Año Sacerdotal


Jesús, Buen Pastor,

que has querido guiar a tu pueblo

mediante el ministerio de los sacerdotes:

¡gracias por este regalo para tu Iglesia y para el mundo!

 

Te pedimos por quienes has llamado a ser tus ministros:

cuídalos y concédeles el ser fieles.

Que sepan estar en medio y delante de tu pueblo,

siguiendo tus huellas e irradiando tus mismos sentimientos.

 

Te rogamos por quienes se están preparando

para servir como pastores:

que sean disponibles y generosos

para dejarse moldear según tu corazón.

 

Te pedimos por los jóvenes a quienes también hoy llamas:

que sepan escucharte y tengan el coraje de responderte,

que no sean indiferentes a tu mirada tierna y comprometedora,

que te descubran como el verdadero Tesoro

y estén dispuestos a dar la vida "hasta el extremo".

 

Te lo pedimos junto con María, nuestra Madre de Luján,

y San Juan María Vianney, el Santo Cura de Ars,

en este Año Sacerdotal. Amén.




La importancia del sacerdocio ministerial como presencia de Cristo Salvador

Día del Sacerdote en Morón

Por la tarde noche del miércoles 8 de abril, Miércoles Santo, Mons. Eichhorn presidió la Misa Crismal en la Iglesia Catedral. En el Día del Sacerdote, todos los presbíteros renovaron sus promesas sacerdotales, fue consagrado el Santo Crisma y bendecidos los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

Si bien, todos los miembros del pueblo de Dios son sacerdotes por el bautismo, Mons. Eichhorn remarcó que aquellos que han sido instituidos por el sacramento del Orden Sagrado, tienen una diferencia esencial con el resto del pueblo. “No en un grado más alto, lo que indicaría poder y supremacía, sino que dentro de un mismo rango, el sacerdocio ministerial significa configuración plena con Jesucristo, que es sacerdote para siempre. Cuando el sacerdote actúa, es el mismo Cristo quien lo hace con la misma eficacia que tuvo su sacrificio en la Cruz.
Cuando el sacerdote dice: 'Esto es mi Cuerpo, esta es mi Sangre'. Lo dice en nombre de Cristo, identificado con Él. Cuando dice: 'Yo te bautizo, yo te absuelvo', es Cristo el que actúa a través del ministerio sacerdotal”, subrayó, señalando que el sacerdote siempre será presencia de Cristo, no por mérito propio, sino por un regalo gratuito de Dios, inmerecido.

 

Un tesoro en vasijas de barro
“Somos hombres de barro. El sacerdote también es un pecador y tiene que acercase humildemente a pedir la absolución de sus pecados. En esta realidad humana se produce ese misterio extraordinario de Jesús que salva. Por eso, Monseñor enfatizó la importancia del aprecio al sacerdote, la oración por ellos, la colaboración con ellos, para que puedan verdaderamente ser presencia de Jesús. Presencia real, sacramental y eficaz pero, sobre todo, presencia testimonial de Cristo”.☺


Solemnidad del Sagrado
Corazón de Jesús


Inicio del Año Sacerdotal

Con diferentes celebraciones, los Decanatos recibieron el Año Sacerdotal propuesto por el Papa Benedicto XVI, que comenzó el 19 de junio, Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús.

Ese día, Mons. Eichhorn presidió la Misa Solemne en honor al Sagrado Corazón, en la Parroquia bajo su patronazgo en Haedo, que conduce el Delegado Pastoral de la Diócesis, Pbro. Osvaldo Nápoli. Allí, la comunidad elevó su oración por el Año Sacerdotal y por la predisposición de los sacerdotes a la perfección espiritual, de la que depende, sobre todo, la eficacia de su ministerio.

El Sr. Obispo puso su mirada en el corazón de Jesús, del cual brotó sangre y agua, recordando que en las Bodas de Caná todavía no había llegado su hora y el agua que convirtió en vino, fue para que continúe la fiesta. Pero en la cruz, sí llegó su hora y amando a todos hasta el extremo, entregó su vida. De su corazón traspasado salió sangre y agua. “Esa sangre es el vino nuevo de las Bodas del Cordero. Vino que es vida, que purifica, que sella una alianza de comunión. Sangre que compra a todos los hombres del mundo”, explicó, y señaló las palabras del Evangelio: “El que tenga sed venga a mí y beba”. “De su interior manará un manantial de agua viva. Jesús se refería al Espíritu Santo que iba a dar a los que creyeran en Él”. “De su corazón sale el agua viva, el agua del Espíritu. Es el amor de Dios que se difunde en nuestros corazones, que hace de nosotros hombres nuevos con un corazón de carne y ya no de piedra, como dice el profeta Ezequiel”.

Mirar el Sagrado Corazón de Jesús tiene que llevar a agradecer y alabar al Padre por la infinita profundidad de sus amor. El Sr. Obispo llamó a orar al Señor para pedirle un corazón semejante al suyo, que ame y lata como el de Él, y que en sus latidos tenga el nombre de cada hermano. “Este Corazón, hoy es la Eucaristía. Es el Espíritu Santo el que hace que el pan y el vino sean el Cuerpo y la Sangre de Jesús, para que nosotros, comiéndolo y bebiéndolo, nos hagamos semejantes a Él. Seamos cristos en el mundo, amando como Jesús, transformando la cruda realidad al hacer presente el Reino del amor, de la paz y la justicia. Reino que hace sentirnos a todos hermanos, una familia unida por el vínculo del amor”.

 

 

 

 

Mayo ~ Junio de 2009