Nuestra Diócesis

Carta pastoral - Pascua 2009

“Discípulos misioneros, ustedes son
la luz del mundo y la sal de la tierra”

La alegría pascual, testimonio y anuncio.

“Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Pedro !” (Lc. 24, 34).

Este es el gozoso anuncio del domingo de Pascua, el mismo que llenaba de alegría el corazón de los discípulos. Para ellos esto era un acontecimiento, una certeza, basada en el testimonio y la experiencia de Pedro, a la que se suma la de los discípulos de Emaús:

“Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan” (Lc. 24, 35).

Este clima de gozo, exultante, tiene un motivo: ¡Jesús ha resucitado, y está entre nosotros! Ahora todo cobra sentido, se abre una nueva esperanza: el Reino de Dios está entre nosotros, porque reconocemos a Jesús, Hijo de Dios, Mesías y Salvador, que entregó su vida por nuestra salvación y resucitó al tercer día; El nos da la Vida Nueva llenándonos de su Espíritu. El nos reúne como familia de Dios en la Iglesia, porque todos somos hermanos, hijos de un mismo Padre, el Padre de Jesús y nuestro Padre del Cielo. Esto marcará sus vidas, y a partir de este momento, no podrán hacer otra cosa que contar, anunciar, dar testimonio de lo que vivieron: serán discípulos misioneros.

El texto evangélico, mas adelante, continúa:

“Después les dijo: ‘Cuando todavía estaba con ustedes, yo les decía: es necesario que se cumpla todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos'. Entonces les abrió la inteligencia para que pudieran comprender las Escrituras, y añadió: ‘Así estaba escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre, debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto. Y yo les enviaré lo que mi Padre les ha prometido'…” (Lc. 24, 44-49).

 

Iglesia, comunidad misionera.

Con la efusión del Espíritu, nace una Iglesia, comunidad de discípulos misioneros, que con su testimonio, con su palabra, con su entrega hasta el martirio llevan la Buena Noticia de la salvación por todo el mundo.

Y aquí estamos nosotros, Iglesia del tercer milenio, Iglesia en América Latina, Iglesia en la Argentina, Iglesia en Morón, la Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje, sintiéndonos animados por el mismo entusiasmo.

Hoy, celebrando la Pascua, la resurrección del Señor, queremos reconocernos como discípulos misioneros, luz del mundo, sal de la tierra, y nos sentimos urgidos por la palabra del Señor: “¡Vayan, anuncien…!”.

Resuenan en nuestros corazones el llamado misionero de los Obispos argentinos: “Estamos llamados a trabajar tenazmente en nuestras diócesis para que el único programa del Evangelio y el proyecto de Dios sea el centro de la vida de cada comunidad eclesial (…). Es tarea urgente de cada diócesis, presidida por el Obispo como pastor, lograr que la fuerza viva de Jesucristo y de su Evangelio lleguen hasta el último rincón del territorio y a todos sus sectores y ambientes evangelizando la cultura” (NMA 70).

En el documento de Aparecida, por su parte, se nos dice:

“En América Latina y El Caribe, cuando muchos de nuestros pueblos se preparan para celebrar el bicentenario de su independencia, nos encontramos ante el desafío de revitalizar nuestro modo de ser católico y nuestras opciones personales por el Señor, para que la fe cristiana arraigue más profundamente en el corazón de las personas y los pueblos latinoamericanos como acontecimiento fundante y encuentro vivificante con Cristo. El se manifiesta como novedad de vida y de misión en todas las dimensiones de la existencia personal y social. Esto requiere, desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera, en diálogo con todos los cristianos y al servicio de todos los hombres. De lo contrario, el rico tesoro del Continente Americano… su patrimonio más valioso: la fe en Dios amor… corre el riesgo de seguir erosionándose y diluyéndose de manera creciente y diversos sectores de la población…” (DA 13). Y más adelante:

“Aquí está el reto fundamental que afrontamos: mostrar la capacidad de la Iglesia para promover y formar discípulos y misioneros que respondan a la vocación recibida y comuniquen por doquier, por desborde de gratitud y alegría, el don del encuentro con Jesucristo. No tenemos otro tesoro que éste. No tenemos otra dicha ni otra prioridad que ser instrumentos del Espíritu de Dios, en Iglesia, para que Jesucristo sea encontrado, seguido, amado, adorado, anunciado y comunicado a todos, no obstante las dificultades y resistencias” (DA 14).

Es el lanzamiento de la Misión Continental, es el momento de recobrar el espíritu misionero, de ponernos en estado de misión permanente: por tanto, Iglesia en Morón ¡Una Iglesia misionera, todos discípulos misioneros, luz del mundo y sal de la tierra!

Convoco, pues, a toda la Iglesia diocesana, a cada uno de sus miembros, a asumir este desafío y mandato del Señor.

 

Iglesia diocesana en estado de misión permanente:
Hacia el 1º Congreso Misionero.

Para esto, realizaremos el 1º Congreso Misionero Diocesano , poniéndonos, ya ahora, en camino de preparación del mismo, que realizaremos, Dios mediante, entre los días 21 y 23 de Mayo del año 2010.

Queremos instalar la misión permanente en cada parroquia, comunidad y movimiento como espíritu y estilo de todo su accionar pastoral y que todos sus miembros sean sus protagonistas, dando lineamientos pastorales-misioneros para este fin.

Queremos especialmente buscar formas concretas de evangelización adecuadas a nuestra realidad diocesana, y alentar y convocar a más agentes animadores de la misión, especialmente jóvenes.

He encomendado al Consejo Pastoral Diocesano asumir esta tarea, que se integra de por sí plenamente al itinerario de Pastoral Orgánica, y apoyar al Equipo Diocesano de Animación Misionera, que es el encargado de planificar y animar este 1º Congreso Misionero.

Se trabajará en cada parroquia, comunidad, movimiento, instituciones educativas, etc., en el estudio, análisis, propuestas, desde el material que oportunamente el Equipo Diocesano dispondrá a tal efecto. Todo este año de preparación deberá prioritariamente centrarse en la oración: sin una mística profunda, sin la ayuda y gracia del Espíritu Santo, no podemos hacer nada.

Ruego encarecidamente a todos los sacerdotes asumir y animar este trabajo de preparación en sus comunidades, participando activamente en todas las fases del Congreso. Todos somos concientes de la necesidad de una profunda renovación de nuestras comunidades, desde una sincera conversión personal y pastoral (cf. DA 366-370). Sólo asumiendo con firme opción la nueva evangelización, renovaremos nuestras comunidades; recordemos lo que dice Aparecida:

“Esta firme decisión misionera debe impregnar todas la estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera…” (DA 365).

Asumo esta exhortación de Aparecida y la propongo a toda la Diócesis. Como nos decía Navega Mar Adentro, todos alentando y sosteniendo “una más orgánica y vigorosa acción evangelizadora” (NMA 1).

¡Iglesia de Morón, Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje, Iglesia misionera: navega mar adentro, echa las redes!”

Que nuestra Madre, la primera misionera, nos ayude y acompañe, mostrándonos el camino.

¡Felices Pascuas! Mi bendición para todos.

 

Morón, 12 de abril de 2009, Pascua del Señor.

Luis Guillermo Eichhorn
Obispo de Morón


ORACIÓN DEL COMIDI1. Morón 2010

Padre bueno, que nos enviaste a tu Hijo Jesús,
nosotros, tus discípulos en la Iglesia de Morón,
te pedimos que nos asistas
con tu Santo Espíritu
en el Primer Congreso Diocesano Misionero. 

Tú nos enseñas a renovar nuestra fe,
y deseas que de esta forma seamos guía
y esperanza de nuestros hermanos. 

Despierta en nosotros
los deseos, anhelos y coraje
para ser luz del mundo y sal de la tierra
y así llegar hasta el último rincón
donde haya un hermano que te necesita.

En la misión, anímanos a hacer como Jesús,
teniendo nuestro corazón disponible
y nuestros ojos empapados de esperanza,
para dar la vida por nuestros hermanos.

Te lo pedimos por la intercesión de Nuestra Señora del Buen Viaje,
nuestra Madre,
y por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

Hacia el Primer Congreso Misionero Diocesano

Nuestro Obispo Luis Guillermo nos ha enviado una carta pastoral en esta Pascua. En la alegría del encuentro con el Resucitado nos invita como diócesis a recobrar el espíritu misionero, a ponernos en estado de misión permanente, en definitiva, a ser una Iglesia misionera, todos discípulos misioneros, luz del mundo y sal de la tierra. Para esto propone la celebración del 1º Congreso Misionero Diocesano.

El lema será: “Discípulos misioneros, ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra.” En este lema se quiere resaltar que todos somos discípulos y que todos somos misioneros; discípulos misioneros son dos caras de una misma moneda. Por eso sentimos que Jesús nos llama a todos los miembros de la Iglesia diocesana a ser protagonistas de la misión permanente. En las palabras del Evangelio en que se inspira el lema se transmite que el mundo y la tierra son mirados con bondad por el Maestro. Por eso queremos buscar formas concretas de evangelización adecuadas a nuestra realidad diocesana. La luz hace referencia al Maestro mismo, al evangelio y a su anuncio. La sal nos habla del testimonio de caridad y unidad, de las preguntas que suscita el estilo de vida de la comunidad cristiana, testimonio de una forma nueva de ser Iglesia y fermento de transformación de la realidad. Esta luz y esta sal son muy necesarias en el momento de la historia que nos toca vivir.

Por eso, la necesidad de convocar más agentes animadores de misión, especialmente jóvenes. Jesús cuenta con cada uno de nosotros. Puede que seamos una pequeña luz, como una frágil lámpara de barro que tiene que iluminar toda una casa, o como unos pobres granos de sal, pero el Maestro nos necesita.

Como el llamado a ser discípulos misioneros, sal y luz, es para todos, están convocados para participar en el Congreso representantes de toda la diócesis: Quince participantes por parroquia, de los cuales cinco serían agentes pastorales no específicamente misioneros (catequistas, secretarias parroquiales, etc.), cinco específicamente misioneros (misioneras de manzana, grupos misionero, etc.), y cinco jóvenes con experiencia pastoral. Está abierta la posibilidad de que las parroquias soliciten un cupo mayor, por ejemplo, según la realidad parroquial o para que participen todos los integrantes de un grupo misionero.
Cinco participantes por movimientos, dos por instituciones diocesanas, dos por áreas pastorales, diez por comunidades educativas, de los cuales cinco serían directivos o docentes, y cinco alumnos. Y todos los miembros del Consejo pastoral diocesano, todos los sacerdotes, todos consagrados, todos los miembros del Equipo diocesano de misión

Celebrar un Congreso va mucho más allá de tener 3 días de encuentro. Aunque el Congreso se celebrará del 21 al 23 de Mayo del 2010, tenemos todo este año de preparación. Ya que supone que todos en la diócesis nos reconozcamos cada vez más discípulos misioneros; lo primero que proponemos para prepararnos es una novena de Pentecostés con 9 encuentros de oración y sugerimos una celebración de Pentecostés por decanatos. Luego se propondrá todo un trabajo de reflexión por parte de los congresistas, a partir del material que se entregará como subsidio y de los resultados de la encuesta diocesana. Por eso, la inscripción comienza el 8 de Mayo de este año. Si estás interesado en participar, dirígete al responsable de tu comunidad. Para cualquier aporte o duda, ponte en contacto con nosotros: comidi1@yahoo.com.ar


Hna. Esther Vivas Pérez
Equipo de Animación Misionera Diocesano (EDAM)

 

PORTAL MISIONERO CATÓLICO:
http://www.seguimoscaminando.org.ar/misioneros/portalmisioneromoron.htm


Editorial

El desafío de la libertad


Este número sale a la luz después de Pascua y a las puertas de Pentecostés, Cristo nos liberó de las ataduras del pecado y de la muerte y nos envía su Espíritu, Espíritu de libertad, que nos hace hijos. Además cuenta con numerosos testimonios de opciones y compromisos en pos de una sociedad más humana, más auténticamente libre. Por eso pensamos que la libertad no se consigue sino a través de un proceso, un camino que es humano y que es también dependiente del Don de Dios.

Muchas corrientes de pensamiento han hablado de la libertad y han marcado la conciencia de nuestra sociedad. Todas ellas portan algunas notas que pertenecen a la verdad profunda, pero también sus puntos de vista la sesgan. Es bueno tomar de cada una lo mejor en cuanto sea posible.

Son tres las que más han marcado nuestra historia reciente. La más presente en las conciencias sea quizá la concepción que busca sacar todo obstáculo que disminuya las posibilidades de un individuo. La libertad consistiría en asegurar que cada uno pueda “cantar su propio canto”. Otra concepción, rica e influyente, es la que considera a la libertad como una conquista de la sociedad toda. Somos seres familiares. No puedo ser libre si mi hermano, si mi pueblo, no lo es. La libertad consistiría en que un pueblo pueda ser autor de su propio destino sacando todo lo que lo oprime. La tercera concepción, una muy antigua, fue muy presente en las conciencias pero quizá hoy ya no tanto. Si las dos anteriores ven la libertad como una liberación de algo exterior a las personas y los pueblos, ésta considera la libertad como una liberación de las propias limitaciones y fuerzas interiores. Si vemos el orden de la naturaleza, cómo todo se hace perfectamente en sus ciclos, se pregunta por qué el hombre, teniendo libertad, es tan desordenado. En la experiencia cotidiana puede ayudar el ejemplo: no tengo ganas de estudiar, de trabajar, etc., pero si les hago caso a mis ganas, seguro que no conseguiré lo que deseo, seguro que haré sufrir a mi familia, etc. Concluye que el hombre, individuo y sociedad, para ser libre debe elegir refrenar sus impulsos acomodándolos al orden y armonía de la naturaleza.

Este brevísimo repaso sobre algunas concepciones de libertad nos permite ver que es una cuestión rica, compleja, y que somos seres que se relacionan consigo mismo, su interioridad, con los demás, la sociedad, con la naturaleza, el cosmos. Y que la libertad se presenta siempre como un desafío.

Para el cristiano, ser libre es además otra cosa: es haber pasado por la Pascua y haber recibido la fuerza del Espíritu Santo que nos hace hijos adoptivos de Dios y Pueblo suyo. Es vivir según el querer de Dios, nuestro creador y nuestro Padre, y que nos ha mostrado Jesucristo. Es vivir en la verdad. “Solo la verdad los hará libres”, Cristo es la verdad. Por eso para nosotros ser libres es tener por regla el Evangelio, es amar como Jesús. Es estar libres de todo lo que impida estar disponibles al Espíritu.

Es verdad que es un tema arduo para unas pocas líneas, pero quería, querido amigo lector, dejarte la inquietud. Hay una conquista, un desafío, de educación, de oración, de itinerario, de búsqueda comunitaria: ¡Caminemos hacia la libertad!

Pbro. Mauricio Larrosa

Visita ad límina de los Obispos argentinos

El sábado 14 concluyó la visita del primer grupo de Obispos del país, entre quienes estuvo Mons. Eichhorn. Esta visita a la Santa Sede la realizan los Obispo del mundo cada cinco años, para informar al Papa sobre la situación particular de cada Diócesis.

Durante el encuentro, el Cardenal Jorge Bergoglio, Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, en su alocución ante el Papa, advirtió sobre el "escándalo" de la pobreza y la exclusión en el país, e hizo hincapié en la "profunda" crisis de valores que afecta los cimientos de la sociedad y que a su entender ponen, a la Argentina "frente al peligro de la descomposición del tejido social".
“Somos conscientes de que el drama de nuestro tiempo es la ruptura entre Evangelio y cultura. Las familias, las instituciones y la sociedad en general, no encuentran nuevos cauces para sostenerse y creer. En nuestro país la pérdida de los valores que fundan la identidad como pueblo nos sitúa ante el riesgo de la descomposición del tejido social (cfr. NMA 24-25).
El desafío radical que hemos de asumir en Argentina es precisamente esta profunda crisis de valores de la cultura en la que toman fuerza otros graves problemas: el escándalo de la pobreza y la exclusión social, la crisis del matrimonio y la familia, la necesidad de mayor comunión. En la raíz misma del estado actual de la sociedad percibimos la fragmentación que cuestiona y debilita los vínculos del hombre con Dios, con la familia, con la sociedad y con la Iglesia (cfr. NMA 23)", aseveró el primado.

“Sin embargo, con la esperanza que nos infunde el Espíritu Santo, vemos en esta crisis una ocasión providencial para escuchar la llamada de Jesús a crecer como Nación. A pesar del desgaste social, en nuestra patria subsisten reservas de valores fundamentales: la lucha por la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la defensa de la dignidad humana, el aprecio por la libertad, la constancia y preocupación por los reclamos ante la justicia, el esfuerzo por educar bien a los hijos, el aprecio por la familia, la amistad y los afectos, el sentido de la fiesta y el ingenio popular que no baja los brazos para resolver solidariamente situaciones difíciles en la vida cotidiana (cfr. NMA, 28).” “Nuestro pueblo ama a la Virgen María y la venera en sus múltiples advocaciones, peregrina a sus Santuarios.” “Todos estos son signos de esperanza que nos alientan al anuncio de Jesucristo, a la búsqueda de nuevos modos en la transmisión de la fe”.

Discurso del Santo Padre

En su alocución, Benedicto XVI pidió al primer contingente de Obispos argentinos un gran esfuerzo por promover las vocaciones al sacerdocio. Al respecto, señaló que sería oportuno proyectar una pastoral matrimonial y familiar más incisiva, que tenga en cuenta la dimensión vocacional del cristiano, así como una pastoral juvenil más audaz, que ayude a los jóvenes a responder con generosidad al llamado que Dios les hace:

“Habéis venido hasta aquí para venerar los sepulcros de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y compartir con el Obispo de Roma las alegrías y esperanzas, las experiencias y las dificultades de vuestro ministerio episcopal. La visita ad limina es un momento significativo en la vida de todos aquellos a quienes se les ha confiado el cuidado pastoral de una porción del Pueblo de Dios, pues en ella muestran y refuerzan su comunión con el Romano Pontífice.

El Señor fundó la Iglesia para que sea «como un sacramento o signo y instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano» (Lumen gentium, 1). La Iglesia es en sí misma un misterio de comunión, un «pueblo unido por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (ibíd., 4). En efecto, Dios ha querido llevar a todas las gentes a la plenitud de la salvación haciéndolas partícipes de los dones de la redención de Cristo y entrar así en comunión de vida con la Trinidad.

El ministerio episcopal está al servicio de la unidad y de la comunión de todo el Cuerpo místico de Cristo. El Obispo, que es el principio y fundamento visible de unidad en su Iglesia particular, está llamado a impulsar y defender la integridad de la fe y la disciplina común de toda la Iglesia, enseñando además a los fieles a amar a todos sus hermanos (cf. ibíd., 23).

Deseo expresar mi reconocimiento por vuestra voluntad decidida de mantener y afianzar la unidad en el seno de vuestra Conferencia Episcopal y de vuestras Comunidades diocesanas. Las palabras de Nuestro Señor «que todos sean uno» (Jn 17, 21) han de ser una fuente constante de inspiración en vuestra actividad pastoral, lo que redundará sin duda en una mayor eficacia apostólica. Esta unidad, que debéis promover con intensidad y de manera visible, será además fuente de consuelo en el grave cometido que se os ha confiado. Gracias a esta colegialidad afectiva y efectiva, ningún Obispo está solo, porque está siempre y estrechamente unido a Cristo, Buen Pastor, y también, en virtud de su Ordenación episcopal y de la comunión jerárquica, a sus hermanos en el episcopado y a quien el Señor ha elegido como Sucesor de Pedro (cf. Juan Pablo II, Pastores gregis, 8). Deseo manifestaros ahora de modo especial, que contáis con todo mi apoyo, mi oración diaria y mi cercanía espiritual en vuestras fatigas y desvelos para hacer de la Iglesia «la casa y la escuela de comunión» (Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, 43).

Este espíritu de comunión tiene un ámbito privilegiado de aplicación en las relaciones del Obispo con sus sacerdotes. Conozco bien vuestra voluntad de prestar una mayor atención a los presbíteros y, con el Concilio Vaticano II, os animo a preocuparos con amor de padre y hermano «de su situación espiritual, intelectual y material para que puedan vivir santa y religiosamente y puedan realizar su ministerio con fidelidad y fruto» (Christus Dominus, 16). Asimismo, os exhorto a extremar la caridad y la prudencia cuando tengáis que corregir enseñanzas, actitudes o comportamientos que desdicen de la condición sacerdotal de vuestros más estrechos colaboradores y que pueden, además, dañar y confundir la fe y la vida cristiana de los fieles.

El papel fundamental que desempeñan los presbíteros os ha de llevar a realizar un gran esfuerzo para promover las vocaciones sacerdotales. A este respecto, sería oportuno proyectar una pastoral matrimonial y familiar más incisiva, que tenga en cuenta la dimensión vocacional del cristiano, así como una pastoral juvenil más audaz, que ayude a los jóvenes a responder con generosidad al llamado que Dios les hace. También es necesario intensificar la formación de los seminaristas en todas sus dimensiones: humana, espiritual, intelectual, afectiva y pastoral, llevando a cabo además una eficaz y exigente labor de discernimiento de los candidatos a las sagradas órdenes.

En esta óptica de profundizar en la comunión dentro de la Iglesia, es de suma importancia reconocer, valorar y estimular la participación de los religiosos en la actividad evangelizadora diocesana, a la que enriquecen con la aportación de sus respectivos carismas.

También los fieles, en virtud de su bautismo, están llamados a cooperar en la edificación del Cuerpo de Cristo. Para ello hay que llevarlos a tener una experiencia más viva de Jesucristo y del misterio de su amor. El trato permanente con el Señor mediante una intensa vida de oración y una adecuada formación espiritual y doctrinal aumentará en todos los cristianos el gozo de creer y celebrar su fe y la alegría de pertenecer a la Iglesia, impulsándoles así a participar activamente en la misión de proclamar la Buena Noticia a todos los hombres”.

 

Marzo ~ Abril de 2009