“No temas, desde ahora serás
pescador de hombres” (Lc 5, 10)

Bodas de Plata Sacerdotales del
Padre Hugo Lagoria

1983 - 12 de diciembre 2008

En la fiesta de la Virgen de Guadalupe, el 12 de diciembre de 2008, el P. Hugo Lagoria celebró sus Bodas de Plata Sacerdotales, dando gracias al Señor con una Misas al mediodía, junto al presbiterio de Morón y, por la tarde, junto a sus familiares y la feligresía de la Parroquia Nuestra Señora de Luján de Morón Sur.

Mons. Justo O. Laguna, Obispo Emérito de Morón, presidió la primera celebración, manifestando su gratitud a nuestro Obispo Mons. Eichhorn, allí presente, por su gesto de cederle el lugar. Concelebraron, además: el Obispo de Merlo Moreno, Mons. Bargalló; el Obispo de Cruz del Eje, Mons. Olivera; y numerosos sacerdotes.



La felicidad en el sacerdocio
Mons. Laguna consideró que es fundamental la felicidad en el sacerdocio. Recordó que en el rito de ordenación “cuando los presbíteros imponen la mano sobre el sacerdote, están dando cuenta de un cuerpo sacerdotal, el sacerdote no está solo, sino junto a sus hermanos. La unión con el Obispo es fundamental, no hay un sacerdocio individual, hay que estar unido a la cabeza que es el Obispo, y que es Cristo.
Además, el Presbítero tiene que ejercer tres acciones claves en el sacerdocio:
La primera, predicar la Palabra de Dios, que en estos tiempos es muy difícil.
La segunda función del presbítero que no puede delegar, es la consagración de la Eucaristía, que es la fuente y culmen de la vida cristiana. Hay otros sacramentos que tampoco los puede compartir, que son la unción de los enfermos y la penitencia. ¿Qué sería de nosotros si no existiera la confesión? No sólo para los demás, sino para nosotros mismos. Es muy importante descubrir que somos instrumentos de la misericordia de Dios que no se acaba.
Por último, ustedes son rectores del pueblo. Participan de la caridad del Obispo de distinta manera según el carisma de cada uno. El sacerdote diocesano recibió del Concilio Vaticano II una espiritualidad, que es 'la caridad pastoral'. El Concilio subraya que lo propio del Obispo y del presbiterio diocesano es dicha caridad pastoral, que es entregar la vida por las ovejas”.

Volviendo a referirse al P. Lagoria, trajo a la memoria su tiempo de seminarista cuando arribó a Morón como su segundo Obispo. Y mencionó su devoción a la Virgen María en su advocación de Guadalupe. Devoción que comenzó cuando el P. Farrell, quien se ordenó junto con él, eligió esa fecha. Si bien el P. Hugo no estuvo conforme en un principio, posteriormente le estaría muy agradecido, y hoy, María de Guadalupe ocupa un lugar central en su vida.
Nuestro Obispo Emérito finalizó diciendo a los presbíteros presentes: “Si bien la vida está llena de cruces, el sacerdocio es una fuente de alegría. ¡Gocen el sacerdocio!”.

Al hacer uso de la palabra, el homenajeado describió lo rápido que los años han pasado, con el deseo de que las Bodas de Oro lo encuentren en el Reino de los Cielos junto al Señor, aprovechó la ocasión para hacer un acto de reparación con la Guadalupana: “Siempre amé a la Virgen María, sobre todo en su advocación de Fátima, que desde pequeño mi madre y a su manera nos supo transmitir, llevándonos los días 13 a celebrar la Fiesta de Fátima. Hoy, con mis hermanos continuamos con esa tradición familiar. En su momento, cuando me enteré de la fecha de Ordenación no me gustó nada, yo quería la fecha de San José. Con el paso del tiempo, a medida que fui creciendo en el misterio de Dios en esta aparición en el Tepeyac, Méjico, y en la medida en que fui comprendiendo la predilección manifestada por el pueblo americano, dado que María tiene los colores y rasgos de los habitantes del Tepeyac, y en que descubrí la predilección que Dios ha tenido también por mí, siento una profunda alegría.
Tengo la imagen de la Guadalupana en mi casa y cuando paso y la veo, recuerdo las palabras que María le dijo Juan Diego: “¿No soy yo Madre? Y eso es lo que yo siento de María, su maternidad. Quisiera que sus ojos también me tuvieran en sus pupilas para que yo goce como gozó, sin duda, Juan Diego y aquellos que presenciaron el milagro del Tepeyac”, expresó, pidiendo que siempre lo tengan presente en sus oraciones, que siempre le pueda dar gracias al Señor en el sacerdocio.

“El Padre José María Recondo tuvo mucho que ver para que hoy le pueda dar gracias al Señor de este modo. Él fue quien me acompañó durante muchos años, hasta que vio que llegó el momento de la Ordenación. Me largó de la mano. Yo siempre confié en aquellos que el Señor pone a nuestro lado para ayudarnos a crecer en la santidad, he confiado mucho en los Obispos, en ustedes, y en la dirección espiritual. Todo lo que mi director espiritual me decía intento cumplirlo”.

Concluyó con emotivas palabras de gratitud hacia sus hermanos en el sacerdocio. “Ustedes son las flores que en el Tepeyac encontró Juan Diego para dar testimonio al Obispo que verdaderamente la Madre de Dios estaba presente allí. Ustedes son, entonces también, aquellos que dan testimonio de que Cristo vive y que está en medio de nosotros”.☺

 

Enero ~ Febrero de 2009