Cuaresma 2009

Mensaje de Mons. Eichhorn

“El tiempo se ha cumplido: el Reino de Dios está cerca.
Conviértanse y crean en la Buena Noticia”
(Mc 1, 15).

Estas palabras de Jesús en el comienzo de su misión, iluminan de modo especial el tiempo de Cuaresma.

“El tiempo se ha cumplido…”

Ha llegado el Mesías, tan esperado por el pueblo de Israel; hoy Jesús, muerto y resucitado, está entre nosotros. Es el Hijo, entregado por el Padre para que en él tengamos Vida (Jn 3, 16). Es el misterio de la Pascua, muerte y resurrección, Jesús que entrega su vida para que nosotros la tengamos en abundancia (Jn 10, 10.14-15).
Por la acción del Espíritu Santo, la liturgia, con su fuerza expresiva y eficacia sacramental actualiza esta Pascua este paso del Señor entre nosotros: la Cuaresma será un tiempo de especial encuentro con el Señor, una experiencia personal de contacto con Él.
¡Este es el tiempo! Que no se nos escurra entre las manos, por la rutina, por la prisa, por la premura del quehacer… Detengámonos, contemplemos esta realidad de Jesús en medio de nosotros; la escucha de la Palabra, la oración, el ayuno, las obras de caridad, la Lectio Divina compartida con los hermanos, la celebración y participación en los sacramentos: todos momentos de encuentro, de escucha, de intimidad, de amor .

“El Reino de Dios está cerca…”

Porque está Cristo, y Él es nuestra Paz, nuestra Vida, nuestro Camino, nuestra Verdad. Y es el Reino de la verdad, de la justicia, del amor, de la paz lo que Él viene a traer. Pero el texto bíblico nos deja como en suspenso: está cerca… como una invitación a buscarlo, a encontrarlo, a abrirle puertas que aún están cerradas: “Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre entraré e su casa y cenaremos juntos…” (Apoc 3, 20). Es este entonces el tiempo de “pidan y se les dará, busquen y encontrarán, llamen y se les abrirá” (Lc 11, 9). El Reino es una realidad que siempre se está haciendo, que siempre debemos buscar, que siempre debemos construir con nuestro amor al Señor, que se expresa y manifiesta especialmente en el amor a nuestros hermanos, en especial a los pobres y necesitados, a los que sufren, a los enfermos: el tiempo de Cuaresma es tiempo de obras de misericordia. Es tiempo de abrir el corazón, para que el Reino de Jesús comience a ser una realidad en nosotros, y por nosotros, con la ayuda de su Gracia crezca como el grano de mostaza, fermente el mundo como la levadura en la masa (cf.. Mt 13, 31-33). Por eso el Señor nos enseñó a rezar: “¡Que venga tu Reino…!” . Cuaresma es tiempo de trabajar por el Reino, que, sabemos, será plenitud solo en la Parusía.

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia”

Evidentemente, Cuaresma es un tiempo de conversión: cambio de mente, de actitudes, de corazón, cambio de vida…
La Cuaresma se nos presenta como un camino, un itinerario, que nos va llevando, semana a semana, para reconocer a Jesús como Hijo de Dios, plenamente hombre y plenamente Dios, un Jesús que nos hace renacer a la Vida por el agua bautismal, que nos da la luz de la fe, que es nuestra resurrección y nuestra vida. En este itinerario (ver la secuencia temática de los cinco domingos de Cuaresma) tenemos que mirar nuestras vidas, nuestra adhesión a Él, nuestra identificación con Él: la experiencia de encuentro con Jesús nos debe llevar a vivir plenamente la renovación, el renacimiento a la Vida en la Noche de Pascua. Que podamos decir como los samaritanos a la mujer compatriota: “Ya no creemos por los que tú has dicho; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es verdaderamente el Salvador del mundo” (Jn 4, 42).
Una conversión personal y especialmente una conversión comunitaria.
Porque es toda la Iglesia, toda la comunidad la que vive la Cuaresma y celebrará la Pascua.
Convertirse, entonces, significará ser comunidad reconciliada, unida por el vínculo del amor, una comunidad testigo, especialmente por la alegría de compartir con los más pobres: la Cuaresma es un tiempo especial para que la comunidad abra sus puertas a todos los hermanos pobres, en los cuales ve a Jesús, a quien tiene que dar de comer, dar de beber, alojar, vestir, visitar porque está enfermo o en la cárcel… Mirar las “nuevas pobrezas” que nos rodean, los “nuevos rostros de pobres” , como nos dice el documento de Aparecida (Cf. DA 402) Debemos “dar acogida y acompañar a estas personas excluidas en los ámbitos que correspondan” (id). “Para la Iglesia, el servicio de la caridad, igual que el anuncio de la Palabra y la celebración de los Sacramentos, es expresión irrenunciable de la propia esencia” (DA 399).

Para una comunidad renovada, es imprescindible vivir la Cuaresma en actitud de profunda y atenta oración con la Palabra. Es quizá uno de los momentos más ricos del Año Litúrgico para hacer la Lectio Divina comunitaria, para realizar Retiros Espirituales, para iniciar itinerarios de reflexión, oración y acción centrados en la liturgia.

“Conviértanse y crean en la Buena Noticia” , es la predicación de Jesús que nos narra el Evangelio; hoy Jesús lo sigue diciendo para nosotros, para nuestras comunidades.
Que este tiempo de Cuaresma sea verdaderamente fructífero para la vida de nuestra Iglesia; que María Santísima, nuestra Señor del Buen Viaje, nos ayude en este camino y nos enseñe a hacer como ella: conservar estas cosas en el corazón (Cf. Lc. 2, 51).
Que el Señor derrame una abundante bendición sobre todos nosotros.

Luis Guillermo Eichhorn
Obispo de Morón.

Enero ~ Febrero de 2009