GRÁVIDA - Morón

GRÁVIDA, Centro de Asistencia a la Vida Naciente, inició sus servicios en la Diócesis.

Se trata de acompañar a las mamás que se encuentran transitando con angustia y temores su embarazo. Sus integrantes vuelcan su amor en la asistencia y el cuidado de la vida por nacer, acompañando a la mujer embarazada con dificultades, para asistirla y promoverla en su dignidad como mujer y madre. Su misión es comprometerse despejando las dificultades que llevan a planteos de aborto procurado. Con la bendición del Sr. Obispo, comenzaron en la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, de Villa Udaondo, donde inicialmente está funcionando la sede del servicio en Morón.


GRÁVIDA nace en el año 1989 en la Diócesis de San Isidro, cuando un grupo de personas que trabajaban en la pastoral familiar decidieron hacer algo para responder a la realidad de tantas madres embarazadas en situaciones muy difíciles, que sin una adecuada contención, en un momento de desesperación, toman la decisión de abortar. Luego, en 1993, su sede central se traslada a la Ciudad de San Pedro, y en el año 2004, comienza el proceso de expansión a nivel nacional.

“Buscamos ayudar, acompañar y asistir a la mujer embarazada en problemas; asesorarla y estar a su lado, acompañándola el tiempo que necesite, como María hizo con su prima Santa Isabel. Isabel era una persona mayor y su embarazo era de riesgo”, expresaron. Compartieron el testimonio de una de las iniciadoras que ante el embarazo de su hija de 19 años decidió acompañarla y atenderla. Hoy, da gracias por su nieto y se pregunta qué hubiera pasado si su hija no hubiera tenido esa contención.

“Cuidando al bebé desde la panza”

Bajo este lema, todos los jueves de 14:45 a 16:45 horas, funciona en la actual Sede un taller para mamás embarazadas adolescentes y jóvenes. Está orientado a brindar todo el cuidado que ellas y sus bebés necesitan.☺

Para mayores informes:
Tel.: 15 5944 4038, email: gravidamoron@gmail.com
Sede: Julián Balbín 4574, Villa Udaondo, Parroquia Nuestra Señora de Lourdes.

“Estuve preso y viniste a visitarme”

Seguimos Caminando visitó al penal de Ituzaingó y dialogó con Cristian, un interno de 28 años, quien compartió su vida, anhelos del día a día dentro del penal, y sus sentimientos para esta Navidad.

Su familia y amigos viven en Los Polvorines, actualmente estudia con los libros que están a su alcance pero desea poder continuar el secundario al salir del penal.
Ya casi completa los 7 años de detención, porque su pena es de siete años y seis meses, y puede que el juez le otorgue la libertad condicional.

-¿Cómo es la convivencia en el pabellón, cuántos son?
-Somos cuarenta y ocho, cada celda es diferente. Pero cuando la puerta se abre, estamos todos juntos, es como una familia. Nos turnamos en la cocina, en la limpieza. En mi celda siempre hay un lugar para pasar, somos tres y nos gusta la tranquilidad y el buen trato entre nosotros. Se conversa entre mates, hay gente grande y jóvenes, nos damos consejos. Acá adentro un abrazo vale, somos dóciles, el cariño, el afecto, una palmada en la espalda tienen un gran valor, parecemos chicos.

Me queda como recuerdo fuerte, el último tiempo cuando caí preso, en febrero de 2002. Lo que me ocurrió antes de ese tiempo lo tengo muy presente. Al entrar en este Penal cambié mucho, pensé: ¿Cómo no escuché a mis padres?

-¿Cómo se dio tu Bautismo en el Penal?
No estaba bautizado y lo hice el 11 de octubre, tengo una cruz y estoy contento. Desde poco antes del bautismo y hasta ahora, siento una congoja, se me caen las lágrimas, porque a mi familia también le da tranquilidad. Separando lo que me pasó, fui buen hijo y con mi hermano, muy compinche. Están contentos, saben de mi catequesis y que estoy rodeado de gente que me quiere ayudar.

-¿Cómo nació en tu corazón esto de bautizarte, ese cambio de vida, de ser hijo de Dios y comportarte como tal?
La forma de ser de los catequistas fue lo que más me llegó, y el saber que todos somos pecadores. Ellos nos miran como personas sin querer nada a cambio, ponen voluntad, nos miran con el corazón, es algo fuerte, son cosas de Dios, el abrazo, el alivio, el caramelo siempre.

- A vos ¿Qué te dice esta Navidad?
Yo sé que la Navidad es una buena nueva, capaz que venga mi libertad con ella y va a marcar mi vida. Jesús, por algo los puso a ustedes aquí, y por algo estoy acá. Algo tiene para mí. Él me eligió. Muchas veces lo negué y Él siempre me llamó con amor, y ahora, no lo quiero esquivar más.

- Qué lindo que vos sientas que la catequesis te ayuda a encontrarte con Jesús. ¿Cómo vivís ese encuentro?
No veo la hora de que llegue el sábado, se me hace eterno, todas las noches en mi celda hablo con Dios, no soy muy pedigüeño. “Paz” le pido, lo demás Él lo sabe. Antes no me hablaba con algunos pibes, ahora se me acercan solos. Todo en manos de Dios se logra. Algunos me ven ahora y no lo creen, se dan cuenta de mi cambio.

Hace cuatro meses pude haber salido del pabellón en que me encuentro ¡Y yo preferí quedarme! Porque hay pibes a quienes les falta algo, les falta un empujoncito, saber que no están solos.

-Nos comenta sobre un feliz proyecto:
Cristian es aprendiz de un joven que hace peluches. Un día pensó en utilizar ese talento para algo bueno, se lo comentó a María, su catequista, y le propuso hacer participar a otros muchachos y hacer peluches para chicos de dos comedores. Saben que esta es una obra sin nada a cambio.

-¿Qué material les hace falta?
- Telas polares y para el relleno goma espuma; el corte y costura a máquina arreglamos con María, nosotros haríamos el relleno y costura a mano, en lo que no se ve el hilo, ¡Van a ver, hasta el más quedado va a estar cosiendo! En el futuro, no los voy abandonar, voy a seguir en contacto, los voy a entusiasmar. Son pibes sanos, son pibes buenos.
El pabellón cambió. Todos los días se hace la oración y de a uno se van sumando, piden más por otros que por ellos.

La despedida fue emocionada, Cristian pidió que pudiéramos estar el día que logren entregar los peluches a los comedores. Enviamos saludos a todo el pabellón.☺

Por Raquel Lazo

Noviembre ~ Diciembre de 2008