Editorial

"Y habitó entre nosotros"


Querido Lector: Hace unos días leía el testimonio de un cristiano que se convirtió de grande: cuando era estudiante, no estaba bautizado ni tenía educación religiosa. Cuenta que se hizo amigo de una joven que también era estudiante. Él le pidió ir más lejos en su intimidad. Ella se negó. «¿Por qué?». «Es que soy cristiana...». «Entonces comprendí -relata - que ella estaba habitada...». Es verdad, estamos habitados (Jn 14, 23; 1 Cor 3,16; Rom 8, 9.11) Me recordó el testimonio de San Agustín, también convertido de grande, cuando alabando a Dios escribe: «Tú estabas dentro y yo fuera ». ¡Cuántos hombres no se habitan a sí mismos! Imbuidos en la vorágine de las ocupaciones diarias y en la consecución del bienestar que no llena. Sin embargo, en nosotros existe una dimensión de eternidad, de relación con Dios. Me parece oportuno recordarlo en el tiempo de Adviento y Navidad: de verdad Dios viene a habitar entre nosotros, o mejor, Él habita en nosotros y nos espera.

Hay que “meterse adentro”, no es mero intimismo, expresa la actitud contemplativa de mirar la vida con ojos de fe. La imagen de la Navidad, del Niño en el pesebre, nos invita a ir a adorarlo. Él habita en nuestro corazón, en esas pajas: vayamos adentro. Nos espera como niñito Dios, es un niño: no tengamos miedo de acercarnos, no hay reproche de que estábamos afuera y en cualquier cosa, solo hay ternura, calidez, fragilidad, invitación a la esperanza.

Si buscamos a Dios nos haremos familia. Por eso no es un simple intimismo. Es que “esa presencia activa del Absoluto en nosotros, el Espíritu Santo, profundiza en nuestra interioridad haciéndola viva y cálida, y nos pone en relación con los otros: es exigencia y medio de comunión”.

Deseo que esta Navidad signifique par ti, amigo, una renovación interior y una invitación a la esperanza. Si vivimos con fuerza la realidad del Emanuel, Dios con nosotros, estaremos habitados, más vivos y cálidos, y creeremos que es posible la justicia, la solidaridad, el amor.

Pbro. Mauricio Larrosa

Noviembre ~ Diciembre de 2008