Mensaje de Navidad de Mons. Eichhorn

"Y EN LA TIERRA PAZ..."

Durante el Adviento peregrinamos hacia la Navidad, preparamos el nacimiento del Salvador. La Liturgia despertó la actitud de velar, aguardar con esperanza. Significó preparación, conversión, para vivir a pleno la alegría del nacimiento de Jesús; entonces, resonarán en nuestros corazones aquellas palabras: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David les ha nacido un salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc. 2, 10). ¡El primer anuncio del nacimiento de Jesús! Es el gran kerygma navideño. Es lo que nos mueve, como a los pastores de aquella época: “Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha anunciado (…) y encontraron a María, a José y al recién nacido recostado en el pesebre” (Lc. 2, 15-16).

Navidad es para nosotros un tiempo para el encuentro. Encuentro con el Señor, que viene a traernos la vida, el amor, la paz. Encuentro también con los hermanos -es la fiesta de familia- con quienes compartimos la alegría, la fe, la amistad, toda la vida.

Por haber encontrado a Jesús “los pastores volvieron alabando y glorificando a Dios…” (Lc. 2, 20). Por eso Navidad es fiesta, es alegría, es tiempo de celebración, que se manifiesta tanto en nuestra liturgia festiva como en el ámbito humano-familiar. Compartimos la mesa, la comida, la bebida, los regalos, la dicha de estar juntos…

Nos deseamos mutuamente felicidades. ¿Qué significa esto? ¡Que estamos en paz, que alcancemos la paz, que podamos vivir en paz! Es lo que cantan los ángeles, en la visión de los pastores: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él!” (Lc 2, 14).


La paz es el gran don de la Navidad, porque Jesús es la paz, nos da la paz: “Les dejo mi paz, les doy mi paz…” (Jn. 14, 27).
Para nosotros, desde este encuentro y comunión con Jesucristo, la paz no es simplemente ausencia de guerra, de violencia. Paz significa corazones reconciliados, llenos de amor y bondad, entrañablemente misericordiosos, que buscan con sencillez y humildad el bien de todos y para todos, que miran con ojos maravillados lo que Dios hace en cada uno de nuestros hermanos. Paz es unidad, es fraternidad, es espíritu de hijos, es alegría del reencuentro reconciliado: “Es justo que haya fiesta y alegría, porque tu hermano estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido encontrado” (Lc. 15, 31).

¿No es ésta la paz que estamos necesitando hoy? A nivel mundial, del país, de la ciudad y del barrio, de la familia, en nuestra misma Iglesia diocesana, en las parroquias y demás comunidades: ¿No anhelamos vivir como hermanos, unidos por el vínculo del amor, en paz y en concordia?

Nuestra Diócesis de la Purísima Concepción del Buen Viaje celebra el encuentro con Jesucristo en esta Navidad. Cada comunidad expresará, con alegría festiva, de diversas formas, este gran acontecimiento: ¡Ha nacido Jesús, el Salvador! ¡Que Él nos dé su paz en abundancia! Que en esta Navidad, el Señor nos ayude a encontrarnos reconciliados y en paz.
Que Él nos cambie el corazón, para que también aquellos hermanos marginados, excluidos, pobres, necesitados -los pobres pastores de hoy- reciban el anuncio, la Buena Noticia, y encuentren en nuestras comunidades verdaderos “belenes” acogedores, fraternos, alegres, llenos de amor y solidaridad, casas y escuelas de comunión, donde se vive en paz. Porque ahí está Jesús, y por eso nos reconocemos como familia, hermanos de todos.
Así alabaremos al Señor: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él”.

Noviembre ~ Diciembre de 2008