Junta de Catequesis

“CATEQUISTAS MISIONEROS
En la comunidad cristiana, ministros de la palabra, de la escucha, del acompañamiento…”

ENCUENTRO DIOCESANO DE CATEQUISTAS

El 23 de agosto, en el Colegio San José, celebramos el Día del Catequista, organizado por la Junta Diocesana de Catequesis.

El Padre Carlos Landriel con el grupo musical nos contagió alegría con su animación y canciones. El Pbro. Luis De Ángelis, Director de la Junta, dio a todos la bienvenida y felicitación, haciendo la apertura oficial del encuentro.
Movilizante fue el ingreso de los signos sagrados en la oración inicial: La imagen del Niño Jesús se iba acunando en los brazos de cada catequista, hasta que llegó a los pies de nuestra Madre del Buen Viaje. Desde allí nos acompañó durante la jornada, para darnos a entender que en este camino no está todo logrado, habrá que ir naciendo a realidades nuevas, estilos nuevos, a nuevos paradigmas que la catequesis nos presenta hoy.

La Junta Diocesana invitó a Chieli Quinodós, catequista y catequeta de la Diócesis de Paraná, que nos ayudó con su aporte a repasar el “ser” del catequista y el “hacer” en la catequesis. Detallamos algunas ideas de su charla:

“Nos tiene que inquietar poner a cada hombre en brazos de Jesús”

“Queremos refrescar nuestra identidad de catequistas, darle importancia a nuestro ministerio. Sentirnos enamorados, buscadores, llamados, abrazados, besados, acariciados, consolados por Jesús. Ser y vivir permanentemente junto a Él.
Conocer a Jesús es el mejor regalo de la vida. Conocerlo de verdad y hacerlo conocer a otros es nuestro gozo”, subrayó, animándonos a compartir esto que somos y la maravillosa experiencia de dejarse encontrar por Jesucristo. “Lo que somos, lo somos por Él que nos convoca. Por eso, queremos ponernos a sus pies, como María”.

Ser catequistas de corazón inquieto

La Iglesia está inquieta con la catequesis para poder dar respuestas al mundo presente. La Pastoral entera se está inquietando, pero no olvidemos las palabras de Jesús: “…te inquietas y te agitas por muchas cosas. Sin embargo, una sola es necesaria”. (Lc. 10,41-42). Por eso “tal vez, estaremos perdiendo la oportunidad de lo importante. Hay un momento para cada cosa. María estaba atenta 'a lo importante'. Somos catequistas de corazones inquietos, pero que no nos distraiga de lo importante, del centro: Corazones que tienen tiempo; el tiempo de saber esperar, de la paciencia, del dejarlo hablar a Jesús. Catequistas que 'viven' su identidad, más que 'saber' de ella. Que se dejan abrazar por Jesús, Él sabrá hacer lo demás. La vida del catequista es ponerse en intimidad con Jesús.

El catequista que sabe, es el que tiene la certeza de que todo lo que conoce no es su sabiduría, “es a Jesús al que llevamos a cada hermano. Lo que digamos y lo que hagamos vendrá solo.
Los corazones buscan respuestas, hay necesidad de Jesús. Sólo Él sacia nuestras hambres. Él es el que tiene que inquietar nuestros corazones” , indicó, destacando el ejemplo de Juan Pablo II que, convaleciente en su habitación, observaba desde la ventana al gran número de personas esperando para pasar por la Puerta Santa y pensaba en cuántas historias maravillosas se encontrarían en el corazón de todas ellas, historias irrepetibles vividas con Jesucristo. Sólo le quedaba mirar, callar y adorar.
“El catequista también ~recomendó~ en el momento del encuentro personal del otro con Jesucristo, debe quedarse detrás de la ventana viendo, callando, adorando. Somos testigos privilegiados de lo que hace Jesús, no nos pongamos en el medio. Seremos testigos de las maravillas que Dios hace en cada uno, si sabemos ver, callar y adorar.
El protagonista es Jesús, sólo debemos decir: ¡Vení… mirá… dejate enamorar!”

“Jesús despierta las ganas. Nuestros proyectos no nacen del gran empeño que pongamos; el impulso sólo lo da Él, el impulso viene del Espíritu que es el que verdaderamente transforma lo pequeño en cosas grandes… la muerte, en Vida; la oscuridad, en Luz.
Darnos rienda suelta sólo es posible si le damos rienda suelta a Dios en nuestra vida, si le permitimos 'hacer'. Muchas veces significará 'deshacer' y volver a empezar.
Por Él, con Él y en Él estamos hoy aquí dando gracias… permitámosle hacer. Pongámonos en marcha con el corazón inquieto puesto en el querer de Dios, dejándolo hablar en el silencio”, concluyó.

Posteriormente, la propuesta fue reunirnos por grupos con una mirada reflexiva sobre nuestros nuevos latidos en el acompañamiento, la escucha y la palabra.

Luego de compartir el almuerzo y los trabajos grupales, nos preparamos para participar de la Misa, precedida por nuestro Obispo. En su homilía nos felicitó y nos animó a seguir adelante sabiendo que el amor de Dios está con nosotros, nos acompaña siempre dándonos la fuerza necesaria en este hermoso camino.☺

Septiembre ~ Octubre de 2008