“Esta V Conferencia, recordando el mandato de ir y de hacer discípulos (cf. Mt 28, 20), desea despertar la Iglesia en América Latina y El Caribe para un gran impulso misionero. No podemos desaprovechar esta hora de gracia. ¡Necesitamos un nuevo Pentecostés! ¡Necesitamos salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades y los pueblos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de “sentido”, de verdad y amor, de alegría y de esperanza! No podemos quedarnos tranquilos en espera pasiva en nuestros templos, sino urge acudir en todas las direcciones para proclamar que el mal y la muerte no tienen la última palabra, que el amor es más fuerte, que hemos sido liberados y salvados por la victoria pascual del Señor de la historia, que Él nos convoca en la Iglesia, y que quiere multiplicar el número de sus discípulos y misioneros en la construcción de su Reino en nuestro Continente. (DA 548)

 

 

 

 

Encuentro Diocesano 2008

Con el objetivo de conocer y profundizar el espíritu y las grandes líneas teológicas, pastorales y misioneras de Aparecida, y de desarrollar actitudes (acompañando la encuesta pedida por el Sr. Obispo) para la escucha de la voz de Dios y responder a la llamada misionera de manera decididamente dialógica, kerigmática y permanente, se convocó el 12 de julio, a los miembros de los consejos parroquiales y a los agentes de misión al Encuentro Diocesano 2008, que tuvo lugar en el Colegio San José de los hermanos maristas.

Allí, se trabajó sobre los ámbitos pastorales de la familia, los jóvenes, y los débiles y sufrientes.

Aparecida: ¡Escuchar, dialogar, anunciar!
En torno a estos puntos giró la charla del P. Juan Carlos Greco, Misionero de la Consolata.

La diferencia entre oír y escuchar
Para oír no hace falta voluntad; sin embargo, para escuchar, sí. Cuando Dios habla a su pueblo le dice: “Escucha, Israel”. Escuchar involucra a toda la persona, los sentidos, el corazón. Escuchar implica luego pensar y, más tarde, cambiar las actitudes.
Cuando se habla de misión, muchas veces oímos y otras escuchamos. A partir del bautismo, queremos ser misioneros porque sentimos que Dios nos llama a la misión y al discipulado.
“Escuchar y dejarse transformar”, recomendó el P. Juan Carlos, advirtiendo que lamentablemente, hay gente que escucha pero dice: “no quiero cambiar”. Le es más fácil continuar en la misma.

Por tal motivo, habló de la necesidad actual de buscar caminos y estrategias para llegar al hombre de hoy de manera atractiva. Sólo lo lograremos si traemos “a la memoria como nació en nosotros, enamorarnos de nuestra tierra y de nuestra Iglesia. Trabajar, amar, sufrir y ofrece lo que tenemos”.

Aparecida pide escuchar, ver y dialogar
Escuchar sobre todo la Palabra de Dios. Aparecida recomienda la Lectio Divina, que es orar con la Palabra, y la Eucaristía, como centro y cumbre de la vida de la Iglesia.
Previo a Aparecida hubo un tiempo de escuchar la realidad. Hubo una encuesta en la que todos han participado. “Ahora es el momento de actuar con todos los elementos que Dios nos ha dado. No nos quedemos encerrados tratando de arreglarnos con lo mismo, salgamos a compartir con otros aquello que queremos realizar. Necesitamos escuchar la Palabra de Dios y a los demás, para luego asimilar, pensar y discernir”, expresó.

“Quien escucha puede salir al encuentro de los demás. De este escuchar, que es prestar atención, pueden surgir actitudes de diálogo que sean como las de Jesús. A Él le acercaban muchos enfermos y les preguntaba: ¿Qué quieres que haga por vos? (…)
El Espíritu nos dirá qué decir. Habrá que prestar atención, escuchar y ver cómo el otro vive, para ir descubriendo la realidad de sus vidas y cómo Dios va obrando también en ellos”
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Ir descubriendo y aprendiendo juntos

Las encuestas remarcan que una de las mayores necesidades de las personas, es que los escuchen, señaló el Sacerdote. Escuchar significa también aprender. “Vamos a dialogar con el prójimo. Compartiremos y los dos juntos aprenderemos. Cuando se escucha, se aprende”. El P. Juan Carlos dio como ejemplo a algunos hermanos que van con la Biblia debajo del brazo, pero con un discurso ya hecho, no dialogan, no quieren escuchar. Venden un producto y nada más. En donde hay cuestionamientos se terminó el discurso, una parte tiene la razón ciento por ciento. “En cambio, nosotros vamos a compartir el amor y en el dar y recibir iremos aprendiendo y creciendo todos”, sostuvo. “Cuando uno se casa para ser feliz, generalmente termina fracasando, en cambio, cuando es para hacer feliz al otro, termina bien. Cuando el otro comprende mi amor y mi donación desinteresada, entonces trata de hacer lo mismo. Y entonces comienza la felicidad.
Tratemos de llevarle al otro la felicidad y la vida. De escuchar sus angustias, de proponer algo que pueda ayudarle en su vida. A veces no hay respuestas, pero tal vez podamos brindar nuestros hombros para que el otro se pueda apoyar, o la mano, para dársela y caminar juntos”.

La misión permanente
El encuentro con Jesús nos tiene que llevar a anunciarlo. Estar al servicio de la Iglesia, es estar al servicio de la evangelización. La Iglesia está al servicio de la misión y la misión está al servicio del Reino.“Sueño que sólo uno sueña termina en sueño, sueño que se sueña con otros, termina en realidad. Que esta jornada, como otras, ayude a que los católicos hablemos de misión. A comenzar la misión permanente”, concluyó.

Que todas las comunidades Diocesanas se
pongan en clave de misión permanente

En este encuentro, nuestro Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, nos dio su mensaje.

Aparecida busca sacudir a la Iglesia para ponerla en clave de misión permanente. La misión de transmitir la Vida nueva que es la Vida de Jesús. “Toda la tarea misionera es llevar a Cristo que es lo mejor que podemos brindar. Jesús que murió y resucitó a una vida nueva, inaugurando un Reino nuevo con el don del Espíritu. Nuestra misión es compartir la vida, con toda la magnitud que le da el documento de Aparecida, para que en Él tengan vida abundante. Llevamos el anuncio del gran valor de la vida, que tenemos que cuidar y sacarle toda la potencialidad. Vida que no concluye en un cajón, al momento de morir, sino que vamos hacia la vida eterna”.

Aparecida no nos plantea una tarea para una misión, sino que nos hace tomar conciencia de que somos una Iglesia Misionera, y que la misión es parte constitutiva de la identidad misma de la Iglesia. El Sr. Obispo exhortó a ir, a salir al encuentro, a comunicarse, a compartir. A no quedarse tranquilo dentro de la Parroquia. “Impera que el Evangelio llegue a todos los rincones de la Diócesis. Necesitamos un despertar misionero, cayendo en la cuenta de que por el bautismo somos discípulos de Jesús y todo discípulo es misionero”.

Por tal motivo, Aparecida habla de fortalecer las raíces de la fe. De que las comunidades tienen que ser todas misioneras. “La firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales, entrando en un proceso constante de renovación misionera y eliminando las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe”. Habla de la necesaria conversión pastoral de las comunidades. “Que se pase de una pastoral de conservación a una decididamente misionera. No quedarse en un grupo que hable de una misión. Sino lograr verdaderas comunidades de discípulos misioneros, que asuman la misión como algo cotidiano, como algo propio de la pastoral ordinaria de la Iglesia”.

Pastoral Orgánica - Misión permanente

En Morón comenzó un itinerario de Pastoral Orgánica, necesario para que la Diócesis viva plenamente una espiritualidad de comunión, para ser una Iglesia Misionera que evangelice. “La encuesta tiene puntos claves para esta conversión personal, pastoral y eclesial, capaz de impulsar a las santidad y al apostolado a los bautizados, y atraer a los que se han alejado de la Iglesia, a los que están alejados del Evangelio y a los que aún no han experimentado el don de la fe”.

Mons. Eichhorn invitó a asumir todo esto desde una espiritualidad de comunión, intentando ser reflejo de las primeras comunidades cristianas, que se alimentaban con la Palabra de Dios y la Eucaristía, compartían y ponían todo en común. Nadie pasaba necesidad entre ellos. Comunidades que comienzan a hacer esa gran colecta para ayudar a los cristianos más pobres. Los impulsó a ponerse a trabajar en la encuesta para poner en práctica el proyecto misionero que plantea Aparecida, que lleva a asumir el compromiso de convertir a cada creyente en un misionero.

“Siempre estar evangelizando, haciendo misión, oyendo al Espíritu Santo que nos mueve a esta renovación eclesial, que requiere una reforma espiritual, pastoral e institucional. Esta renovación ha de inspirarse en el mandamiento nuevo del amor. Ser comunidades orantes que asuman el mandamiento de Jesús, implica no sólo amarnos entre nosotros, sino aquellos que son más pobres, que están débiles y sufrientes. Trabajar por la promoción del hombre es también colaborar con el Reino de Dios. Es tarea evangelizadora que también tendrán que realizar los discípulos de Jesús”.

“Cada comunidad de la Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje, debe convertirse en centro de irradiación de la vida en Cristo, un nuevo Pentecostés, asegurando cálidos espacios de oración comunitaria, un incontenible ardor misionero y un gran testimonio de unidad, para que todos sean uno y el mundo crea”, enfatizó Monseñor, pidiendo al concluir emprender un camino misionero concreto, comenzando primero por los agentes pastorales de las propias comunidades.

Para ir pensando y rezando les dejó como propuesta caminar hacia la organización de un futuro Congreso Diocesano Misionero. “La Diócesis tiene mucho terreno de misión. ¿Por qué no hacer -también- un grupo de Misión permanente, compuesto por agentes de todas las comunidades, que esté continuamente realizando misión en los barrios, acompañados por la oración de toda la Diócesis”.☺

 

 

Julio ~ Agosto de 2008