Pastoral Vocacional

Como todos los años, durante la celebración del Domingo del Buen Pastor, comienza en la Diócesis, la Campaña de Oración por las Vocaciones, en la que los adherentes asumen el compromiso de rezar por el aumento y fidelidad de las vocaciones de especial consagración: Ministerio Ordenado, Vida Consagrada y Misioneros “Ad gentes”.

Si bien el compromiso bien entendido es para todos los días del año, la campaña concluye en el mes de Diciembre, durante la Fiesta de Cristo Rey.

Los interesados pueden comunicarse telefónicamente con la Coordinadora Diocesana, Sra. Nancy Meza, al teléfono: 4452-2379, o con los referentes de cada comunidad, que el pasado 3 de abril recibieron el envío para la animación de la campaña de manos del Sr. Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn.

En dicha ocasión, concelebraron con él, el Vicario General y Director Espiritual del Seminario Diocesano, Mons. Olivera; y el Rector del Seminario, Pbro. Fernando Laguna.

El Señor no mira el número de vocaciones, sino el corazón

“Rezar es un acto de confianza y de fe, sabiendo que el Señor escucha nuestra oración, y nunca nos abandona, siempre nos acompaña, por eso tenemos que darle gracias a Dios por las vocaciones que nos ha dado”, expresó el Sr. Obispo, mencionando a la pobre viuda descripta en el Evangelio, que colocó en la ofrenda un par de moneditas. “Jesús elogia a esa señora, porque ese dinero era lo único que tenía para vivir. Es la que más puso, porque los demás ponían lo que les sobraba. Así, Dios lleva la contabilidad del Reino, que no tiene nada que ver con los cálculos humanos. En sus cálculos, Dios no cuenta la cantidad de vocaciones que pueden surgir como un porcentaje necesario para el total de la población; en sus cálculos, entra la respuesta fiel, generosa de un corazón que quiere identificarse plenamente con Cristo. Para Dios, lo que cuenta es la calidad de una persona”.
Explicó que esto es importante, porque es la ley del Reino, que crece, se multiplica, es fecundo, cuando hay una sola semilla que por más pequeña que sea, da fruto.
Llamó a orar no sólo por el número de vocaciones, sino por santas vocaciones, y para que el Señor despierte en todos la vocación a ser santos. “Así, el Reino va naciendo entre nosotros y se van produciendo aquellos ministerios necesarios, para el crecimiento de la Iglesia”, recalcó.

El modelo de la oración

Además de la fe, la oración tiene que ser llena de voluntad de entrega al Señor. “A Dios orando, pero con el mazo dando”, dijo, subrayando la actitud no solamente de rezar, sino también de ser bueno cristianos.
“Tener santos sacerdotes, implicará que nosotros nos comprometamos a ser santos también”, indicó Mons. Eichhorn, ejemplificando con la oración santa, confiada y perseverante, como fue la de Jesús en el Huerto de los Olivos, que con súplicas y lágrimas oraba a su Padre que lo librara de ese sacrificio. Pero que no dejó de orar para que se hiciera la voluntad del Padre y no la suya. Jesús oró con todo su ser, cuerpo y alma; puso todo su ser y corazón en lo que estaba diciendo. “Esa oración de Jesús es ofrenda y don total al Padre, que no reza para lograr un beneficio, sino para que la voluntad de Dios sea lo primero que se cumpla”, aclaró, remarcando al concluir que “estas características son las que tiene que asumir la oración por las vocaciones. Unidos a Jesús, Él reza con nosotros y por nosotros. 'Si permanecen en mí, pidan lo que quieran y se les concederá'. Permanecer en Jesús significa vivir con Él este espíritu del huerto.

El sentimiento de Jesús debe animar nuestra oración de petición humilde, que nos hace postrar ante el Señor. Una oración que será fecunda, porque el Señor está rezando por nosotros. Entonces el Espíritu Santo actúa con su luz, con su amor, con su fuerza en medio de nosotros”.☺

Marzo ~ Abril de 2008