Parroquia Cristo Rey, de El Palomar

Dedicación del Templo y del Altar
de la Parroquia Cristo Rey

En el marco de sus Fiestas Patronales, el domingo 25 de noviembre, la comunidad de Cristo Rey (Montarcé 2000, El Palomar), celebró la Dedicación de su Templo Parroquial y del Altar.

“Estamos invitados a descubrir la cercanía de Jesús en nuestra vida, renovar nuestra disponibilidad al proyecto de su Reino y dejar que guíe y convierta nuestro corazón”, expresó el Párroco, Pbro. Mariano Del Río, en su mensaje a la comunidad.
Al comenzar la obra de remodelación del Templo Parroquial, reflexionó que era la continuación de un camino muy importante, forjado por grandes personas y Sacerdotes que estuvieron antes, y que fueron dando sus carismas, sus dones, su deseo de seguir a Jesús. “Este es el momento en que nos toca a nosotros darle una respuesta al Señor, simbolizada en la consagración de este templo, que es el deseo de querer darle nuestra vida a Jesús”, manifestó, tras agradecer a toda la comunidad por su esfuerzo.

El Señor es Rey y reina en nuestros corazones
Mientras Jesús era crucificado, el pueblo permanecía mirando. “Hace dos mil años que estamos al pie de la cruz mirando. Y decimos: ‘Este es nuestro Rey, que entregó su vida perdonando, reconciliando a través de la misericordia’”, señaló el Sr. Obispo durante su Homilía, aclarando que por el misterio de la Pascua, todo fue sometido a Cristo. “Él no es un Rey que se impone despóticamente con su poder, con sus riquezas, con sus ejércitos, demostrando que Él es la autoridad, sino que es el Rey del amor. Su Reino es el Reino de la justicia, de la paz, del amor, de la verdad, de la santidad, de la gracia, de la vida.
Esto es lo que celebramos, que el Señor es Rey y reina en nuestros corazones, iluminando, llenándonos de su vida. ¡Qué hermoso que digamos Cristo es nuestro Rey! porque verdaderamente Él es el Rey y Señor de nuestro corazón, de toda nuestra vida.
En este mundo tan atormentado en que vivimos, hay muchas cosas que les disputan la soberanía al Señor. Nuestra tarea será dejar que el Señor vaya ocupando todos los lugares y rincones de nuestra vida, hasta los más ocultos y recónditos. Que allí entre Jesús, cuidando, sanando, llenándonos de su amor”.

¿Qué significa que algo está consagrado a Dios?
“Es algo elegido de entre nuestros bienes y que es significativo para nosotros, que simboliza nuestra vida, y se lo entregamos al Señor, lo separamos del resto afirmando: 'Esto es exclusivamente para Él'.
Consagrar un Templo, significa que ese lugar es para Él, que será el lugar de oración del pueblo, el lugar de la Pascua, de la comunión”, explicó Mons. Luis Guillermo.
¿Cuántos hermanos nuestros han sudado, se han fatigado para que nosotros tengamos esto, que representa nuestra vida, porque todos de alguna manera hemos colaborado? Llamó a la reflexión Eichhorn, señalando que “todo el trabajo, el amor, el sacrificio, el empeño ofrecido, hacen que esta piedra tenga un valor especial; primero, porque se la damos a Dios, es para Él; y segundo, porque es trabajo de hombres, que con sus manos han esculpido esta piedra”.

“Todo esto nos hace pensar en la consagración de nuestras vidas a Dios. El día del bautismo fuimos consagrados a Dios, somos de Él y para Él. Qué hermoso que nos sintamos representados en este edificio material y recordemos que hoy, nosotros somos Templo de Dios. De toda esta construcción, en algún momento de la historia no quedará nada, pero quedamos nosotros, que somos el Templo reconstruido en tres días por el Señor, somos piedras vivas del Templo de Dios, signo de su presencia en el mundo. Somos la luz, la sal, la levadura, que hacemos presente al Señor en el mundo, somos consagrados al Señor, como templos vivos, para que siempre Jesús sea alabado, adorado y glorificado, siempre reconozcamos que Él es nuestro Dios, un Padre bondadoso lleno de amor, de ternura y misericordia”.

Al concluir, a la vez que agradeció al Señor la posibilidad de la dedicación del Templo, oró para que cada uno pueda ser un Templo vivo del Señor, una ofrenda agradable al Él”.☺



Dedicación de una Iglesia:

La dedicación constituye la celebración más larga y rica de la liturgia. Para los cristianos, dedicar un Templo significa: Consagrarlo, ofrecerlo a Dios.
Los ritos característicos son: La procesión con las reliquias de los Santos; la apertura de las puertas del Templo; la aspersión con agua bendita que el Obispo efectúa sobre la asamblea, el altar y las paredes del Templo; la oración de dedicación y unción: momentos en los que se colocan las reliquias en el sepulcro del altar, se realiza la oración de consagración, se unge con el crisma el altar, y se llevan a cabo las unciones crismales sobre las paredes de la Iglesia. Al rito de la unción, sigue el de la incensación, luego del cual se viste al altar y se lo ilumina con velas; y como signo de gozo se encienden festivamente todas las lámparas de la Iglesia. La ceremonia finaliza con la Eucaristía del modo acostumbrado.

Noviembre ~ Diciembre de 2007