Orden de Vírgenes Consagradas

Virginidad consagrada en el mundo: “Un don para la Iglesia y en la Iglesia”

Consagración Virginal de la Srta. María Andrea Green

Institución jurídica en Morón del Orden de Vírgenes Consagradas

Bajo el lema “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo” (Jn. 21, 17), el 1º de noviembre, solemnidad de todos los Santos, en la Parroquia San Judas Tadeo, de Ituzaingó, la Srta. María Andrea Green entregó su vida a Dios de una forma definitiva y solemne, de manos del Sr. Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn.

Dicha celebración eclesial, que tiene al mismo Cristo como fundador, es la forma de consagración más antigua de la Iglesia. Así, pues, el orden de las vírgenes se remonta a la primera generación cristiana, en la que algunas mujeres consagraron su virginidad al Señor Jesús, como dan testimonio de ello las cuatro hijas de Felipe en los Hechos de los Apóstoles (21, 8-9).

En los siglos siguientes y hasta el siglo IV, en el que se organiza la vida religiosa en comunidad, e incluso más adelante, coexistiendo las dos formas de consagración por algún tiempo, hubo mujeres que continuaban llevando su vida en el mundo consagrando su virginidad al Señor Jesús.
El Concilio Vaticano II impulsó la restauración de este género de vida, y así, el día 31 de mayo de 1970, con la autoridad recibida del Papa Pablo VI, la Congregación del Culto Divino promulgó el “Ritual de Consagración de Vírgenes”, ya renovado, que recoge la instauración del Orden de Vírgenes y su identidad en la Iglesia.

En Morón
Esta es la tercera Consagración, desde que se creó la Diócesis en 1957. Anteriormente, Mons. Justo Oscar Laguna había consagrado vírgenes a dos señoritas: Silvia H. Merlo, el 16 de agosto de 1991, en la Iglesia Catedral; y Graciela Cuello, el 26 de junio de 1999, en San Judas Tadeo. Mons. Eichhorn instituyó jurídicamente en Morón el Orden de Vírgenes Consagradas, el pasado 5 de octubre, Solemnidad de Nuestra Señora del Buen Viaje, durante la fiesta culminar del Jubileo Diocesano, y nombró al P. Gustavo De la Torre, Delegado suyo para las Vírgenes Consagradas. Actualmente, hay varias candidatas en formación.

Andrea Green
Andrea proviene de la ciudad de Olavarría, Pcia. de Buenos Aires, Diócesis de Azul. Nació el 24 de abril de 1967, e ingresó en la Congregación de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón, presentes en la Diócesis en la ciudad de Ituzaingó, el 2 de febrero de 1986. Allí, tuvo lugar su primera consagración el 25 de marzo de 1990.
Su paso por la misma, fue un tiempo de crecimiento y formación, pero sobre todo, de madurez en la búsqueda de su vocación. Con el tiempo, fue descubriendo que era ser totalmente de Jesús, pero en medio del mundo.

Dentro de la Congregación de las Hermanas Hospitalarias, trabajó siempre muy unida a la Iglesia diocesana, hasta que partió para misionar en la India durante cinco años. Habiendo hecho su discernimiento, al regresar a Morón, Marta Finochietto, Virgen Consagrada en la Diócesis de San Justo, le presentó el Orden de las Vírgenes, que respondía a lo que estaba buscando.

Hoy, con gran gozo, Andrea asegura que ha encontrado el lugar en la Iglesia al que fue llamada, y repite las palabras que pronunció el anciano Simeón cuando recibió al niño Jesús en sus brazos: “Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo que descanse en paz”. “He esperado este momento toda mi vida”, enfatizó.

El sentido de una consagración virginal

Durante la celebración, luego de que el Pbro. Gustavo De la Torre diera lectura al decreto de consagración, iluminado por el Espíritu Santo, Mons. Eichhorn compartió un texto de la Liturgia de las Horas: “El Dios de Nuestro Señor Jesucristo, Padre de la Gloria, les conceda un Espíritu de sabiduría y revelación, que les permita conocerlo verdaderamente, que Él ilumine sus corazones, para que ustedes puedan valorar la esperanza a la que han sido llamados, la espléndida riqueza de la herencia que promete a los consagrados”.

“Nuestros hermanos Santos han vivido plenamente esa consagración al Señor. Ahora, Andrea, que ya está consagrada al Señor por el Bautismo, quiere expresar esta total entrega a Jesús, para vivir toda su vida para Él”, remarcó Eichhorn, señalando que desde la era apostólica, ya hay mujeres que se consagran al Señor. “Esta expresión de consagrar la virginidad, marca una total pertenencia a Cristo, un desposorio especial con el Señor”.

Rememoró una frase que describe la experiencia tan profunda, que tuvo en su vida Santa Teresita del Niño Jesús, quien en un momento de oración, pedía descubrir su vocación, su lugar en la Iglesia:
“Un día comprendí que el amor encerraba en sí, todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares. En una palabra, ¡Que el amor es eterno!
Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor!”

Es Dios que ama ~sostuvo el Sr. Obispo~ es Dios en su infinito, eterno y misericordioso amor, que nos ama y nos transforma, que nos redime y hace de nosotros un ser totalmente nuevo. Todo lo que vivimos, lo que gozamos, lo que tenemos, es gracias al amor de Dios. Todo es una expresión de su amor.
Hemos sido creados por amor y hemos sido creados para el amor. La vida del hombre tiene sentido en tanto y en cuanto se le revele, descubra y experimente el amor. El amor es esa entrega, esa comunión, ese don de sí, ese pertenecer totalmente al ser amado.

Dios ama, y el corazón del hombre y la mujer que experimenta ese profundo amor de Dios, quiere vivir esa entrega, esa comunión, esa pertenencia total al Señor.
Un signo de esta pertenencia es la consagración virginal, porque el hombre no es un cuerpo más un alma, sino una persona. Un cuerpo y un espíritu. La entrega al Señor es total, cuerpo y alma, toda la persona, todo entero para Dios. Así, la vida de Andrea será siempre vivir este amor esponsal, que es siempre entrega y pertenencia a Jesús”.


El Sr. Obispo destacó lo maravilloso de darse cuenta que la comunión con Cristo, es una comunión de amor. “La vida cobra sentido en tanto y en cuanto, comenzamos a vivir el amor que el Señor nos pide. La mayoría de los fieles lo vive en el amor conyugal, en el matrimonio, signo del amor de Dios por la Iglesia y por la humanidad. Qué hermoso que al mirar cómo se ama un matrimonio, podamos decir: ¡Qué grande es el amor de Dios!

Esto se manifiesta de manera radical en la consagración virginal, un amor de total entrega al Señor, en el servicio, en la tarea apostólica a la Iglesia”, expresó, concluyendo con el deseo “de que la realidad del Orden de la Vírgenes Consagradas, fecunde profundamente la vida espiritual de toda nuestra Diócesis”.☺

Seminario Diocesano San José

Peregrinación vocacional del Seminario Diocesano a la Capilla de San José de la Montaña

Institución del Lectorado para el seminarista Enrique Aib

La tradicional peregrinación a la Capilla San José de la Montaña (De la Tradición y De la Huella – Villa Udaondo), que todos los años organiza el Seminario Diocesano para poner su vida en manos del Santo y pedir al Señor Vocaciones Sacerdotales, tuvo lugar el viernes 23 de noviembre.

A las 18 horas, partieron los peregrinos acompañando a los seminaristas; a su Rector, Pbro. Fernando Laguna; y a su Asesor Espiritual, P. Juan José Cencig, desde las instalaciones del Seminario (Gorriti 3425 – Hurlingham – Tel.: 4452-0199).
Tras finalizar el recorrido, a las 20 horas comenzó la celebración de la Eucaristía que presidió Mons. Eichhorn, y en la que el seminarista Enrique Aib fue instituido Lector.

Rezar por las vocaciones es un acto de fe, en un Dios que es fiel y que enviará las vocaciones cuando Él quiera, explicó Mons. Eichhorn, llamando a responder con generosidad, al llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno.

En San José, decendiente de David, se concreta la promesa de Dios al Rey David. “Dicha promesa la cumple después de mil años. ¡Cuánto tiempo para una promesa! Pero Dios es fiel, y le pide a su pueblo lo mismo, fidelidad a la alianza.

Estamos pidiendo por las vocaciones, una necesidad urgente, imperiosa. Rezamos con fe, porque sabemos que Dios es fiel, pero Él tiene sus tiempos, sus proyectos, sus designios. Él sabe cuándo va a enviar las vocaciones necesarias”, remarcó.

El problema de las vocaciones no es estadístico, es un problema de vocación a la vida cristiana de todo el pueblo de Dios. Muchos se alejan de la vida de fe, de la vida cristiana, y muchos, a veces, se sienten tambaleantes. Mons. Eichhorn trajo a la memoria a Santa Cecilia, virgen y mártir, ponderando su fe, su fortaleza, su generosidad, su entereza al entregar su vida, interpelando: ¿No es esto lo que hoy está faltando, lo que el Señor está pidiendo de nosotros?
“Nos estamos olvidando de lo importante que es nuestra fe y comunión, y del amor fraterno compartido”, señaló.

Lectorado
Enrique, que escuchó el llamado de Dios y respondió, se está preparando y formando para la vida sacerdotal. Ese día recibió el ministerio del Lectorado.



“Muchos de ustedes pueden ser instituidos Lectores”, dijo el Sr. Obispo a los presentes, llamándolos a tomar conciencia lo que significa el oficio del Lector. “No se trata de leer una lectura cualquiera, sino de proclamar la Palabra de Dios, haciendo que por la acción del Espíritu Santo resuene en el corazón de cada uno de los que están reunidos en la asamblea. Se aconseja meditar, orar con la Palabra antes de anunciarla. Precisamente, el que ha sentido que esa Palabra resonó en su corazón, es capaz de anunciarla.
El Lectorado es el ministerio propio del catequista, que ha recibido la Palabra, la ha meditado, la vive en su corazón, y la comparte haciéndola resonar en el corazón de los demás. Catequesis significa eco que resuena”, manifestó.☺


Noviembre ~ Diciembre de 2007