Nuestra Diócesis

Un Niño nos ha nacido...

Mensaje de Mons. Luis Guillermo Eichhorn.

Por ese misterio insondable que es el amor entrañable del Padre, en Belén de Judea nos ha nacido un niño, que es el Emmanuel, Dios con nosotros; el recuerdo del anuncio gozoso de los ángeles a los pastores: “No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo; hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2, 11-12). Este anuncio, decía, recobra para nosotros toda la riqueza de su significado.

Pero más aún. Celebramos no sólo un recuerdo, un acontecimiento del pasado que traemos a nuestro corazón, sino que lo actualizamos, por la acción misteriosa del Espíritu Santo en nuestra liturgia, con toda la fuerza y eficacia que tiene.
Navidad es celebración, memorial, acontecimiento salvífico para nosotros hoy.

Un niño nos ha nacido…
Así se expresa el misterio salvífico, que es el hecho más grande de la historia. A los ojos y criterios humanos debería ser un acontecimiento fuerte, poderoso, triunfal, clamoroso, que llame la atención, que se imponga por su peso.

En cambio, contemplamos y adoramos a un niño: frágil, débil, pobre… “envuelto en pañales y recostado en un pesebre”. Nos cuesta entender y aceptar el proyecto de amor de Dios: “nos ha dado un poderoso salvador…” (Lc. 1, 69). La fuerza, el poder salvador es el amor. Y amor es don, entrega, servicio, unidad, hasta dar la vida.
“Siendo rico se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza”. ¡Qué amor tan grande!: “Porque Dios amó tanto al mundo, que entregó a su Hijo único…” (Jn. 3, 16).

Para nosotros, celebrar hoy la Navidad es reconocer, redescubrir ese amor insondable de Padre y dejar que Él con su fuerza nos transforme: que seamos una Navidad para el mundo de hoy, es decir, que seamos la encarnación del amor de Dios, que nos santifica, y que seamos amor de Dios para los demás, a quienes debemos amar, porque en ellos descubrimos la presencia del Emmanuel.

Hoy el hombre, la sociedad, la familia, necesita esa fuerza del amor redentor. El cristiano, como levadura en la masa, debe ser hoy un testigo de ese amor con sus actitudes, sus gestos, sus palabras… un signo, y siempre un signo como el de Jesús: un niño envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Nuestro testimonio y nuestro amor deberán revestirse de humildad y pobreza, al estilo del mismo Jesús.

¡Feliz Navidad para todos! Y mi bendición: que el Señor les colme de paz y de amor, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Luis Guillermo Eichhorn
Obispo de Morón
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Ordenaciones

“Alégrense siempre en el Señor…
que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres”. (Flp.4, 4-5)

El Diácono Carlos Otero recibió la Ordenación Sacerdotal

El 7 de diciembre, vísperas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, Mons. Luis Guillermo Eichhorn presidió la Eucaristía en la que por la imposición de sus manos y la invocación del Espíritu Santo, en presencia del Pueblo de Dios, lo ordenó Sacerdote.

Otero nació en Haedo, un 9 de julio de l958. Cursó sus estudios en el colegio Emaús, de El Palomar, de los Padres de los Sagrados Corazones.

“Luego de cumplir con el servicio militar, me recibí de Profesor en Geografía y ejercí un par de años. Luego vendrán mis estudios en Ciencias Sagradas y en Consultoría Psicológica. Entre los colegios en que me desempeñé como docente, estuvo el San José de los Hermanos Maristas, donde nace mi vocación a la vida consagrada. Fueron más de 20 años dedicados a la misión de evangelizar educando; y de esos hermosos años, una buena parte, dedicados a la tarea de acompañar a los jóvenes postulantes y escolásticos Maristas”, recordó Carlos, quien estuvo como Hermano, en los colegios: Manuel Belgrano (Capital Federal), San José (Morón), en Chile, en Luján, en España (haciendo cursos), en Mar del Plata, en Merlo, y nuevamente en el colegio San José. “Aquí ~subraya~ comienza mi nueva etapa de discernimiento y oración, muy acompañada por mis Hermanos Maristas y también por mis hermanos, a ellos les debo la paz y la oración permanente, para poder transitar este “nuevo paso”.

El nuevo Sacerdote asegura que todo fue construyéndose sobre las raíces familiares. “Mis padres han sido dos ejemplos de vida cristiana, por los valores que supieron darme para poder enraizar mi vida en el Evangelio.
¡Cómo no recordar mis hermosos años en el grupo juvenil de "Cristo Rey"! ¡Cuánta alegría en el servicio comunitario! Todo fue sumando para que el Señor hiciera su camino en este “duro corazón” que aún tiene fuerzas para responderle. Creo firmemente que mi vida es un canto de agradecimiento a Jesús, que va a mi lado, compartiendo penas y alegrías, tal como la vida misma se nos presenta”.

Dios lo llamó a ser "Hermano Cura", a seguir construyendo su Reino desde los valores evangélicos. Carlos intentará con la fuerza del Espíritu, vivir su lema de Ordenación: “Alégrense siempre en el Señor… que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres” (Flp.4, 4-5).


7 de diciembre, “Día de su Ordenación Presbiteral”

En la Catedral de Morón, luego de que el P. Fernando Laguna, Rector del Seminario Diocesano, presentara a Carlos como candidato al Presbiterado, en relación a la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, Mons. Luis Guillermo Eichhorn dijo que María, al ser destinada para ser la Madre de Jesús, fue preservada de la mancha del pecado original. Y, tras repetir el saludo del Ángel Gabriel: “Alégrate, María, llena de gracia, el Señor está contigo, el Señor te ha favorecido”, señaló la importancia de mostrar la imagen de María, la Pura e Inmaculada Concepción, a este mundo edonista que ha endiosado al sexo y en el que se ha perdido el respeto y el pudor, en el que se ha vanalizado todo lo que tiene que ver con la relación hombre mujer, en el que se ha pisoteado al amor.
“A la Virgen María no la podemos ocultar. Es lo que tenemos que mostrar a este mundo tan lleno de pecado, que se ha alejado de Dios. Tenemos que mostrar a María, sabiendo que Ella da el ejemplo que lleva a Jesús
”, expresó, llamando a ser, con ayuda e intercesión de la Virgen, discípulos y misioneros del Señor que vivan la dimensión de la castidad en la vida, y la apertura de corazón a la Palabra de Dios, derramada en los corazones por la acción del Espíritu Santo, para que finalmente, el mundo comience a transformarse desde el interior de los corazones de los cristianos.

En medio de esta realidad, tan llena de miserias y antivalores, es Ordenado un Sacerdote. “La Diócesis ofrece a la sociedad un sacerdote que, precisamente con su vida, con su ser, con su testimonio, tendrá que transformar este mundo haciendo de su sacerdocio un servicio de amor, una entrega total al Señor y a los hermanos” señaló el Sr. Obispo, subrayando que la caridad pastoral tendrá que mover el corazón de Carlos y el de todo sacerdote. “Ellos tienen que hacer ver a los hombres que los valores del Evangelio y del Reino son verdaderos, perennes, para siempre, que son valores que edifican al hombre y la sociedad”.

Lo exhortó a ser todo para Jesús, para que Él pueda obrar realizando una prolongación de su acción salvífica, subrayando que entregar la vida a Jesús, es la mayor fuente de alegría y felicidad para el corazón del hombre.

Un sacerdote tiene un valor inestimable
No se puede medir en términos humanos lo que significa y lo que vale una vida sacerdotal. “Esta dimensión salvífica, sólo Dios la conoce, solamente Él sabe cuando un sacerdote predica, a dónde llega su Palabra, qué corazones toca, qué conversión produce. Lo mismo, cuando se celebra un sacramento o se realiza alguna actividad pastoral.

Por esto, un sacerdote tiene un valor inestimable en la vida de la Iglesia diocesana”, sostuvo Mons. Luis Guillermo, quien tuvo palabras de agradecimiento para con los Hermanos Maristas, ya que Carlos por muchos años fue uno de ellos. “Toda su vida religiosa y de formación tuvo lugar en la comunidad de los Hermanos Maristas. Ellos, con toda generosidad y la luz del espíritu que hace al discernimiento cristiano de las vocaciones, entregaron a Carlos a la Iglesia diocesana. Ahora, todos juntos nos comprometemos a seguir trabajando por el Reino”.

Al concluir, llamó a rezar seriamente, sobre todo a la Virgen, por las vocaciones sacerdotales y de especial consagración, reconociendo que la Diócesis tiene muchos miles de habitantes que necesitan un sacerdote.
Dio a conocer que hay comunidades que aún no tienen uno, por eso la urgente necesidad de orar por buenas y santas vocaciones al servicio de Cristo.☺

Noviembre ~ Diciembre de 2007