5 de octubre de 2007, Nuestra Señora del Buen Viaje

50 Años de Vida Diocesana

Fiesta culminar del Jubileo Diocesano

Después de haber recorrido todos los rincones de la Diócesis, ahora
le tocó a Nuestra Señora del Buen Viaje recibir la visita de las comunidades e
instituciones diocesanas en su Casa, la Iglesia Catedral.

Como cierre de los festejos por los 50 años de la creación del Obispado de Morón, las comunidades que lo conforman junto a sus pastores, se acercaron a los pies de Nuestra Señora del Buen Viaje a dar gracias por estos 50 años de historia, de vida diocesana tan plena y fecunda.

El homenaje a la Patrona de Morón comenzó a las 19.30 horas con la recepción y concentración de la grey moronense en la Catedral Basílica, finalizando pasadas las 22 horas con baile y canciones, tras la Misa que presidió el Obispo, Monseñor Luis Guillermo Eichhorn.

Previamente, al mediodía, tuvo lugar un ágape en la Curia Diocesana, con el que el Sr. Obispo; su Vicario General, Mons. Olivera, y el personal de la misma, agasajaron a las autoridades civiles de los municipios que abarca la Diócesis, quienes se hicieron presentes con motivo del Aniversario. Además de la presencia del Intendente de Morón, Martín Sabbatella, se destacó la participación del Dr. Luis Saguier Fonrouge, Director General de Culto Católico del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación.

Estos actos celebratorios de la clausura del Año Jubilar Diocesano, fueron declarados de interés municipal por los Partidos de Morón y Hurlingham.

La Solemne Eucaristía, caracterizada por el Espíritu festivo, contó con la participación de Mons. Justo Oscar Laguna, Obispo Emérito de Morón, quien condujo pastoralmente la Diócesis por 25 años; Mons. Juan Horacio Suárez, Obispo de Gregorio de Laferrére; Mons. Jorge Casaretto, Obispo de San Isidro; Mons. Fernando Bargalló, Obispo de Merlo – Moreno, quien fue Obispo Auxiliar de Morón; Mons. Baldomero Martini, Obispo de San Justo; Mons. Guillermo Rodríguez-Melgarejo, Obispo de San Martín; como así también, Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas y una multitud de los laicos que desbordó el Templo.

Al comenzar la celebración, Mons. Olivera dio lectura a la Bendición Papal:
“Su Santidad, Benedicto XVI, se une espiritualmente a la Solemne Eucaristía que celebra con ocasión del 50º Aniversario de la erección canónica de la Diócesis de Morón y eleva plegarias de agradecimiento al Todopoderoso por las abundantes gracias concedidas durante este tiempo.

Así mismo, por mediación de Nuestra Señora del Buen Viaje, Patrona de la Diócesis, pide al Altísimo que como fruto de tan señalado acontecimiento, los miembros de esa Iglesia particular se comprometan a seguir viviendo cada vez más esperanzados los ideales evangélicos y sean siempre artífices de amor, justicia y paz fraterna.

Con estos deseos y en prueba de benevolencia, el Santo Padre se complace en impartir al Sr. Obispo Diocesano, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, Sacerdotes, Religiosos, Religiosas y fieles, la implorada Bendición Apostólica".

Para la ocasión, se recibieron las salutaciones del Sr. Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini; Sr. Cardenal Jorge Bergoglio, Arzobispo de Buenos Aires; Mons. Sergio Fenoy, Secretario de la Conferencia Episcopal Argentina, y Obispo de San Miguel; Mons. Rubén Frassia, Obispo de Avellaneda-Lanús; Mons. Ricardo Faifer, Obispo de Goya; Mons. Juan Manuel Jorge, Párroco Emérito de María Reina (actualmente reside en España); Mons. Ismael Calcagno, Antiguo Párroco de Sagrada Familia, de Haedo; Pbro. Alberto Forconi, Vicario para las Misiones, Diócesis de Macerata, Italia; Presbíteros del Clero de Morón, Marcelo Jofré, quien reside en Noruega, y José Recondo, Rector del Colegio Sacerdotal y la Iglesia Argentina en Roma, Italia; R. P. Aderico Dolzani, Director Editorial San Pablo; Hermana María Carlota Loza; Hermana Rosalía Robledo, de las Siervas del Sagrado Corazón; Sr. Guillermo Oliveri, Secretario de Culto del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto de la Nación; Prof. Gerardo Difazio, Director Provincial de Culto; y Sr. Intendente Municipal de Ituzaingó, Alberto Descalzo.


Se transcribe a continuación, la Homilía de Monseñor Eichhorn:

La Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje

Con alegría, entusiasmo, fervor, llegamos a la culminación de nuestro Año Jubilar. Los 50 años de la Diócesis de Morón, la Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje.
Me gusta llamarla así: porque la Diócesis es de ella, que es nuestra Patrona. Y al decir que es de ella, no sólo nos referimos a una determinada región geográfica, o a una historia cargada de acontecimientos maravillosos, sino especialmente a nosotros: ¡Somos la Iglesia de Morón, el Pueblo de Dios que peregrina en la Diócesis de Nuestra Señora del Buen Viaje, aquí, en Morón, en Ituzaingó, en Hurlingham.


Somos de esta Diócesis, somos de María. Celebrar estas Bodas de Oro para nosotros es redescubrir con asombro y admiración esta realidad: María Santísima, Nuestra Madre, la Inmaculada Concepción del Buen Viaje, está directamente involucrada y comprometida con todos nosotros, con cada uno de nosotros. Es nuestra Madre.
Aquellas palabras de Jesús desde la Cruz: “Madre, ahí tienes a tu hijo”, cobran especial sentido para nosotros: las ha dicho para nosotros, aquí en esta Diócesis, y así lo sentimos; nos sentimos hijos de María.

Esta celebración jubilar nos lleva a recordar y reafirmar que es nuestra Madre, saber que somos hijos: Ella nos mira con amor, nos cuida, y sobre todo, nos da a Jesús, nos acerca a Él, nos enseña a seguirlo, a amarlo, a identificarnos con Él. Como Ella lo estuvo, desde Nazaret hasta el Calvario.

Hoy, nosotros, celebrando esta fiesta, queremos renovar nuestro amor filial a María, renovar nuestro ser cristianos. Dentro de unos momentos, confirmaremos nuestra fe al contestar las preguntas del Credo. Es que en este momento jubilar queremos que toda nuestra vida recomience con más entusiasmo, amor, entrega, decisión.

Renovar nuestra vida de fe significa asumir el desafío de vivirla, y la fe se vive en comunión con la Iglesia, que es comunión con Cristo y con los hermanos, con un auténtico espíritu de reconciliación, reencontrándonos todos, Obispo, sacerdotes, diáconos, consagrados y consagradas, laicos y laicas, verdaderamente unidos por el vínculo del amor. Es este uno de los frutos que imploramos para este Año Jubilar.

Esto nos lleva a tomar conciencia de que el Señor está presente en medio de nosotros, enseñándonos con su Palabra mientras peregrinamos, como lo hizo con los discípulos de Emaús, animándonos con su ejemplo, que fue humilde servicio, amor y entrega, misericordia con todos, cuidado especial de los pobres y enfermos, haciendo arder nuestro corazón con el don del Espíritu: “¡Reciban el Espíritu Santo!”, haciendo así de nosotros, una comunión, una Iglesia, una familia.
Vivir la comunión significa un compromiso para edificar y construir siempre, con el diálogo, la palabra sincera y edificante, el perdón, la pasión por la verdad; así el Señor nos dará su paz.

Así crecemos en la fe, en la esperanza, en el amor. Así seremos discípulos misioneros, así daremos testimonio auténtico y compartiremos nuestra fe, sintiéndonos enviados por Jesús a evangelizar. El Año Jubilar debe ser para nosotros un fuerte impulso a la misión evangelizadora.

Son abundantes los frutos que estamos ya cosechando en esta fiesta jubilar, gracias a la bondad y misericordia del Señor. El haber reflexionado sobre nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana y haber rezado juntos, abre para nosotros perspectivas llenas de promesas. Vamos caminando hacia una Iglesia renovada que asume con alegría la misión que el Señor le encomendó: hacer que todos sean sus discípulos. La celebración jubilar de cada comunidad y de cada equipo, grupo, comisión, ha sido momento también de gracias y bendiciones. La visita de la imagen de Nuestra Señora del Buen Viaje, que recorrió la Diócesis, llegando a todos sus rincones, ha sido una peregrinación llena de júbilo, de fervor, de entusiasmo; ¡Cuántas maravillas se suscitaron al llegar la imagen de María a los diversos ambientes! Habría para escribir un libro con todos los testimonios recibidos.

La visita de la Virgen fue la coronación de la fiesta jubilar de cada uno de nuestros decanatos. En este Año Jubilar, el Señor nos ha regalado la posibilidad de instaurar en nuestra Diócesis el Orden de las Vírgenes Consagradas, y tenemos la gracia de varias hermanas que se están preparando para realizar su consagración. Y un hecho que a mí me parece significativo: en esta celebración, portará las ofrendas de pan y vino una familia, cuyas tres generaciones son como testigos de toda nuestra historia; me parece un gesto profético, pues si algo tenemos que atender, favorecer, promover, es precisamente a nuestras familias. La pastoral familiar será uno de los grandes desafíos hacia el futuro que nos plantea la celebración de los 50 años de la Diócesis.

Asimismo, los jóvenes se hicieron presentes. Desde la celebración jubilar que se realizó en el ámbito de la Pascua Joven de este año, hasta el último encuentro de jóvenes mayores, realizado en nuestro Seminario, pasando por la realización de talleres sobre la lectura orante de la Biblia, conformando comunidades en torno a la Lectio Divina , y los cursos Animar para fortalecer los liderazgos y conducción de nuestros grupos de jóvenes. El encuentro diocesano de los Scouts, también fue un momento de reencuentro y para forjar la conciencia de pertenencia diocesana. ¡Y cómo no recordar la hermosa celebración de la fiesta del Corpus Christi, cuando una multitud enorme colmó nuestras calles! ¡Grandes maravillas ha hecho el Señor! También recuerdo emocionado, la fiesta en la cual los sacerdotes renovamos nuestro compromiso, durante la Misa Crismal de este año, celebración jubilar de nuestro presbiterio; nuestra Catedral Basílica rebosaba de fieles que quisieron expresar no solo su adhesión a la Iglesia diocesana, sino su apoyo y aliento a todos los sacerdotes: ¡Gracias al Señor y a todos por esta celebración! Las celebraciones jubilares de los Diáconos permanentes y de la Vida Consagrada, fueron momentos de intensa espiritualidad en los que se renovó el fervor y el compromiso con la Iglesia diocesana. Gracias también por esto.

Evidentemente, celebrar el Jubileo nos ha llevado a hacer memoria. En diversas oportunidades hemos recordado acontecimientos, personajes, momentos de gracias. Queremos que todo esto quede plasmado en un Libro de Oro, el cual ya se está confeccionando. Les pido a todos, para esto, la ayuda: hay muchos que tienen fotos, recuerdos, documentos, que pueden facilitarnos para sumar a esta obra que plasmará nuestra memoria agradecida.

Hermanos: ¡Que siga la fiesta! Que la ofrenda que presentaremos en esta Eucaristía sea toda nuestra vida, nuestra historia, nuestras tradiciones, todos nuestros afanes e ideales, todos nuestros trabajos apostólicos. ¡Nuestra Diócesis, una ofrenda viva al Señor!
Que esta fiesta se transforme en alabanza y en acción de gracias al Señor. Nuestra Eucaristía hoy quiere expresar especialmente esto. El Señor ha hecho maravillas entre nosotros, y las sigue haciendo. Por eso, nuestra alma canta con gozo al Padre que nos ama.

Agradezco la presencia de mis hermanos obispos. Muchos nos enviaron sus saludos, lamentando no poder estar con nosotros. En especial, agradezco el saludo del Cardenal Bergoglio, que nos envía saludos y bendiciones; igualmente al Señor Nuncio Apostólico, que no puede estar junto a nosotros por estar de viaje; él tuvo la amabilidad de acercarnos un saludo y una bendición del Santo Padre, el Papa Benedicto XVI.
Agradezco la participación en especial de Mons. Justo Laguna, nuestro Obispo Emérito; él es parte de la historia de nuestra Diócesis y siempre lo recordamos agradecidos.
Agradezco también a los Obispos de aquellas Diócesis que se han desmembrado de ésta. Nos sentimos muy unidos, por la historia común, y especialmente por la comunión fraterna entre nosotros, tan cercanos por vecindad y por cordialidad.
Mis gracias también a todas las autoridades, que están ahora presentes, y aquellos que participaron hoy al mediodía de la celebración en el obispado.
A todos ustedes, queridos hermanos de esta Diócesis: les agradezco de corazón su presencia y participación. Nos alienta ver una Iglesia llena de vida y fortaleza porque el Espíritu la anima.

Que nuestra alegría ahora se haga Eucaristía, acción de gracias, alabanza, porque el Señor está con nosotros, y para que así vivamos más plenamente la comunión.
Que así sea.☺


Pregón a Nuestra Señora del Buen Viaje

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Septiembre ~ Octubre de 2007