La Eucaristía, Fundamento y Júbilo de la Iglesia Diocesana

La tradicional Misa y procesión de Corpus Christi se realizó esta vez, dentro del marco de la conmemoración de los 50 años de la Diócesis. Por tal motivo, la Iglesia Diocesana estuvo de fiesta. Todos los fieles que la componen, compartieron la misma alegría, ya que es “la Eucaristía, Fundamento y Júbilo de la Iglesia Diocesana”.

La celebración eucarística, que contó con una gran participación, tuvo lugar el día 9 de junio, en las instalaciones del Colegio San José, de los Hermanos maristas. Al finalizar la Santa Misa, se inició la solemne procesión de Corpus Christi, por las calles que rodean a la Iglesia Catedral, culminando con la bendición final y una merienda compartida.

Hacia una pastoral orgánica diocesana
Mensaje de Mons. Luis Guillermo Eichhorn:

“La Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesús, es la Fiesta de la Eucaristía, que es el centro de la vida de la Iglesia, fuente y cumbre de toda su vida, de toda su actividad. Por eso el lema, en este Año Jubilar Diocesano: ‘Eucaristía, Fundamento y Júbilo de la Iglesia Diocesana’. Celebrar la Eucaristía, para nosotros, significa reconocerla por el signo eucarístico del Pan y del Vino, del Cuerpo real y la Sangre real de Cristo, entregado por nosotros en la cruz y resucitado; y recordar que por el Bautismo, que fue nuestra pascua, cada uno de nosotros a su vez, ha sido constituido miembro de ese Cuerpo, ha sido incorporado a Cristo, es decir, a la Iglesia que es su cuerpo místico. Misterio que renovamos, que celebramos, que realizamos cada vez que celebramos plenamente el banquete eucarístico.

Claramente lo expresa Su Santidad, el Papa Benedicto, cuando dice: ‘La Eucaristía es, pues, constitutiva del ser y del actuar de la Iglesia. Por eso, la antigüedad cristiana designó con las mismas palabras Corpus Christi: El Cuerpo nacido de la Virgen María, el Cuerpo eucarístico y el Cuerpo eclesial de Cristo. Este dato, muy presente en la tradición, ayuda a aumentar en nosotros la conciencia de que no se puede separar a Cristo de la Iglesia’. El mismo San Pablo lo recordaba a los cristianos de Corintio, cuando les decía: ‘Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Ya que hay un solo pan, todos nosotros aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque participamos de un mismo pan’.

Celebrar la Eucaristía para nosotros es, entonces, celebrar el misterio de comunión que nos une en un solo cuerpo, que es la Iglesia. Esa Iglesia que se manifiesta y acontece precisamente en la Diócesis (Iglesia particular) y de manera concreta para nosotros, en esta bendita Diócesis de Morón, fundada hace 50 años por el Papa Pío XII. En este Año Jubilar, hemos estado haciendo memoria, agradeciendo el paso del Señor entre nosotros.

Este año es momento de renovación, de conversión, de compromiso. De dejar que el Señor desde la Eucaristía, nos haga más plenamente Iglesia; cuerpo; comunidad de discípulos de Jesús; comunión fraterna y misionera, que desde su amor comprometido, dé auténtico testimonio del amor de Dios a todos los hombres. De dejar que el Señor nos haga Iglesia, como lo hizo con la muchedumbre que lo seguía, como dice el Evangelio que acabamos de escuchar (Lc. 9, 10-17). Este texto está lleno de insinuaciones al respecto: Dice que Jesús recibió a la multitud que lo buscaba, la acogió cordialmente, lleno de amor y ternura. Un texto paralelo de este pasaje del Evangelio, dice que la miró y se compadeció de esta multitud. Jesús les habla, les enseña acerca del Reino de Dios, Reino del amor, del perdón, de la reconciliación y de la paz. Reino en el que todos podemos reconocernos como hermanos, hijos de un mismo Padre. Dice el texto que Jesús los sana, los libera del mal que los oprime, los restaura, los rehace como hijos y como hermanos. Es el misterio de salvación que se hace presente allí, donde está Jesús. Pero están a la intemperie, sin casa, sin cobertura. Se acerca la noche, signo de tinieblas y desolación. Están en un lugar desierto, lugar de tentación, donde se ve la fragilidad del hombre, pero también lugar de la experiencia de Dios.
Los Discípulos le dicen: ‘Despídelos, que busquen alimento y comida’. Necesitan no sólo alimentarse, sino una casa que los cobije y que les dé identidad de familia.
‘Denles ustedes de comer’, dijo Jesús, como indicando que de aquí en más, es la Iglesia la que habrá de hacer la Eucaristía, y así, construir esa casa y dar ese alimento tan necesario para los hombres.


Sólo hay cinco panes y dos peces. ¡Qué pobreza ante tanta necesidad! ¿No estamos nosotros, hoy, en una situación parecida, con nuestras limitaciones y pobrezas, con estas comunidades que tenemos, así como están y como son? ¿Podremos convocar, cobijar, enseñar hablando del Reino, sanar y reconciliar a tantos hermanos que están afuera, a la intemperie? ¿Podremos asumir el desafío de ser casa y escuela de comunión, comunidades acogedoras, cálidas, fraternas?

Asumir el desafío de la nueva evangelización
Jesús toma ese pan y esos peces y pronuncia la bendición. Ahí, se realiza el acontecimiento que celebramos: Los instala agrupándolos, haciéndolos sentar, signo de comunidad estable que se acomoda para comer, para compartir. …Y reparte el pan. Todos comieron hasta saciarse y con lo que sobró, se llenaron doce canastos. Hay pan de sobra y para siempre. Jesús se hace pan, ‘esto es mi Cuerpo, tomen y coman’. Así nos hace Iglesia, así nos alimenta y nos hace vivir en comunión, unidos por el vínculo del amor. Así, nos da ejemplo y fuerza para que nosotros como Él, hoy, anunciemos su Reino evangelizando, y construyamos comunidad, dando nosotros de comer, dando a Cristo a los hermanos.

Hacia una pastoral orgánica diocesana
Este es el desafío que nos propone esta celebración Eucarística, es el desafío de este año jubilar. Una renovación para reiniciar juntos con nuevo ardor, entusiasmo y coraje, el camino que, como Iglesia, hace ya cincuenta años que venimos recorriendo en esta, aún joven, Diócesis de Morón. Por tal motivo, hoy entrego a la Iglesia diocesana una Carta Pastoral, la cual es una convocatoria para que comencemos todos, este camino de renovación y de compromiso misionero evangelizador.

Iniciamos un proceso hacia una pastoral orgánica diocesana, espero una sincera y entusiasta recepción de esta convocatoria, y que, a partir de ahora, todos nos pongamos a trabajar en esta tarea, a la cual la Iglesia hoy nos impulsa. Lo hace el Santo Padre; lo hace la Conferencia Episcopal, desde Navega Mar Adentro; lo hace el Episcopado Latinoamericano, desde Aparecida. No podemos hacer oídos sordos a este llamado. Confío en la generosidad y entrega de todos ustedes, y sobre todo, en la ayuda y asistencia del Espíritu Santo.


♦♦♦

Mensaje de Mons. Raúl Trotz
Al arribar al atrio de la Iglesia Catedral, concluyendo la procesión, se expuso el Santísimo y, antes de recibir la bendición y el agradecimiento del Sr. Obispo, la multitud escuchó atentamente a Mons. Trotz:


“Jesús está vivo y presente en el Santísimo Sacramento. Celebrando la Fiesta en honor de su presencia real en la Eucaristía, en el Año Jubilar de la Iglesia Diocesana, pedimos el auxilio de nuestros hermanos mayores en la fe.
Queremos juntos recitar el salmo 51: ‘Ten piedad de mí, Señor, por tu gran misericordia, borra mis faltas, lávame totalmente las culpas y líbrame de mí que soy un pecador’. Perdón, Señor, por todas las infidelidades que hemos cometido en estos 50 años, pero con la misma fuerza pedimos hoy el auxilio de la Virgen.
Como Ella, queremos decir: Mi alma canta la grandeza del Señor y mi espíritu se estremece de gozo en Dios mi salvador. Gracias, Señor, por todas las maravillas que obraste en esta Iglesia diocesana.

Dentro de poco, se cumplirán 50 años de aquel día, en que siendo yo un joven de 16 años, escuchaba decirle al entonces Párroco de la Inmaculada Concepción del Buen Viaje, el querido Padre Juan Presas a don Miguel Raspanti: ‘Bendito el que viene en el nombre del Señor, Dios te Salve, Obispo de Morón, Bendito el que viene en el nombre del Señor’.
Allí, comenzó su ministerio Episcopal. De las innumerables actividades que desarrolló aquel pastor, quiero recordar con ustedes la respuesta a los desafíos de un conurbano que crecía día a día, con la presencia en cada barrio de nuevas Capillas, y en el centro de Morón, las Casas de la Catequesis y de la Caridad.

23 años después, el mismo párroco recibía al segundo obispo de Morón, Mons. Justo Oscar Laguna. A este Pastor le tocó enfrentar los vertiginosos cambios que comenzaba a gestar la modernidad en el país. De su gestión, queremos recordar su admirable capacidad para dialogar con el mundo moderno, como lo había enseñado el Concilio Vaticano II, y su preocupación por atender los diversos sectores que surgían como nuevos desafíos para la Pastoral, organizando las Vicarías Episcopales (hoy, Delegaciones Episcopales).

Hace dos años me tocó el privilegio, como Párroco de la Catedral Basílica, recibir al tercer Obispo de Morón, Mons. Luis Guillermo Eichhorn. Con él y conducidos por él, hemos iniciado el camino para conformar un plan orgánico pastoral, que nos ayude a lograr que cada comunidad cristiana sea casa y escuela de comunión.
Con él y conducidos por él, queremos cumplir tu mandato de que seamos uno para que todo el mundo crea en Ti. Aquí estamos, Señor, a tus pies. Queremos defender la vida desde su concepción, pero queremos defender, sobre todo, la vida del que nació. Queremos trabajar para que todos los que nazcan en nuestro país, tengan las mismas oportunidades de educación, de salud, de justicia, de seguridad y de acceder a un trabajo digno. Sabemos que nos juzgarás porque tuviste hambre y te dimos de comer. Sabemos que cada vez que trabajamos por el bien de nuestros hermanos, también anunciamos tu muerte y resurrección hasta que vuelvas.
Señor, queremos volver a escucharte decir, que viniste para traer alegría y querés que en nosotros sea perfecta. Queremos ser eficaces transmisores de alegría.

Señor, tu Padre quiso que una joven virgen de Nazaret fuera tu Madre, y Ella le dijo: Que se haga tu voluntad, y creyó que para Dios no hay nada imposible. Señor, esa mujer en Caná vio tristes a unos novios y te pidió que recuperaran la alegría, y a los demás, que hicieran lo que vos le pedías. Señor, a esa mujer en la cruz, le encomendaste que nos cuidara, y a nosotros que la recibiéramos como nuestra Madre. Nosotros, hace casi 300 años, la invocamos como Purísima Concepción del Buen Viaje. A Ella le rogamos que nos enseñe a ser tus hijos, a confiar siempre en tu providencia, y que interceda siempre ante ti, para que nunca nos falte la alegría. ‘Virgen del Buen Viaje, soberana mía. Virgen del Buen Viaje que al Cielo nos guías’.☺


 

Junio ~ Agosto de 2007

 

 

 

 


Contador gratis