Parroquia Santa Cecilia, de Ituzaingó

Iniciación Cristiana con Estilo Catecumenal

Para niños y niñas

Los Padres Hugo Fernández y Jorge Alonso, Párrocos Solidarios de Santa Cecilia, de Ituzaingó, en el año del Jubileo de la Diócesis, comparten con los lectores de Seguimos Caminando la experiencia catequística que llevan adelante en su Parroquia, que incluye las comunidades de las Capillas: Santa Cecilia, Santa María del Buen Ayre, San José de la Montaña, Ntra. Sra. de Guadalupe y San Francisco de Asís.

Un modo de catequesis

“Una vez salió un sembrador a sembrar” (Mc. 4,3)

Se lee en el Directorio Catequístico General (DCG): “Analizado el terreno, el sembrador envía a sus operarios a anunciar el Evangelio por todo el mundo, comunicándoles la fuerza de su Espíritu. Al mismo tiempo, les muestra como leer los signos de los tiempos y les pide una preparación muy cuidada para realizar la siembra”. (DCG31 )

En el contexto de la siempre actual invitación a renovar las comunidades y a hacer de ellas lugares de comunión y misión, un grupo de catequistas y religiosas junto a los párrocos solidarios, comenzaron a “re-pensar” los modos de la catequesis.

El por qué de los cambios

Signos de los tiempos
“En la situación actual de la catequesis nos encontramos con una excesiva acentuación de lo sacramental. Por otra parte hallamos adultos con fe de niños.

Vivimos en un contexto socio-cultural donde los pequeños asumen responsabilidades de los adultos.

Como cristianos nos sentimos llamados a amar esta realidad y regalarle el encuentro con Jesucristo vivo. Es esta la realidad donde hemos sido llamados a evangelizar. “Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio a toda la creación” ( Mc.16,15 ).

El desafió será iniciar cristianos para insertarse en una comunidad que busque vivir según el evangelio, que busque vivir al estilo de Jesús; renovada con la mirada del Jesús Pascual. Por eso preparamos un camino con estilo catecumenal que pretende ser respuesta al hombre de hoy. Un modo de hacer catequesis, que invita al seguimiento de Jesucristo, siendo ella tarea de toda la comunidad revestida de caridad, servicio, escucha, recibimiento, palabra oportuna , gesto.

Tarea compartida con la familia en contacto y diálogo con los catequistas.

El Párroco debe acompañar de cerca este proceso (de quienes hacen el proceso), como un padre acompaña el crecimiento de sus hijos y se alegra de sus logros y sostiene en la dificultad.

Comenzamos por la catequesis de niños y niñas, quedará pendiente transitar el camino de los adultos.

INICIACIÓN CRISTIANA CON ESTILO CATECUMENAL

El grupo entiende la Catequesis como un proceso, un camino. Por ello, en estas comunidades no se habla de curso, ni de primer año, etc.. Más bien, se insiste en un camino con distintas etapas, a saber:

BELÉN: “Es el tiempo del pre-catecumenado. Reciben el primer anuncio. Hablamos de catequista-predicador. Se les anuncia el Amor de Dios. Un Dios que nos ama, que camina junto a nosotros, el Señor de la historia. Él nos amó primero y nos entregó a su Hijo único para nuestra salvación. En este camino de Belén, de encuentro con el rostro misericordioso de Dios, con la sencillez y la humanidad de un Dios que salva, que tiene nombre: Jesucristo, que nos invita a transformar nuestra vida, a cambiar de rumbo. Él nos da su Espíritu, aliento de vida, para que seamos testimonio de ese amor en nuestra comunidad.

Esta etapa culmina con el Rito de Entrada en Nazareth (propiamente el Catecumenado)”. 

NAZARETH: “Es el tiempo de profundización en la fe. Continúan conociendo (en relación) a Jesús, y la comunidad cristiana los integra.

Con las familias se ve el momento para recibir el Sacramento de la Eucaristía. Eso supone un diálogo fluido con ellos por parte de los catequistas. En esta etapa, se habla de catequistas tutores. Hay momentos de catequesis (encuentros) y momentos de Taller (preparamos una Misión con niños, por ejemplo: Misión del Rosario, invitación a Patronales, etc.).

En esta etapa, también, se invita a los padres de los niños a comenzar BELÉN”.

GALILEA: “Esta etapa comienza luego de recibir el Sacramento de la Eucaristía. Es el tiempo del Apostolado, del servicio, de la inserción en los grupos y en la comunidad.

A partir de los 14 años hacen la preparación al Sacramento de la Confirmación. Galilea continúa con el Itinerario Catequístico Permanente”.

Esquema de la Catequesis en las mencionadas comunidades

Párrocos Solidarios

Catequistas Coordinadores

Catequistas de Niños

Niños y niñas

Fundamentos para una catequesis de Iniciación
La situación actual de la evangelización postula las dos acciones, el anuncio misionero y la catequesis de iniciación. (DCG 277 ).

En este sentido, la vinculación entre el anuncio misionero, que trata de suscitar la fe, y la catequesis de iniciación, que busca fundamentarla, es decisiva en la evangelización.

En la situación de la nueva evangelización, se necesita primero una etapa de anuncio, en orden a despertar su adhesión a Jesucristo. (DCG. 276 ).

La comunidad cristiana es el origen, lugar y meta de la catequesis. De la comunidad cristiana nace siempre el anuncio del Evangelio, invitando a los hombres y mujeres a convertirse y a seguir a Jesucristo. Y es esa misma comunidad, la que acoge a los que desean conocer al Señor y adentrarse en una vida nueva. Ella los acompaña, los hace partícipes de su propia experiencia de fe y les incorpora a su seno. (DCG. 254 - CT 24).

La familia ha sido definida como una “ Iglesia doméstica”, lo que significa que en cada familia cristiana, deben reflejarse los diversos aspectos de la vida de la Iglesia entera: Misión, catequesis, testimonio, oración ... La familia, al igual que la Iglesia, es un espacio donde el Evangelio es transmitido y de donde se irradia”. ( DCG. 255 - EN 71).

Testimonio

Catequesis para el tiempo de Belén
Tiempo de Belén, tiempo de dejarse amar por Dios, de abrir nuestro corazón a los hermanos y hermanas.

¿Por qué Belén?
Cuando comencé a recoger lo vivido en el tiempo de Belén (para la catequesis, etapa de Belén = pre-catecumenado), para nosotros y nosotras fue caminar y abrazar este tiempo. ¿Por qué Belén? La respuesta brota del corazón renovado:

“Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue”. (Lc.2,6-7).

Así, nace en nuestras vidas este tiempo de anuncio, anuncio del amor de Dios. De darle albergue en nuestro corazón y sumar a nuestros hermanos y hermanas. Dejarnos rescatar por su Hijo único, porque aunque nos cerremos a su amor, no nos deja de amar, no nos deja solos. Y nos envía a su Hijo único, esta es la Buena Noticia. Y más, nos da el Espíritu. Este Espíritu, ese amor que existe entre Él y su Hijo (Lc.11,13); nos hace llamar a Dios Padre, papá. (Rm. 8,15).

Podemos decir: Somos hermanos y hermanas, estamos llamados a la unidad, todos nos necesitamos, todos somos importantes. Somos comunidad.

Esta es la experiencia más bella y fuerte de sentirse amadas y amados por Dios, que nos ama con un corazón humano. Encontrarnos con Jesús, y movidos por su Espíritu, hacernos comunidad.

El método
El Catequista de Iniciación Cristiana recibe la catequesis del Párroco o de los coordinadores y los catequistas, después de haber hecho esta experiencia de vida, la trasmiten a los niños y niñas.

El Catequista-predicador recupera los gestos y pone acento en la Palabra dicha con fuerza. La propuesta trasciende el recinto de la catequesis, para ser experiencia de Jesús resucitado en nuestra vida y en la comunidad. Libre adhesión a Jesucristo.

¿Cómo sigue?
Con los niños y las niñas que, recibiendo el anuncio con fuerza y alegría, descubren a este Dios cercano, en sus vidas. La comunidad no sólo recibe al chico, sino también a su familia y a los padrinos y madrinas. Sí, padrinos y madrinas que acompañarán, una vez que decidan seguir este camino, el proceso en la fe.

Propuestas:
Las familias son las que anotan a los chicos en el Tiempo de Belén, después de dialogar con el catequista.
Encuentro (no reunión) con los papás, mamás, abuelas o abuelos.
Convivencia de niños y niñas. Momento de compartir. (Jornada de juegos, almuerzo, oración).

Fiesta de Nazareth: Rito de entrada al tiempo de Nazareth (vienen con sus padrinos o madrinas, si algún chico no tiene, una persona de la comunidad será su padrino o madrina). En esta celebración, quedan inscriptos en el libro de la comunidad.
Se encuentran con una comunidad que recibe, acompaña y se compromete.

Resultados

¿Vinieron? ¿Participaron? ¡SÍ!

Recogimos algunos testimonios dichos por los niños y niñas: Dios me ama; Jesús me salvó; Jesús es nuestro amigo; somos hermanos...

De las familias: Están esperando el momento para venir; se pone el despertador; vienen contentos...

Después hubo que esperar el día de la Fiesta de Nazareth, que es la segunda etapa de este tiempo, en la que van a seguir profundizando en la fe.

¿Qué pasó? Un regalito de Dios. Fue una verdadera fiesta. Volvieron los niños y niñas acompañados por sus padrinos y madrinas, sus familias, y toda la comunidad los recibió con mucha alegría.

“Su Madre conservaba estas cosas en su corazón. Jesús iba creciendo en sabiduría, es estatura y en gracia delante de Dios y de los hombres.” Lc.2, 51b-52.J

Adriana
En el año Jubilar de la Diócesis.

Morón oró por el eterno descanso de
Mons. José Antonio Gentico

Lo hizo en la celebración eucarística en su memoria, que presidió el Sr. Obispo, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, el 18 de mayo, en la Iglesia Catedral, con una significativa concurrencia del Clero, familiares, amigos y fieles de distintos puntos del Obispado.
A la hora de pasar de este mundo al Padre, Jesús dijo a sus Discípulos: “Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo.
La mujer cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora, pero cuando nace el niño se olvida de su dolor, por la alegría que siente de que haya venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora, están tristes, pero yo los volveré a ver y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar. Aquel día, no me harán más preguntas”.

“Estamos celebrando la Pascua del Señor, este misterio es el que alimenta nuestra esperanza, el que nos da la alegría interior, sabiendo que la Pascua para nosotros es el triunfo. Es el misterio por el cual el Señor, muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró nuestra vida.

Renacimos a la vida nueva por el bautismo, por la Pascua del Señor. Esta vida nueva, este vivir en comunión con el Señor participando de su vida de resucitado, es un anticipo de aquella pascua eterna, de aquella plenitud de vida a la que estamos destinados”, manifestó el Sr. Obispo, subrayando que por esto tiene sentido el recordar y el rezar por los hermanos difuntos. “Estamos todos en camino, peregrinando hacia la Casa del Padre. Le pedimos al Señor que esta esperanza que hoy nos alienta, sea una realidad, para que todos podamos gozar de ese encuentro feliz, en esa visión eterna de un Dios que es amor, que es Padre, que nos ama y nos quiere como hijos en su Casa”.
“Recordamos hoy a Mons. Gentico. Un hombre llamado por Dios, Sacerdote del Señor. Su vida ministerial se desarrolló fundamentalmente en esta Diócesis. Es motivo de dar gracias al Señor, porque mucho más allá de todo lo que ha sido su vida, su entrega, su generosidad, sus virtudes, es que era Sacerdote
.
Un sacerdote identificado con Jesús, obrando en nombre de Él, haciéndolo presente en la comunidad cristiana. Como Sacerdote, administraba el misterio de la Pascua, porque todo sacramento en la Iglesia es una celebración de la Pascua. Esta identificación con Cristo en el Sacerdote, es la plenitud del misterio, y él la alcanzó. Desempeñó su tarea pastoral y muchas personas han recibido su fruto. ¿Cuántos renacieron a la vida por la tarea sacerdotal de Mons. Gentico? ¿Cuántas personas se reconciliaron con el Señor? ¿Cuántas personas comieron el Cuerpo de Cristo en la Eucaristía?
Es imposible medir con parámetros humanos la dimensión espiritual de la tarea de un Sacerdote ~afirmó Mons. Eichhorn~ Por eso, le damos gracias al Señor, sabiendo que, precisamente por la acción del Espíritu, esa vida del Señor a través de su ministerio se ha derramado en abundancia” .

“Rezamos por el eterno descanso de José Antonio y pedimos que él interceda por nosotros, para que el designio de Dios de congregarnos a todos en la gran comunión eterna, se haga una realidad. Que interceda por nosotros para que toda la Iglesia Diocesana pueda vivir siempre unida, cuente con numerosas y santas vocaciones y vaya creciendo en su fe, en su esperanza, en su caridad”, concluyó.

 

Mons. José Antonio Gentico

Escribe en representación del Clero de Morón, Mons. Raúl Trotz .

La sabiduría pastoral que surgía del corazón de un profundo creyente, llevó a Mons. Raspanti en la década del setenta, a pedir a la Santa Sede que tuviera en cuenta a dos sacerdotes de su Diócesis: Gerardo Tomás Farrell y José Antonio Gentico; ambos llegaron a la plenitud del sacramento del Orden Sagrado. El primero, iluminó con su inteligencia la labor pastoral en todo el país y también en Latinoamérica; el segundo, ha sido un factor determinante en la labor pastoral de la Diócesis de Morón, particularmente en la formación sacerdotal, y en los últimos años de su vida, en la Arquidiócesis de Buenos Aires.

De cualesquiera de los dos me resulta muy difícil, casi imposible, hablar sin que e1 afecto que me unió a ambos, aflore en cada palabra. Con José, nuestra relación comenzó cuando, siendo él Diácono, fue destinado a la Parroquia del Carmen, en Ramos Mejía, entonces perteneciente a nuestra Diócesis, en donde yo comenzaba mi ministerio sacerdotal como colaborador del Párroco. De aquellas época de nuestros años jóvenes, ambos guardábamos graciosos recuerdos, en general, referidos a los sacerdotes mayores de entonces, como hoy los jóvenes los disfrutarán a costa nuestra.

Su ministerio sacerdotal comenzó en 1a Parroquia Sagrado Corazón de Hurligham, con la novedad de formar con otros tres sacerdotes (entre ellos estaba Mons. Angolani, con quien mantendría una entrañable amistad durante toda su vida), el primer equipo sacerdotal en nuestra Diócesis.

De allí, fue luego trasladado a la Parroquia Virgen de la Esperanza, de donde él guardara siempre un entrañable afecto y la comunidad hacia él. Luego de esta experiencia pastoral fue destinado al lugar en el que desarrolló y desplegó de una manera admirable todos los dones con que Dios lo había enriquecido: Rector del Seminario que se fundaba en la Diócesis.

Todo lo que significó su presencia en esta privilegiada función, solamente podrán mostrarla los sacerdotes que lo tuvieron como formador y que de él guardan, no sólo un entrañable recuerdo, sino sobre todo, su marca pastoral.

Más tarde, fue Vicario General de Mons. Laguna y Párroco en San Pedro y en San Judas Tadeo. Realizando esta función, fue designado Obispo Auxiliar del cardenal Bergoglio.

Es imposible entender la vida de José y la influencia que tuvo en todos aquellos que lo conocieron, sin referirla en primer lugar a su familia. E1 cariño de él hacia sus padres y de ellos hacía él en sus años jóvenes, y el de sus hermanos y sobrinos. Ya en los últimos años, le dieron la impronta afectiva que él siempre tuvo hacia todos los que se acercaban a él, y especialmente a quienes tenían algún dolor.

Pero fue el sacerdocio lo que marcó definitivamente su vida, José es impensable sin el Sacerdocio, fue un ministro sin ningún resquicio, su vida entera estaba consagrada al servicio de su vocación.

En ella se destacaba, en primer lugar, su afabilidad para con todos, su seriedad intelectual, pero sobre todo, su espiritualidad, la búsqueda de Dios era la razón de toda su vida.

Alguna vez escuché decir que se muere como se vivió. Los que tuvimos la posibilidad de estar cerca de él los últimos meses de su vida, pudimos ver, por un lado, el cariño entrañable con que lo rodeó su familia, y por el otro, cómo se preparaba para la vida eterna un auténtico creyente.

Desde el Cielo, Raspanti, Farrell y Gentico saben qué gran impronta le han dado a esta Iglesia particular de Morón, que está celebrando su jubileo.

Gracias a ellos y a todos los que han venido dando su vida por amor a Jesucristo.

Mons. Raúl Roberto Trotz

Jubileo Diocesano

Morón recordó el comienzo de la Diócesis

Durante la celebración, Mons. Eichhorn invitó a cada integrante de la Diócesis a renovar su compromiso como miembro activo y responsable de la Iglesia.

Continuando con los festejos por sus 50 años de vida como pueblo de Dios, la Diócesis de Morón conmemoró, el 30 de junio, la llegada a la ciudad y la toma de posesión del primer Obispo, Mons. Miguel Raspanti, momento en que comenzó la vida de la Diócesis. La misma, había sido creada el 11 de febrero de 1957, junto a otras 11 Diócesis de Argentina, cuando el Papa Pío XII emitió la bula “Quandoquidem Adoranda”.

Ese día, el actual Obispo de Morón, Monseñor Luis Guillermo Eichhorn, presidió en la Iglesia Catedral una celebración eucarística concelebrada con todo su Clero, quienes compartieron al término de la ceremonia un almuerzo fraterno.

“No tuve la dicha de conocerlo, pero oigo mucho hablar de él. Un Pastor verdaderamente entregado y dedicado a su tarea pastoral, que ha quedado grabado en el corazón de muchas personas”, manifestó el Sr. Obispo, al referirse a Mons. Raspanti.
Agregó, que le correspondió al él la enorme tarea de la organización de toda la Diócesis, que no solamente fue administrativa, sino que implicó la creación de numerosas Parroquias, colegios, comunidades, e instituciones, que hoy siguen generando vida en esta Iglesia particular.

La tarea más importante
“No es la organizativa, meramente de acciones pastorales ~aclaró Monseñor~ es la eclesial, la acción de Cristo, que se concreta de una manera particular en el territorio del Obispado. La acción de Cristo que anuncia la Buena Noticia del Reino, que entrega su vida para salvarnos; el misterio de la Pascua, que se hace realidad entre nosotros. Por todo esto encontramos la salvación, la vida plena, a Jesús Camino, Verdad y Vida.

Aquí está Cristo, su Iglesia, que es la continuación de su Cuerpo, el Evangelio, el sacramento, la comunión. Está la Iglesia, y es lo primero que tenemos que agradecer al Señor, cuando a través del Papa Pío XII creó la Diócesis. Es lo que tenemos que agradecer a Mons. Raspanti. Él, como sucesor de los apóstoles y primer Obispo, comenzó a hacer presente a Cristo en medio de todo este pueblo, y desde entonces, nuestra Iglesia ha ido creciendo, se ha ido afirmando, se han visto florecer hermosos frutos de vida y santidad”.

Monseñor Luis Guillermo remarcó la importancia de sentir en el corazón durante esta acción de gracias, el sentido de pertenencia, el de ser verdaderamente miembros de la Iglesia particular de Morón, y redescubrir a través de este sentido de pertenencia, toda la responsabilidad que el Señor le ha dado a cada uno: “¡Qué variedad enorme de actividades, de responsabilidades en la Iglesia! Y qué importante que todos nosotros nos demos cuenta de que estamos al servicio del ministerio de Cristo, de la predicación del Evangelio, de la dispensa de los sacramentos, para que todos tengan vida abundante.
Pidamos al Señor especialmente, que despierte en nuestro corazón el entusiasmo, la entrega, la generosidad alegre para la tarea para la cual nos ha elegido y nos ha puesto a cada uno, en este lugar”.

El don de la unidad fue otro de los puntos que Mons. Eichhorn remarcó, para pedir al Señor. “Que sepamos ser familia fraterna, Iglesia comunión, comunidad de discípulos del Señor, que precisamente porque viven este misterio de unidad, dejan actuar al Espíritu para que Él realice la obra de la santificación”. “Que nuestra Diócesis siga viviendo el año jubilar y que todos nosotros nos sintamos renovados en el ser cristianos y en el compromiso como miembros activos y responsables de la Iglesia”, concluyó.

Durante la ceremonia se recordó también a los Pastores Moronenses, a quienes el Señor ha llamado a su presencia.

Mensaje de los Sacerdotes del Decanato
de Morón Centro Norte:


“Gracias a los hombres y mujeres que, viviendo fraternalmente esa experiencia de fe a través de la historia, prepararon el terreno para que Su Santidad, Pío XII, nos creara como Obispado, el 11 de febrero de 1957, añadiendo así a la madurez, el compromiso de dar fruto.
Gracias por el don de Mons. Miguel Raspanti, primer Obispo, que reflejando al Padre de la Misericordia, nos reunió en un presbiterio laborioso, con su propio ejemplo de trabajo.
Gracias por los sueños que, movidos al impulso del Concilio Vaticano II, se plasmaron en realidad en el Seminario Catequístico, la Casa de la Catequesis y de la Caridad, y en la multitud de Parroquias y Capillas, que vieron cómo sus feligreses, nativos e inmigrantes, entregaban su tiempo en la doble tarea de edificar sus paredes, y en un laicado comprometido y entusiasta, amalgamando trabajo, afecto y alegría.
Gracias al esfuerzo y al empeño económico de los hijos de Morón y de las Instituciones que, como Adveniat, nos permitieron con su generosidad, que esas Capillas, Parroquias y escuelas se pusieran en movimiento y crecieran.
Gracias a otros hermanos sacerdotes que, movidos por el Espíritu, llegaron a nuestro naciente Morón para compartir la tarea evangelizadora, haciéndose tan nuestros que se quedaron en el corazón de todos los que recibieron testimonio y sacramentos. Los que vinieron de Valencia o de la Europa malherida por la guerra, terminaron mirando nuestra realidad con ojos moronenses.
Gracias a Mons. Justo Laguna que, como recordó el P. Raúl en la Fiesta de Corpus, comprendió el desafío que los sectores pastorales imponían, y con espíritu de libertad, elaboró una respuesta desde las Vicarías Episcopales (hoy Delegaciones Episcopales).
Gracias a la Iglesia que puso sus ojos en dos hermanos nuestros muy amados: Gerardo Farrell y José Antonio Gentico, y los llamó para unirse a los sucesores de los Apóstoles en la tarea episcopal.
Gracias a nuestro actual Obispo, Mons. Eichhorn, que hoy encamina la Diócesis por los senderos de la pastoral orgánica.
Y sobre todo, a quienes sintiendo el compromiso bautismal, nos acompañan en cada Parroquia todos los días, poniendo lo mejor de sí en la tarea evangelizadora.
Quedan en el afecto de nuestro corazón, aquellos que se adelantaron a la casa del Padre y que, con su oración, nos señalan el camino y nos sostienen en la esperanza.
Para que a fuerza de dar gracias no se vuelva estéril esta tierra de Morón, renovamos en este día, como sacerdotes, el compromiso de adentrarnos en el mar de nuestra historia y de nuestro tiempo, asumiendo la tarea de comprender el lenguaje del hombre de hoy, acompañándolo en sus angustias y tristezas, alegrías y esperanza, cumpliendo de este modo el mandato de Jesús: Echen las redes”.
Antes de concluir la misa, se depositaron ofrendas florales sobre la tumba de Mons. Raspanti y se realizó una oración por él. Observando su pedido de ser enterrado a los pies de la Virgen, haciendo memoria del querido P. Juan Presas (también sepultado en el predio de la Catedral), se oró a María Santísima, en su advocación de Nuestra Señora del Buen Viaje.


 

Junio ~ Agosto de 2007