Las tres Ordenaciones del Jubileo Diocesano

Seminario Diocesano San José

“No hay amor más grande que dar la vida por los amigos” (Jn 15,13)

Mons. Luis Guillermo Eichhorn ordenó Presbítero
al Diácono Diego Alejandro del Giorgio

En el marco de la Pascua y del Jubileo Diocesano, fue un motivo de inmensa alegría para la Diócesis, celebrar una nueva Ordenación Sacerdotal. Mons. Luis Guillermo Eichhorn ordenó Presbítero al Diácono Diego Alejandro del Giorgio, quien quedó configurado a Jesucristo Buen Pastor, el 14 de abril, en la Parroquia San Pablo Apóstol, de Hurlingham.

Asombro, esperanza y alegría
Transcribimos a continuación, el mensaje del Sr. Obispo en aquel acontecimiento:

“Acabamos de escuchar la Palabra de Dios. El Evangelio de Marcos recoge relatos de la aparición de Jesús a sus Discípulos. Imagino el corazón de ellos en ese momento, al encontrarse con Jesús. Estaban cenando y aparece Jesús en medio de ellos. ¡Una actitud de asombro!.

¡El Señor Resucitado está entre nosotros. Es una actitud de esperanza! Renace en ellos toda esa ilusión que había caído por tierra, cuando lo vieron colgado en la cruz. La esperanza de la salvación, de un Reino que comienza, de toda la promesa que Jesús les había hecho y que su fe tambaleante, no estaba segura. Ven confirmada su esperanza, porque Dios actúa resucitando a Jesús.
Se observa en los Discípulos una inmensa alegría. Toda esa tristeza y dolor provocado por la pasión y muerte del Señor, todo ese miedo, se transforma en una gran alegría y paz interior.

Lo primero que les dice Jesús cuando se aparece a sus Discípulos: “La paz esté con ustedes”. ¡Qué hermoso meditar esto y celebrarlo de una manera especial! Porque si miramos esta experiencia, estoy seguro de que es lo que hay en el corazón de Diego en este momento y en nuestro corazón:
Un asombro grande por las maravillas que hace el Señor, un asombro porque Dios amor, mira con amor. Y ha mirado con amor a nuestra Iglesia diocesana y a Diego, eligiéndolo para el Orden Presbiteral.
Nunca vamos a dejar de asombrarnos por esto, porque el que es Sacerdote no lo es por sus propios méritos, por su valer, por su dignidad, por su inteligencia, por sus capacidades. Lo es simplemente por el amor gratuito de Dios. El Señor elige y el Señor llama. Cuando lo hace, despierta en el corazón de aquel que siente el llamado, una profunda esperanza de comprobar esta promesa de Jesús hecha realidad. Como la comprobaron los discípulos que no entendían lo que significaba que Jesús tenía que resucitar al tercer día y cuando Jesús se les aparece, entonces caen en la cuenta. Esa esperanza está fundada en un Dios que es amor, que cumple su promesa, que quiere nuestra salvación. Por eso lo resucita a Jesús, por eso Jesús está vivo presente en medio de nosotros. Esta es la esperanza que anida en el corazón de un sacerdote: Asombro por el llamado y esperanza de que el Señor siempre nos va a acompañar, de que siempre nos va a utilizar como instrumentos para que su gracia llegue a todos los hombres”, expresó el Sr. Obispo a los presentes.

Características propias de una vocación
¡Una Inmensa alegría siente toda persona que se sabe amada, querida, privilegiada! “El Señor al mirarnos nos llena el corazón de paz y de alegría. Al llamarnos, nos manifiesta su amor y esto es fuente de alegría.

Si hay algo que nos acompaña, es esa alegría de ser sacerdote, más allá de las dificultades, de los problemas y dolores que surgen en el camino. Esa alegría profunda de ser Sacerdote, de estar obrando en nombre de Jesús, de estar haciendo presente a Cristo en medio de la comunidad. Qué lindo que no perdamos nunca la alegría de sentirnos amados, elegidos, llamados por Dios. Es una de las características propias de una vocación. Uno de los síntomas, una de las claves de discernimiento vocacional, es precisamente la alegría y la paz espiritual”, remarcó Monseñor Eichhorn, según su experiencia.

El Obispo de Morón alentó de una manera especial a toda la Iglesia Diocesana, a que ore para que esta realidad de asombro, esperanza y alegría, se manifieste en abundancia en todos los creyentes, y especialmente, en las Vocaciones de Especial Consagración.

No le tengamos miedo a Dios
“¡No le tengamos miedo a Dios! ~enfatizó el Sr. Obispo, dirigiéndose especialmente a los jóvenes de la Diócesis~ porque cuando Dios nos mira y nos ama, nos exige, sí, pero también nos regala una inmensa alegría, una paz grande porque encontramos la realización plena de nuestra vida en la respuesta generosa al Señor. Respondamos con generosidad a la llamada que Él hace, y que seguramente está haciendo en el corazón de muchos”.

El Seminario: La cena de los Discípulos con Jesús
Jesús, después de estar con sus discípulos cenando y compartiendo, enseñándoles, alentándolos, afirmándolos, confirmándolos, iluminándolos, les dice: “Vayan, anuncien la Buena Noticia”. “¿Qué otra cosa fue esto, sino de una manera especial para nosotros Sacerdotes, y para Diego, toda la vida de Seminario? y ¿Qué es el Seminario?
Es la cena de los Discípulos con Jesús. Es estar compartiendo con el Señor, viviendo en intimidad con Él, sintiendo su presencia que nos ilumina y nos habla, porque precisamente la comunidad del Seminario, debe estar abierta a la Palabra de Dios y tiene que orarla.

Una comunidad que vive esa amistad y esa intimidad con un Jesús, que se dona, que se entrega, porque siempre que Jesús cena con nosotros, toma el pan, pronuncia la bendición y dice: ‘Tomen y coman, esto es mi cuerpo’. Un Seminario es una cena con el Señor, una Eucaristía viva durante muchos años, en la cual vamos compartiendo esta intimidad, para ser discípulos de Jesús, para que nuestro corazón se vaya haciendo semejante al de Cristo, para que así podamos compartir a Jesús con los demás y hacerlo presente con los demás, mucho más allá de las limitaciones personales que todos tenemos”.

La riqueza de la acción de Dios
“Qué hermoso lo que dice la Palabra de Dios. Estaban todas las autoridades religiosas del pueblo de Israel y los tenían a Juan y a Pedro allí adelante. Los veían ignorantes, con poca cultura, sí eran pobres pescadores de Galilea. Los escuchaban con admiración y no encontraban palabras para contradecirlos, porque estaba allí, el paralítico curado. Se estaba manifestando en esta pobreza humana, la riqueza de la acción de Dios, que salvó y dio la fe a este hombre paralítico y lo puso en el camino del Señor.

Esta es una experiencia muy importante en la vida del Sacerdote. Todos experimentamos nuestra debilidad, nuestra limitación, nuestra pobreza interior, pero es el Señor el que actúa. Es el Señor el que hace brillar su amor, su acción entre nosotros, y es esta fuerza del Evangelio, de la Buena Noticia del amor de Dios que se ha manifestado y actúa en medio de nosotros, la que convierte a los corazones; es la que abre en cada ser, el asombro, la esperanza y la alegría
”, concluyó Eichhorn.

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“No hay amor más grande que dar
la vida por los amigos”. (Jn 15,13)

Encuentro con el P. Diego.

Como siempre manifiesta el nuevo Sacerdote: “Uno no puede dar lo que no tiene, y tampoco tener lo que no le dan. Si podemos dar alegría, cariño, es porque lo hemos recibido primero”. “Esto ha sido algo fundamental durante mi infancia en la casa de mis padres y en la Iglesia Anglicana, en la participé hasta los 16 años”, compartió el P. Del Giorgio con Seguimos Caminando, quien se crió con su familia adoptiva, conformada por el matrimonio de Estela y Juan, y dos hermanos (su mamá Benita y siete hermanos más, integran su familia biológica).

“He mamado todo de mi familia, ellos han sido mis grandes maestros en la oración, en la fe, en el servicio, en la solidaridad”, afirma Diego, que realizó sus estudios secundarios en el colegio Cardenal Stepinac, de Hurlingham, siendo la segunda Vocación Sacerdotal que nació en dicho Instituto.
Estando en cuarto año, comenzó a misionar y a concurrir a la Parroquia San Pablo Apóstol, por medio de un compañero de banco que participaba en el grupo misionero. “Me gustó, comencé a venir y durante más de un año me repartí entre las comunidades de San Pablo y la anglicana, San Marcos”, subrayó del Giorgio, recordando que al regreso de la primera misión a La Poma, Salta, se planteó realmente el hecho de ser sacerdote. Fue un sentimiento muy fuerte, que incluso lo llevó a dejar la comunidad anglicana. Finalmente, en 1999, ingresó al Seminario Diocesano San José.

Lo más importante
Un sacerdote debe ser testigo y testimonio del amor que Dios nos tiene. Con todas las debilidades que poseemos, este amor, a veces no es tan generoso, pero el anhelo siempre debe estar. Dios no nos pone deseos que después no podamos realizar”, explicó Diego, compartiendo el motivo de su lema de Ordenación: “Uno se siente amado por Dios y eso te llena, te moviliza para dar. Cuando uno se descubre y reconoce amado, los tres cuartos de la felicidad ya los tiene, el otro cuarto está en compartirlo, por eso, ‘...No Hay amor más grande, que dar la vida por los amigos’”.☺

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Obispado

“He venido para que tengan vida y
la tengan en abundancia”. (Juan 10, 10)

Nuevo Diácono Transitorio
para la Diócesis


Por gracia de Dios, es la tercera Ordenación en el Año Jubilar de la Diócesis.
El 8 de mayo, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján, Mons. Luis Guillermo Eichhorn por la imposición de sus manos y la invocación del Espíritu Santo, ordenó Diácono Transitorio a Carlos Otero.

“Carlos eligió esta fecha, como buen hijo de María”, destacó Mons. Eichhorn. “Jesús entregó su vida para nuestra salvación, y también nos entregó a su Madre. 'Hágase en mí según tu palabra, he aquí la servidora del Señor', dice María al comienzo del Evangelio de Lucas. María, al pie de la cruz, tan íntimamente unida a su Hijo, es un 'sí' al Señor. Toda Ella es: 'hágase en mí según tu palabra'; toda Ella es: 'he aquí la servidora del Señor'. Allí, asume esta nueva maternidad para la Iglesia y nos recibe a todos nosotros como hijos. Y nosotros, hoy, nos gloriamos de tener a María como Madre Nuestra. Todos le hemos hecho un lugar en el corazón, como el Discípulo amado, que la recibió en su casa. A partir de ese momento, María comienza una tarea maternal, y si hay algo que define el amor de una madre, es la actitud de servicio a sus hijos.
Una madre siempre ama sirviendo. María ama a toda la Iglesia sirviendo, porque descubre en cada uno de nosotros a un miembro del Cuerpo de su Hijo. Así, como lo ama a Jesús, nos ama a nosotros.
Carlos, al ser ordenado Diácono, asume también una tarea de servicio, que no es ser simplemente, un sirviente dentro de la casa que es la Iglesia. Es la acción maternal de la Iglesia, que se expresa y manifiesta en el servicio al hermano. Esta es la tarea del Diácono, que asume este ministerio en nombre de la Iglesia, para hacer un servicio de caridad al Pueblo de Dios”, expresó Mons. Eichhor, describiendo dicho servicio: “Servir al pueblo con el anuncio de la Palabra; con la administración de los sacramentos y las bendiciones, para confortarlo; en el crecimiento en el amor y la caridad, sobre todo, con los más pobres.
Esta es la tarea propia de la Iglesia madre, que engendra a sus hijos en el bautismo y los va alimentando con la Palabra de Dios y los sacramentos, los va fortaleciendo en su fe”.

El Sr. Obispo concluyó con el deseo de que viva el diaconado con el Espíritu de María, sirviendo al pueblo de Dios como Ella, descubriendo el rostro de Cristo en cada hermano.

Llamó a la grey moronense a dar gracias al Señor, por las tres Ordenaciones que regaló a la Diócesis en su año Jubilar.☺

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Fraternidad Sacerdotal Puente

“Mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi Salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez desu servidora. El Todopoderoso ha hecho en mi grandes cosas” (Lc. 1, 46-49)

Ordenación Diaconal de Oscar David Isarra

El 21 de abril, en las instalaciones del Colegio San Fernando, de Hurlingham, el Seminarista Oscar David Isarra, de la Fraternidad Sacerdotal Puente, fue ordenado Diácono por el Obispo diocesano, Mons. Luis Guillermo Eichhorn.

El mal tiempo no fue un impedimento para que Sacerdotes, Religiosos, Diáconos y fieles llegados de distintos puntos de la Diócesis y del País, colmaran las instalaciones del Colegio y celebraran el hecho de que un miembro de la comunidad, haya sido elegido por el Señor y puesto al servicio de todos.

El encuentro con Jesús
Mons. Eichhorn en su mensaje, partió del relato del Evangelio cuando Jesús resucitado se aparece nuevamente a los discípulos que habían regresado a sus tareas habituales: “Estaban pescando y se repite el hecho de que no conseguían nada. Jesús les dice que arrojen las redes una vez más, y a la derecha del barco. Al ver la cantidad de peces que sacan, el discípulo amado lo reconoce y dice: “¡Es el Señor!”.

Emociona la alegría de Pedro que reacciona inmediatamente y se arroja al agua, para llegar más rápido. Allí, está el encuentro con Jesús, que parte el pan y el pescado y da de comer a sus Discípulos. El encuentro con Jesús que comparte el Pan, que aviva la fe, que llena del don del Espíritu”, dijo Mons. Eichhorn, destacando también ese diálogo tan entrañable de Jesús con Pedro: “Pedro, ¿me amas?” -Sí, Señor, tu sabes que te quiero. “Apacienta mis ovejas”. Tres veces seguidas, como reparando aquellas tres negaciones a Jesús, en el momento de la Pasión.

Pero acaso ¿Se necesitaba una pregunta así?, preguntó el Sr. Obispo, remarcando: “Si este hombre había seguido a Jesús dejándolo todo, siendo uno de esos discípulos predilectos. Es que el Señor quiere encomendar a Pedro una tarea, una misión.
Cuando el Señor quiere encomendarnos una tarea, una misión, un oficio, algo que hacer dentro de la Iglesia, un ministerio, no es cuestión de transferencias de poder, de dignidades especiales, sino capacidad de amor, de servicio y de entrega. Cada uno de nosotros ha sido llamado y elegido por el Señor, que quiere encomendarnos una tarea en su Iglesia, en su pueblo. A cada uno, el Señor nos vuelve a preguntar como a Pedro: ¿Me amas? Porque quiero que ames y sirvas como el más pequeño, pero con total entrega. Que ames y sirvas a cada uno de tus hermanos, porque en cada uno de ellos, allí estoy yo. Y me tienes que amar. Es el misterio de la vocación, del llamado del Señor, que nos invita a vivir siguiéndolo con amor, a servirlo con amor, a amarlo en todo momento”.

El ministerio del servicio y del amor
“Hoy celebramos y damos gracias por David, porque él ha sido llamado por el Señor, que lo ha elegido y quiere darle una tarea, un ministerio, que es precisamente 'el ministerio del amor, del servicio. La tarea del Diácono, es proclamar la Palabra, servir a la Eucaristía y el servicio de caridad para con todos los hermanos. No se puede ejercer este ministerio si no se ama entrañablemente al Señor. Si no somos discípulos que lo escuchamos con atención. Si no abrimos el corazón a esa experiencia íntima y profunda de Jesús, para que a partir de allí, de esa experiencia, podamos servir a los demás, transmitiendo la fe, suscitando la fe y el amor y la unidad en la comunidad.

El diaconado es uno de los ministerios más antiguos en la Iglesia, explicó Monseñor. “El libro de los Hechos de los Apóstoles narra el momento en que los Apóstoles eligen a los Diáconos, porque era mucho el trabajo que tenían, y esa comunidad, cada vez más exigente, necesitaba especialmente la atención a los pobres, que en ese momento eran las viudas.
Es el origen del Diaconado en la Iglesia. La Iglesia siempre continuó ordenando a hombres para que sirvan al pueblo de Dios, a la comunidad, para que todos crezcan en la fe, en la adhesión a Cristo. Sirviendo para que todos unidos vayamos formando verdaderas comunidades de vida, para que todos nos acordemos siempre de los hermanos pobres y necesitados”.


Crisis de vocaciones a la vida cristiana
“Sí, Señor, tú sabes que te amo”
“Recemos para que estas celebraciones se multipliquen y tengamos muchos diáconos y sacerdotes, personas que consagren su vida a Dios, al Evangelio de Jesús, a implantar su Reino en este mundo. Es fundamental en la Iglesia todo lo que es el ministerio ordenado. Por eso tenemos que rezar para que nunca falten vocaciones.
¡A Dios rezando y con el mazo dando! ~enfatizó el Sr. Obispo~ es decir, rezar por el aumento, la fidelidad y la santidad de las vocaciones, pero también que cada uno se pregunte ¿Y yo qué?
La voz del Señor resuena en los corazones y muchas veces se encuentra oídos sordos. Importante que todos nos preguntemos y ¿por qué yo no?
Todos somos llamados por el Señor y tenemos que responderle, y decirle: ‘Sí Señor, tú sabes que te amo’. Todos escucharemos lo que el Señor nos dice, como le dijo a Pedro: ‘Apacienta mis ovejas’, el Señor a nosotros nos dice algo.
Es común escuchar que en la Iglesia hay crisis de vocaciones, pero cuando hablamos de esta crisis, no nos referimos solamente a las de la vida consagrada, sino a la vida cristiana, a la vida familiar, a ser apóstoles del Señor comprometidos, a vivir la vida cristiana en forma entregada, total, misionera. No vivimos a pleno nuestra fe, nos contentamos con un más o menos. Nos falta esa radicalidad en la Fe que Jesús le pidió a Pedro. ¿Qué necesidad tenía Cristo de preguntarle tres veces, Pedro me amas? Es que está hablando de esa entrega total al Señor, de esa radicalidad del Evangelio, de ese todo o nada para Jesús. De ese poner siempre a Jesús en el primer lugar.

Es algo para meditarlo y rezarlo mucho, para que en la medida en que sepamos responder al Señor como cristianos, como padres, hijos y hermanos, como apóstoles laicos, en la medida que le respondamos al Señor como Él nos ha llamado, la crisis vocacional comenzará a superarse. Que el Señor acreciente nuestra fe y nos dé mucha esperanza, para que así florezcan las vocaciones en el pueblo de Dios”.☺

 


 

 

Abril ~ Mayo de 2007