Escudo Episcopal de Mons. Eichhorn

 

 

 

 




El escudo tiene un significado eclesiológico y pastoral.

El cielo celeste y las verdes cuchillas entrerrianas nos remiten a la Iglesia de Gualeguaychú.

Los signos de la paloma simbolizan al Espíritu Santo y el anagrama de la Santísima Virgen nos evocan la acción de Dios entre nosotros.

La cruz de la evangelización dominando centralmente el escudo, indica la prioridad urgente de evangelizar en los tiempos en que vivimos.

La oveja y el báculo indican la acción pastoral, el cáliz y la patena indican la acción sacramental.

El lema elegido es el siguiente: "Que todos sean uno".

 

 

Nuestra Diócesis

Inicio del Ministerio Episcopal de Monseñor Eichhorn, como tercer
Obispo de la Diócesis de Morón

 

¡Fue una fiesta para todo el pueblo de Dios!

 

"QUE TODOS SEAN UNO"

Tuvo lugar el sábado 12 de marzo, ante una multitud que se reunió en torno al altar montado en el atrio de la Iglesia Catedral. La celebración eucarística fue presidida por el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Jorge Mario Bergoglio y contó con la participación del Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini, numerosos Obispos y Sacerdotes.

Crónica de los actos

Traslado a la Catedral

A las 16 horas, antes de emprender el viaje que lo llevaría a la Catedral de Morón, Mons. Eichhorn invocó a la Santísima Virgen en el Seminario Diocesano San José.

Su Rector, el Pbro. Fernando José Laguna, acompañado por los seminaristas, le dirigió estas palabras:

Muy querido Padre Luis Guillermo Eichhorn, Obispo Electo de Morón. La Providencia de Dios dispuso que la peregrinación para el inicio de esta nueva etapa de tu ministerio episcopal tenga su punto de partida en el Seminario Diocesano, llamado a ser el corazón de la Diócesis, como vos mismo nos lo recordabas en estos días, y a los pies de San José, queridísimo patrono de tu nueva comunidad de discernimiento y formación de los futuros pastores.

Podemos palpar en estos gestos de la Providencia la delicadeza del Señor derramando su Gracia para con vos y para con nosotros. En este día, entonces, y a los pies de San José, queremos regalarte como Seminario las mismas palabras, llenas de cariño, que el Santo Padre, Juan Pablo II, dirigió a toda la Iglesia en una Fiesta del Santo:

“No tengas reparo, en llevarte contigo, junto con José de Nazaret, a María.

No tengas reparo en llevarte contigo a Jesucristo, su Hijo, en toda tu vida.

No tengas miedo en llevarlo con una fe semejante a la fe de José.

No tengas miedo de llevarlo contigo a tu casa, como José acogió a Jesús en su casa de Nazaret.

No tengas miedo de 1levar contigo a Cristo a tu trabajo de cada día”.

Y ahora, elevamos nuestra oración al Señor:

Padre Todopoderoso, que confiaste a la fiel custodia de San José 1as primicias del misterio de la salvación humana, te pedimos, por su intercesión, que tu Iglesia Diocesana de Morón, bajo el Pastoreo de tu Hijo, hecho presente realmente por nuestro nuevo Obispo, Monseñor Luis Guillermo Eichhorn, conserve siempre tan Gran Misterio, 1o testimonie y lo anuncie. Por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

 

Visita al Santuario Diocesano

E inició su marcha. En el camino se detuvo frente al Santuario Diocesano de la Medalla Milagrosa, de Villa Tesei. Allí lo recibieron su Párroco y Rector, el Pbro. José Luis Guglielmo y un grupo de fieles que lo acompañó en la visita que efectuó a la Santísima Virgen. Todos los presentes rezaron esta oración a la Medalla Milagrosa:

Madre nuestra, como hijos que somos, recurrimos a Ti, buscando tu amparo, protección y consuelo, en todos los momentos de nuestra vida. Como Madre que eres, alivias nuestros dolores, fortaleces nuestra fe, nos das esperanza y nos brindas alegría como la que sentimos hoy al recibir a nuestro nuevo Obispo. Madre de la Medalla Milagrosa, te encomendamos muy especialmente a Mons. Luis Guillermo en su nueva Misión en nuestra Diócesis. Concédele fortaleza para desempeñar su ministerio y que tu protección le alivie las dificultades. Que pueda conducir el rebaño de tu Hijo Jesús con la perseverancia y el amor, que este Pueblo de Morón, tanto necesita. Amén. ¡Oh María, sin pecado concebida! Amén.

Arribo a Morón

El Obispo Electo arribó a la plaza General San Martín de Morón a las 17 horas. Mons. Justo Oscar Laguna, Administrador Apostólico de Morón, lo recibió frente a la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje y lo acompañó hasta el estrado levantado en el atrio de la Catedral, donde el Párroco, Mons. Raúl Trotz, le dio a besar el crucifijo y le ofreció agua bendita con la que se asperjó e hizo lo mismo con los presentes.

Luego, Mons. Eichhorn se dirigió a la reserva del Santísimo Sacramento. Después de orar, se revistió y se dispuso para la procesión de entrada que presidió el Cardenal Bergoglio.

Al llegar al altar, el Metropolitano pidió que se leyera el Mandato Apostólico. El Diácono José Espinós, Canciller de la Curia Diocesana, presentó las letras apostólicas al Colegio Diocesano de Consultores y procedió a su lectura:

Juan Pablo Obispo, Siervo de los Siervos de Dios al venerable Hermano Luis Guillermo Eichhorn, hasta ahora Obispo de Gualeguaychú, elegido Obispo de la Iglesia de Morón, salud y bendición Apostólica.

El mandato del Señor al Apóstol Pedro: "Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas" cfr. Jn. 20, 15-17 mueve nuestra alma a una solícita provisión de las Iglesias particulares que carecen de su Pastor propio.

Sin embargo, en este momento dirigimos nuestra mirada a la dilecta grey de Morón, a la cual, luego de la renuncia del venerable Hermano Justo Oscar Laguna, nos apresuramos a dar un nuevo Obispo.

A ti, pues, venerable Hermano que como Obispo de Gualeguaychú pusiste de manifiesto tu prudencia y diligencia, recurrimos con beneplácito. Por esto, y atendido el consejo de la Congregación para los Obispos, con Nuestra Autoridad Apostólica, te desligamos del vínculo con la anterior comunidad eclesial y te proclamamos Obispo de la Iglesia de Morón, con todos los deberes, derechos y correspondientes obligaciones impuestas.

Deseamos, además, que hagas conocer nuestro decreto al clero y a los fieles de esa Diócesis, mientras los exhortamos a ellos a que te reciban como alegre pregonero del Evangelio y solícito padre de familia.

Para ti, finalmente, venerable Hermano, suplicamos al Espíritu Septiforme que, robustecido con los dones altísimos, anuncies celosamente al siempre muy amado por nosotros, pueblo de Morón, la salvación que Cristo adquirió para el género humano no sólo por el ministerio de la Palabra, sino también con la administración de los sacramentos.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día treinta del mes de noviembre del año dos mil cuatro, vigésimo séptimo de nuestro Pontificado.

Entonces, el Señor Cardenal entregó a Mons. Eichhorn el báculo pastoral y lo invitó a sentarse en la sede. Desde allí, interrogó al clero, a los religiosos y al pueblo, para solicitarles la obediencia y el compromiso de continuar junto a él la tarea evangelizadora.

Los cinco Decanos: Pbros. Juan José Cencig, Juan Pintar, Juan Carlos Roldán, Héctor Mazzuchi y el R.P. Primo Bettanin, CS, realizaron, en nombre de todos los sacerdotes, un gesto de obediencia al nuevo Pastor. Seguidamente, el Diác. Hugo Luis Mengido lo hizo en nombre de los diáconos; la Hna. María Locatelli, U.M.V.I., en nombre de las Religiosas; el Hermano Germán (Marista) en nombre de los Religiosos; y la familia de César y Margarita Costa en nombre de todos los laicos de la Diócesis.

La Santa Misa

Después de celebrada la liturgia de la Palabra, el nuevo Obispo moronense pronunció la homilía, cuyo texto transcribimos a continuación de esta crónica.

En el momento de las ofrendas, cada Decanato hizo un presente al nuevo Obispo.

Antes de concluir la Misa, el Decano de Morón Centro le dirigió estas palabras de bienvenida al nuevo Pastor en representación de los presbíteros y diáconos:

Bendito sea Dios, que en su Providencia inefable nos ha dado un nuevo Pastor a la Diócesis de Morón, que ha de señalar también una nueva etapa en esta marcha del Pueblo de Dios.

Como Ud. lo ve Monseñor, es un día de alegría y júbilo después de una sostenida expectativa. Queremos asumir con humildad y sabiduría el cumplimiento de los tiempos y límites de los pueblos y las personas, y agradecer a Dios que lo haya designado a Ud. para acompañar y conducir a la Iglesia que peregrina en Morón.

Queremos dar gracias, porque hoy en nuestra Catedral Basílica, bajo la tierna mirada de Nuestra Señora del Buen Viaje, y de su amparo, se empalman nuestros caminos.

Nos alegra mucho la expresión suya, Monseñor, dicha como de paso en su primera visita privada a Morón a fines del año pasado, cuando ante la pregunta de rigor ¿”Cómo se siente ante esta designación”?, su respuesta fue: “Estoy contento porque estoy haciendo la voluntad de Dios”. Es decir, no lo que he buscado sino lo que es el proyecto de Dios para mí y para su Pueblo. En esa respuesta queremos involucrarnos también nosotros los sacerdotes y decirle al Padre: “Queremos hacer tu voluntad”, haciendo juntos el discernimiento, guiados por nuestro Pastor. Por eso también decimos: “Bendito el que viene en nombre del Señor”.

Creemos comprender la sensación de desarraigo que este llamado le habrá producido, al tener que dejar el estilo de toda una vida, sazonado con la serenidad y el trato cercano y amistoso de una Diócesis como la de Gualeguaychú, con todo su entorno rural y sus distancias, para verse encerrado en un conglomerado de 710.000 habitantes, en un espacio de 130 km2, con toda la problemática urbana postmoderna. Pero la calidez y el cariño de nuestras comunidades serán un bálsamo que lo harán sentir como en su casa y, en un dialogo suelto juntos encontraremos la luz.

Tanto para Ud. como para nosotros son las palabras de Gen. XII: “Deja tu tierra y tu casa paterna y ve al país que te mostraré. Yo haré de ti una gran nación y te bendeciré y serás una bendición”, que se complementan con las de Mc 16.15.“Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”.

Al oír estas palabras los presbíteros y diáconos volvemos a sentir la emoción y el impacto de nuestra vocación. Este ministerio lo queremos vivir en comunión con Ud. con la cordial predisposición de compartir de cerca sus inquietudes pastorales, ofrecerle la filial sumisión debida al Padre, y ahondar en nuestra fraternidad sacerdotal.

Hablar de la historia y la actividad pastoral de la Diócesis, así como de nuestros trabajos, éxitos y crisis, será tema de futuros y tranquilos encuentros.

Ahora queremos caminar hacia el objetivo de su lema episcopal: “Que todos Sean Uno”, lo que ciertamente implicará de parte nuestra una sostenida conversión. Los presbíteros unidos por una íntima fraternidad sacramental (Presb. Ord. 8) necesitamos vivir la comunión en la diversidad de las tareas y ministerios pastorales y en las condiciones materiales (habituales) de la vida. Sólo en un espíritu de comunidad, podemos ayudarnos a descubrir la diversidad de dones y carismas personales con que el Espíritu Santo nos ha enriquecido para el bien de su Pueblo. Es urgente reconocer y desarrollar a tiempo estos dones, antes de que nuestra vida, humanamente, llegue a su atardecer.

Retomando palabras y aspiraciones de mis compañeros, las quiero sintetizar así: Como enseñaba el Cardenal Pironio, la palabra que más encuadra a la persona del Obispo es “Padre”, padre para los fieles y padre para los sacerdotes. Le decimos que en todo este acomodamiento en su nueva Diócesis tenga paciencia, y sobre todo, que queremos recibirlo como a Jesucristo: con el corazón abierto, como al amigo y con las características del amigo: en la confianza y la sinceridad para conocernos bien, y encontrar el aliento necesario para seguir codo a codo a Jesús en el servicio de la iglesia. Esto se lo queremos decir, Monseñor, con las palabras del Señor: “ya no los llamo servidores,… yo los llamo amigos porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre”. (Jn. 15.15.) palabras que tienen como contrapartida la respuesta de Pedro: “Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero”. (Jn. 21.27.) y, finalmente, “Estoy a la puerta y llamo. Si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y cenaremos juntos” (Ap. 3.20).

Dejamos estas aspiraciones en las manos de nuestra Madre del Buen Viaje y que el Señor lo colme de sus bendiciones.

 

Hizo lo mismo la Hna. Flora Kissner (Sagrado Corazón) en nombre de las religiosas:

En nombre de las Religiosas de la Diócesis de Morón, le doy la bienvenida. Le deseamos que juntos podamos seguir dando testimonio del AMOR de Dios en nuestra propia Vida.

La vida consagrada pertenece a la naturaleza misma de la Iglesia, y vivir en comunión con ella, le da su sentido y fortalece su Misión.

El Señor nos invita a renovar nuestra pertenencia eclesial y nuestro deseo de ser en la Iglesia de Morón testigos de su Reino que ya está entre nosotros.

En nuestro caminar siguiendo a Jesús hemos optado por la vida y, por la vida de los más necesitados, aprendimos a mirar con su Corazón a la humanidad que sufre y clama por un mundo mejor.

Una de las características de la vida consagrada, es la vida en comunidad. Por eso venimos a ofrecerle este llamado a la comunión deseando vivirlo entre nosotros con los diferentes carismas, con nuestro pueblo, con la Iglesia y sus Pastores.

El Espíritu Santo nos guía y fortalece en nuestra debilidad. A él le pedimos se haga muy presente en su vida; y a la Virgen del Buen Viaje, que lo acoja y lo proteja como su hijo muy querido.

En esta celebración queremos que llegue hasta el Señor nuestra acción de gracias por la vida de Monseñor Laguna, que nos ha acompañado tantos años en esta Diócesis, y le prometemos seguir rezando por Él, en esta nueva etapa de su vida.

Monseñor Luis Guillermo, el Señor le dé el don de la sabiduría para dirigir su Diócesis. Cuente con nosotras.

 

Finalmente, el Sr. Luis María Caprio, en nombre de los laicos dijo:

Desde hace varios meses, ante el alejamiento de Monseñor Laguna, a quien le agradecemos profundamente los 25 años de su fecundo servicio pastoral, muchos laicos le pedimos al Espíritu Santo, en la certeza que Él iluminaría otra vez, a aquellos que tenían a cargo la elección de un nuevo Obispo.

Y hoy, Monseñor, Usted ¡Ya está entre nosotros! En nombre de los laicos de la Diócesis de Morón le doy la bienvenida.

¡Bienvenido y gracias! Gracias por los sucesivos sí al camino que hoy lo trae hasta aquí como Pastor, nuestro Pastor en la Diócesis de Morón, con la protección de Nuestra Señora del Buen Viaje.

Aquí estamos. Nos irá conociendo y también observando el trabajo que llevamos adelante en nuestras Capillas, Parroquias, Colegios, Movimientos, Congregaciones e Instituciones diocesanas.

Que en la Diócesis de Morón se inicie esta nueva etapa en Cuaresma, que es tiempo de oración y reflexión, de conversión personal, tiempo de allanar caminos... y de esperanza; que esto suceda hoy, confirma con fuerza que éste es un tiempo de gracia para esta porción de la Iglesia.

Son tiempos de revisar nuestra fe, de ver dónde estamos situados, en qué está nuestra solidez, en qué somos capaces de dar razón de nuestra esperanza.

Como laicos queremos ser fieles a este llamado, porque Él nos eligió y, fieles a la misión de la Iglesia, a ser peregrinos en este camino al Reino que debemos construir y anunciar aunque a veces nos cueste.

Como laicos es necesario que realicemos acciones firmes, tendientes a instalar la necesidad de la educación en las acciones pastorales de la iglesia, entendiendo que la educación es una vía privilegiada para la promoción de las personas, la participación ciudadana y el acortamiento de la brecha social.

Es tanta la carencia, que deberíamos redoblar el trabajo con las familias, los ancianos, niños y jóvenes, especialmente con los que están en situación de riesgo, tenemos que llegar con la palabra de Jesús y con nuestro ejemplo.

Los laicos tendríamos que estimular y fortalecer más el trabajo por la solidaridad, la dignificación de la persona, la inclusión social. Ser colaboradores de la promoción de cada hermano...

Y que cada hermano descubra su propio don para el que fue llamado.

Debemos sostener el compromiso, lo comunitario y la espiritualidad.

Monseñor: le pedimos que nos ilumine en nuestro camino de conversión; que nos contagie de vida cristiana y nos impregne de su lema Episcopal; que los más débiles sean su preocupación; que todos nosotros seamos su preocupación.

Necesitamos que nuestros pastores sigan enseñándonos, guiándonos y acompañándonos; que continúen buscando vivir en comunión con el rebaño, como hermanos, en esa doble dimensión de Padre-hermano; Pastores con quienes podamos continuar creciendo juntos en esta realidad única que es el ser Iglesia.

Quisiéramos que escuche, acompañe y participe en todas nuestras comunidades, Capillas, Parroquias, Colegios, Movimientos, Congregaciones e Instituciones Diocesanas.

Que cuide a sus “Pastores” que son quienes llevan el peso fuerte en las Comunidades que atraviesan grandes dificultades y postergaciones.

Monseñor: considero oportuno repetir las palabras de Pedro: “Apacienten el rebaño del Señor que les ha sido confiado, velen por él, no forzada, sino espontáneamente como lo quiere Dios. No por un interés mezquino, sino con abnegación; no queriendo dominar a los que les han sido encomendados, sino siendo de corazón ejemplo para el rebaño, y cuando llegue el Jefe de los Pastores recibirán la corona imperecedera de gloria”.

Monseñor Laguna, ¡Muchas gracias! Monseñor Eichhorn, ¡Muchas gracias!

Asistentes al acto

Estaban presentes el Señor Nuncio Apostólico, Mons. Adriano Bernardini; el Arzobispo de Buenos Aires y Metropolitano de la Provincia Eclesiástica Bonaerense, Card. Jorge Mario Bergoglio; los Arzobispos Héctor Rubén Aguer, de La Plata; Mario Luis Bautista Maulión, de Paraná, y Eduardo Vicente Mirás, de Rosario; los Obispos Diocesanos Fernando María Bargalló, de Merlo-Moreno; Alcides Jorge Pedro Casaretto, de San Isidro; Ricardo Oscar Faifer, de Goya; Gustavo Arturo Help, de Venado Tuerto; Carlos Humberto Malfa, de Chascomús; Baldomero Carlos Martín, de San Justo; José Luis Mollaghan, de San Miguel; Juan Alberto Puiggari, de Mar del Plata; Guillermo Rodríguez Melgarejo, de San Martín; Luis Teodorico Stöckler, de Quilmes; y Juan Horacio Suárez, de Gregorio de Laferrere; los Obispos Auxiliares de la Arquidiócesis de Buenos Aires: Horacio Benítez Astoul, Eduardo Horacio García, José Antonio Gentico, Jorge Eduardo Lozano, y Joaquín Mariano Sucunza; de la Arquidiócesis de La Plata, Antonio Marino; y de la Arquidiócesis de Mercedes-Luján, Oscar Domingo Sarlinga; y los Eméritos Lucas Luis Dónnelly, de la Prelatura de Deán Funes, Estanislao Esteban Karlic, de la Arquidiócesis de Paraná, y Justo Oscar Laguna, de la Diócesis de Morón.

Participaron, además, del sagrado rito, un centenar de sacerdotes y una treintena de diáconos permanentes, autoridades nacionales, provinciales, municipales y numerosos fieles.

Antes de alejarse del lugar, Mons. Eichhorn saludó a las autoridades y a los fieles allí congregados, con lo que se dio por terminada la ceremonia de la toma de posesión del tercer Obispo Diocesano de Morón.

Los presentes fueron invitados a pasar a las instalaciones del Colegio San José de los Hermanos maristas para participar de un brindis.

 

Homilía de Mons. Eichhorn

Acaban de resonar en nuestros oídos y nuestros corazones las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá”.

Hermanos ¡Este es nuestro Evangelio! Esta es la Buena noticia que tiene que llenar nuestros corazones, transformarnos y renovarnos.

Precisamente, estamos transitando este camino de la Cuaresma hacia la Pascua: vamos a celebrar en pocos días la Pascua del Señor, su muerte y resurrección, nuestro propio paso de la muerte a la vida.

Estamos viviendo un momento de gracia: por una parte, la celebración litúrgica de la Pascua, que en esta Eucaristía se actualizará para nosotros; y por otra, la presencia de un nuevo Obispo en la Diócesis.

Es para todos nosotros un tiempo de Dios: un llamado, una invitación a la conversión, al cambio, a la renovación. Un comenzar a caminar siguiendo a Jesús, escuchándolo, aprendiendo de él, preguntándole: “Señor, ¿qué quieres que haga?”.

¿No es ésta nuestra primera actitud en este momento que estamos viviendo en esta Iglesia Particular de Morón?

Mirar a Jesús, escuchar su Palabra, asumir nuestra misión. Para que este tiempo de gracia, como decía Juan Pablo II al comenzar el tercer milenio, finalizando la celebración del Jubileo, se traduzca en fervientes propósitos y en líneas de acción concretas: “Es una tarea a la cual deseo invitar a todas las Iglesia locales. En cada una de ellas, congregada en torno al propio Obispo, en la escucha de la Palabra, en la comunión fraterna y en la 'fracción del pan', está verdaderamente presente la Iglesia de Cristo, una, santa, católica y apostólica” (NMI 3). Y esta Iglesia es un misterio de comunión y tiene una misión que le encomendó el Señor: evangelizar; éste es el programa y el proyecto: comunión y misión; una Iglesia fraterna y misionera que sepa ponerse al servicio de todos los hombres, anunciándoles a Jesucristo y su Evangelio y promoviendo su dignidad de hijos de Dios.

Hay dos documentos, dos palabras de la Iglesia, que me iluminan especialmente en este momento de asumir como Obispo en esta Iglesia Diocesana: Novo Milennio Ineunte de Juan Pablo II y Navega Mar Adentro, del Episcopado Argentino.

Las líneas pastorales para toda la Iglesia argentina y para la Iglesia de Morón están bosquejadas ahí. Dice el Santo Padre: “No se trata de inventar un nuevo programa. El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar para vivir en Él la vida Trinitaria y transformar con Él la historia, hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celestial. Es un programa que no cambia al variar los tiempos y las culturas, aunque tiene cuenta del tiempo y de las culturas para un verdadero diálogo y una comunicación eficaz” (NMI 29).

Por eso, coherentemente, Navega Mar Adentro nos dice: “Hoy como Iglesia fraterna y misionera, queremos reafirmar el mensaje fundamental. Lo que siempre hemos de destacar cuando anunciamos el Evangelio: Jesucristo resucitado nos da el Espíritu Santo y nos lleva al Padre. La Trinidad es el fundamento más profundo de la dignidad de cada persona humana y de la comunión fraterna” (NMA 50).

Hay tres elementos que quiero subrayar:

· Se habla de una Iglesia fraterna.

Sabemos que la Iglesia es un misterio de comunión, “pueblo reunido en virtud de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (LG 4). El primer desafío es ser Iglesia-comunión, asumiendo una auténtica espiritualidad de comunión, que nos lleve a vivir como hermanos, verdadera familia de Dios, desde el misterio de la Eucaristía que es fuente de comunión y nos hace Cuerpo de Cristo.

· Se habla también de Iglesia misionera.

La misión evangelizadora es tarea primordial de la Iglesia: es su “dicha y vocación propia, su identidad mas profunda” (EN 14). El desafío de la Nueva Evangelización debe pasar de las palabras a ser una realidad en una misión permanente que llegue a todos, los integre e involucre a todos los bautizados, a las comunidades, a los distintos movimientos e instituciones. Es el objetivo que nos planteamos los obispos argentinos en Navega Mar Adentro: alentar y sostener una más orgánica y vigorosa acción evangelizadora” (NMA 1). Decía el Card. Van Thuan: “Para el tercer milenio debemos ser una Iglesia que acoge, vive, comparte y anuncie el Evangelio de la Esperanza”. Dijo también el Santo Padre: “Nuestro tiempo exige una nueva evangelización... Un anuncio renovado del Evangelio no puede ser coherente y eficaz si no va acompañado por una sólida espiritualidad de comunión”. Es por eso, también, el desafío de una verdadera pastoral orgánica, como expresión de dicha comunión.

· Se habla de la dignidad de las personas.

Es también nuestro Evangelio, anuncio de una Buena Noticia: el hombre es un hijo de Dios, hecho a imagen y semejanza de la trinidad-comunión. Creado por amor y para la comunión, cada hombre, cada hermano tiene para nosotros el valor de la Sangre que Cristo derramó por él; en cada uno de ellos vemos también su rostro. Esto nos pone ante la urgente necesidad de encarar una pastoral social que mire al hombre integralmente, en toda su dignidad, y que busque crear en la sociedad en que vivimos las condiciones necesarias para su pleno desarrollo. Esto significa un compromiso con el pobre, con el marginado y el excluido, con los niños, con los ancianos, con los enfermos, con las familias, con los jóvenes. Todos son hijos de Dios y reclaman una sociedad justa donde puedan ejercer libre y responsablemente sus derechos y también sus deberes. Debemos aprender a ser buenos ciudadanos, para ser buenos cristianos.

Todo esto con un dinamismo nuevo. Como dice el Papa: “Se debe suscitar en nosotros un dinamismo nuevo... En la causa del reino no hay tiempo para mirar atrás y menos para dejarnos llevar por la pereza. Es mucho lo que nos espera, y por eso tenemos que emprender una eficaz programación pastoral. Sin embargo, es importante que lo que nos propongamos, con la ayuda de Dios, esté fundado en la contemplación y en la oración. El nuestro es un tiempo de continuo movimiento que, a menudo, desemboca en el activismo, con el riesgo fácil del 'hacer por hacer'. Tenemos que resistir esta tentación, buscando 'ser' antes que 'hacer'” (NMI 15).

Para todo esto, es necesario, contando con la gracia de Dios, tener las ideas claras, la voluntad decidida y los criterios firmes. Navega Mar Adentro expone cuatro criterios pastorales. Diciendo: “la nítida asunción de estos criterios por parte de los agentes evangelizadores, no es sólo una exigencia organizativa sino la forma de realizar la comunión misionera de la Iglesia en la Argentina” (NMA 69).

Estos criterios son:

· Una pastoral ordinaria y orgánica diocesana.

Se trata de “lograr que la fuerza viva de Jesucristo y de su Evangelio llegue hasta el último rincón del territorio y a todos los sectores y ambientes evangelizando la cultura” (NMA 70). Esto se puede lograr sólo desde una pastoral orgánica, la cual depende fundamentalmente de la vivencia del espíritu de comunión.

· Un camino integral de santidad.

“La santidad es la perspectiva en la que debe situarse todo camino pastoral. La tarea de la Iglesia se orienta a llamar a todos a alcanzar la santidad” (NMA 73). Toda la acción pastoral deberá tener una fuerte impronta espiritual.

· Todos sujetos y destinatarios de la tarea evangelizadora.

“Reconocemos el potencial misionero de todo el pueblo bautizado como protagonista, no solo destinatario de la nueva evangelización (NMA 76). Hay que llegar a todos, integrar a todos, involucrar a todos. Esto es ser Iglesia, pueblo de Dios, donde todos se sientan acogidos y tengan su lugar y su tarea.

· Un itinerario formativo gradual.

“Insistimos en la necesidad de una auténtica pedagogía de la santidad que la presente como ideal atractivo, posible con la ayuda de la Gracia, en cada momento de la existencia personal. Así se promoverá un itinerario de formación permanente para la maduración de la fe... no podemos renunciar al deber de formar pacientemente las conciencias, de manera que las persona acepten la verdad y la ley de Dios en sus corazones alcanzando así su liberación integral (NMA 79). Esto significa para nosotros, el implementar una seria y decidida catequesis de reiniciación cristiana para los adultos, y un consecuente itinerario catequístico permanente.

¡Manos a la obra! ¡Todos unidos!

La Providencia me ha puesto como pastor en esta Diócesis que tiene a María como Patrona: Nuestra Señora del Buen Viaje.

En sus manos maternales quiero poner toda la Diócesis y todo mi ministerio episcopal. Ella está siempre donde está Jesús y lo ama y sirve siguiendo sus Palabras: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Ella, con cariño de madre nos repite hoy: “Hagan todo lo que Jesús les diga”.

¡A ti, Madre, me consagro y nos consagramos todos tus hijos de esta Iglesia Particular de Morón!

 

 

 

Marzo ~ Abril de 2005