15 de septiembre, Solemnidad de Nuestra Señora de los Dolores

¡Un milagro de la Providencia para estos tiempos!

La Virgen María, en su advocación de los Dolores,
se dejó ver en Haedo

A Dios gracias por habernos permitido ser testigos de este actuar de María.
La historia comienza en la Casa “Villa María Inmaculada” (3 de Febrero 1081, Villa Sarmiento) de las Hermanas “María Inmaculada”, y se dio muy sencillamente: Las religiosas suelen preparar locros para recaudar fondos. Durante la preparación de uno de ellos, mientras revisaban el altillo como de costumbre, en busca de algunas cosas que pudieran servir para la feria de ventas, una de las novicias visualizó una muñeca envuelta en papeles de diarios, la cual solamente tenía descubierta la cabecita. La retiraron y la llevaron a otra sala, para ver que es lo qué harían luego con ella. ¡Grande fue la sorpresa de la Hermana Covadonga, cuando al ir retirando el envoltorio se dio cuenta que se trataba de una imagen. “No quería estar sola, enseguida quise compartir el tesoro que había encontrado; llamé a una de las Hermanas y juntas descubrimos que era la imagen de la Virgen de los Dolores. Todo estaba completo, la ropa, la corona, el corazón...”, compartió la Hermanita.
El hecho no tuvo mayor trascendencia, simplemente habían encontrado una imagen de la Virgen...Lo que comenzó a llamar la atención, es que la Hermana Covadonga lleva 10 años viviendo en la Casa, y además han pasado por la misma, generaciones de Novicias que han entrado y revuelto ese altillo (que por otra parte es chiquito), bajando cosas y nunca se dio con la imagen...“Es el momento en que Ella quiso dejarse encontrar”, afirmó la Religiosa.
Enseguida la expusieron en el comedor de la Casa con un letrero que describía el primer pensamiento que surgió en el corazón de la Hermana: “María, viendo todo el sufrimiento de tantos argentinos, así se quiso expresar en este momento, como Madre del consuelo y la esperanza”.


Providencialmente, unos días antes del locro, tuvo lugar en la Casa de las Hermanitas la reunión de consejo del Decanato, en la que, entre otras cosas, el Decano, P. Osvaldo Nápoli promovía que las religiosas siempre estén presentes en las Celebraciones Patronales de las distintas comunidades. En un determinado momento, el P. Lucho, entonces Capellán del Hospital Posadas, preguntó: -Y como Decanato ¿Qué podríamos hacer para el 15 de septiembre?...
El día 15 de septiembre ¿Por qué? preguntó Covadonga.
Porque es la Solemnidad de la Virgen de los Dolores, Patrona de la Capilla del Hospital, respondió Lucho.
¿Y tienen imagen?, preguntó rápidamente la Hermana, y sin esperar respuesta, contó a los presentes todo lo que había pasado...

De allí partió todo, la Virgen María en su advocación de los Dolores, se dejó ver en Haedo y quiso quedarse en el Hospital Posadas.

El 15 de septiembre tuvo lugar la fiesta grande, la imagen fue llevada en procesión desde la Casa de las Hermanas hasta la Capilla del Hospital, donde fue entronizada junto al altar unos días después, para el culto público.

Participaron todas las comunidades del Decanato junto a sus Pastores. Mons. Olivera, Vicario General de Morón, también acompañó la procesión y presidió la Eucaristía. Recordó el texto de San Juan, cuando en el momento de la cruz, Jesús le entrega su Madre a Juan, y en él a todos los hombres. “Ese título de Madre Nuestra no quedó ahí en ese momento histórico. Ella nos siguió acompañando a lo largo de este peregrinar hacia el encuentro definitivo con el Padre, llevándonos de la mano hacia Jesús. María nos sigue acompañando, mostrándonos su cercanía con estos hechos”, manifestó Mons. Olivera.
“Jesús se hizo uno de nosotros y excepto en el pecado compartió todo. No hizo alarde de su categoría de Dios, sino que se hizo uno de tantos compartiendo el trabajo, el cansancio y la fatiga, el dolor y la cruz. También María compartió el sufrimiento y acompañó la cruz.
María de los Dolores, al pie de la cruz, nos enseña que en el sufrimiento no se debe perder la paz, ni la serenidad, ni la alegría. Como Ella, debemos poner nuestra confianza el la Palabra de Dios”
.
“Que la Santísima Virgen María nos ayude en la esperanza, que nos haga serenos en la adversidad, que nos dé alegría, aun en los sufrimientos; para que en estos momentos de crisis, los cristianos podamos aportar, desde nuestra realidad, nuevos caminos para salir de esta situación”, finalizó el Vicario.


Al término de la ceremonia, el P. Lucho y el P. Osvaldo coincidieron en agradecer a todos los que hicieron posible esta gran fiesta y el que la Virgen pudiera quedarse.
Un agradecimiento especial fue para las hermanas que supieron interpretar este camino de Dios para que, en la Capilla del Hospital, se exponga y se le de culto a esta imagen. Destacaron el espíritu de comunión que caracterizó las jornadas de trabajo para la preparación de tan importante ocasión, que incluyeron la restauración de la Capilla. “Las manos de Cristo y de María se manifiestan en la comunión y en las cosas pequeñas que luego se transforman en grandiosas, como ha sucedido con este encuentro, en el que un pequeño hecho y un grupo de fieles que en comunión comenzó a trabajar y a acrecentarse, se transformaron en esta gran fiesta a la que tantos se han unido y tantos otros hoy tienen su corazón puesto aquí”. completó el P. Nápoli.☺

Nota: En la Capilla, todos los días a las 10:30 horas, se celebra la Eucaristía por los enfermos y sus familias.

 

 

Septiembre ~ Diciembre de 2002