Cuando el sábado 30 de junio se cumplieron 45 años del comienzo del ministerio episcopal de Mons. Raspanti como Obispo de Morón, nuestra comunidad celebró junto a Mons. Laguna y el Nuncio Apostólico, Santos Abril y Castelló, el 45º aniversario -también- de la Diócesis.

Haciendo algo de historia, el estudio de la creación de la Diócesis de Morón, puede abordarse desde dos planos que la muestran como la lógica consecuencia de la propia evolución de las jurisdicciones eclesiásticas, y por otra parte, el especial momento socio-político que atravesaba el país hacia la segunda mitad de la década de 1950.

En este sentido, no es erróneo afirmar que el surgimiento de las cinco diócesis bonaerenses, y de ellas, fundamentalmente las tres que pertenecen a lo que se denomina el conurbano, son hijas directas de los profundos cambios demográficos vividos en la primera parte de la década antes mencionada. En efecto: el proceso que llevó a la aparición del “cordón industrial”, inyectó a las tradicionales localidades que rodeaban a la capital, de nuevos barrios populosos industriales, que cambiarían por siempre su fisonomía. Así la Iglesia, tras la salida del traumático final del gobierno peronista, no ignora el nuevo cuadro y decide adaptarse a la realidad, creando las antedichas diócesis.

Buscando alguno de los antecedentes a nivel histórico, debemos señalar que la jurisdicción de Morón se nutrirá de territorios que provenían de la Arquidiócesis de La Plata, que a lo largo de la historia habían tenido relación directa o indirecta con la antigua Parroquia del Buen Viaje.
En consecuencia: la Diócesis moronense comprenderá los partidos de Morón, Matanza, General San Martín, Merlo y Moreno. Algunos de estos territorios, hasta el siglo XIX formaban parte del viejo curato de Morón como Matanza, Merlo y Tres de Febrero (que para la época de la creación de la Diócesis integraba el de San Martín), mientras que el vecino Moreno, que perteneció tradicionalmente al curato de Luján y Gral. San Martín, había conformado desde sus inicios el de San Isidro.
En un principio, todos estos territorios integraban la Diócesis de Buenos Aires, pero con la creación de la Arquidiócesis de La Plata, en 1898, pasaron a su jurisdicción, para luego en 1957 volver a la primera.

Es así que por la Bula Quandoquidem Adoranda del Papa Pío XII, se crea el 11 de febrero de 1957, la Diócesis de Morón. El día 13 de marzo de ese mismo año, por medio de otra Bula, Su Santidad designa al inspector de la Sociedad de San Francisco de Sales, Miguel Raspanti, como su primer Obispo. El 12 de mayo en la Basílica de María Auxiliadora y San Carlos de Buenos Aires, se realiza la ceremonia de Consagración del nuevo Obispo, presidiendo la misma Mons. Dr. Antonio Plaza, Arzobispo de La Plata.



El domingo 30 de junio, finalmente Mons. Dr. Miguel Raspanti llega a Morón. Veamos lo que nos dice la crónica: “...En el puente de Liniers, en la Avenida General Paz, centenares de automóviles aguardaban al Obispo que, después de recibir el saludo del Comisionado de San Martín, y del Párroco de Ciudadela, presbítero Antonio Bentivenga, sube al coche que le brinda la Diócesis. La aglomeración de tráfico es tanta, que la llegada de Monseñor se retarda por un espacio de un cuarto de hora. Al fin se abre camino y el coche del Prelado marcha al frente de la infinita caravana, que para en Ramos Mejía, pues el señor Comisionado de Matanza y el Párroco de Ramos Mejía, presbítero Juan Denicolay, quieren saludarlo. Una multitud de todos los pueblos de los cinco partidos, ansiosa, aguarda en la plaza de Morón. De pronto suena la sirena del coche de los bomberos, las campanas son echadas al vuelo, salvas, vivas, la gente corre. ¡El Obispo está ahí! Pisa el suelo de Morón; es el Párroco Juan Antonio Presas, el primero que recibe su abrazo de paz y bendición.”
Luego, en el palco oficial frente a la plaza, con las autoridades eclesiásticas y oficiales, se sucede un desfile cívico-militar que completa la recepción.
Tras esto, el Obispo se dirige a la Ermita a saludar a la imagen original de la Inmaculada del Buen Viaje y de allí con el palio, el guión del pueblo, el escudo del Partido y el lábaro la Acción Católica, entra al Templo-ahora Catedral- en donde se realiza la Toma de Posesión de la Diócesis, por parte de Mons. Dr. Fermín E. Lafitte, Administrador Apostólico de Buenos Aires y Arzobispo de Córdoba, quien entrega la cátedra a Mons.Raspanti).

Así comienza la historia de la Diócesis de Morón, que hoy se continúa en su segundo Obispo, Mons. Justo Oscar Laguna, quien la conduce desde marzo de 1980 en un presente más difícil y duro que aquel 1957.

Prof. Ezequiel Pavese


La Iglesia particular de Morón festejó junto a su Pastor, Mons. Justo Oscar Laguna, los 45 años de vida del Obispado, con una Misa solemne presidida por el Nuncio Apostólico, Santos Abril y Castelló, el domingo 30 de junio.

El Obispado de Morón, en la Iglesia Catedral, recibió la visita del Nuncio Apostólico quien, en compañía de Monseñor Laguna y junto a numerosos fieles, celebraron con fe la Eucaristía en acción de gracias por estos 45 años.

El domingo 30 de Junio, en la Catedral Nuestra Señora del Buen Viaje, se llevó a cabo la misa solemne en acción de gracias por los 45 años de creación de la Diócesis de Morón. La misma fue presidida por el Nuncio Apostólico de su Santidad, Mons. Santos Abril y Castelló, quien concelebró junto a Monseñor Laguna y a el Obispo Auxiliar de Buenos Aires, Mons. José Antonio Gentico, que durante muchos años formó parte del clero de Morón. Sacerdotes, Diáconos, Religiosos y una numerosa cantidad de fieles pertenecientes a todas las Parroquias de esta Diócesis, que portaban los estandartes de sus comunidades, participaron de la ceremonia. También las comunidades educativas católicas se hicieron presente, representadas por sus respectivos abanderados.



Después que Monseñor Laguna hablara palabras alusivas a la historia de la Diócesis, presentó al Nuncio diciendo: “Quiero hablarles dos cosas del Nuncio que a mí me impresionaron, su cercanía y su finura espiritual. Es una gracia de Dios tener un Nuncio con estas características”.

Luego de las palabras de nuestro Obispo, el Nuncio se dirigió al pueblo de Dios allí presente: “Qué bueno es estar en la casa del Señor y sentirse en esta Catedral, centro de la diócesis, sentirse junto a éste Obispo conocido hace muchos años y querido para mi, porque aunque no largamente, nos hemos visto en muchas ocasiones; estar con estos sacerdotes y sentirse en esta casa con motivo de los 45 años de su creación, vivir nuestra fe en una Iglesia más amplia todavía, donde encontramos esos dos fundamentos de nuestra fe, Pedro y Pablo. Ser parte de esta Iglesia todos juntos querido hermano Monseñor Justo, queridos sacerdotes, religiosos, diáconos, queridos hermanos y hermanas en la fe, sentirnos acogidos para encontrarnos a gusto, para encontrarnos contentos en esta Iglesia Catedral, centro de la vida de la diócesis, y ser parte de esta Iglesia más amplia que nos lleva a todos los confines de la tierra, y sentirse en esa voz que un día fue la de Pedro y la de Pablo y estar todos juntos para poder esta tarde repetir la confesión de Pedro: “Tú eres el Mesías, el Cristo”, y oír esa voz del Maestro que nos llega a nosotros hoy, para recordar: “Tú eres Pedro y sobre ésta piedra edificaré mi iglesia”.

Esa casa es mucho más que un edificio, es una realidad espiritual apuntalada en la fe, construida sobre la fe de Pedro y sus sucesores, la fe nuestra participada y vivida por todos nosotros. Veíamos esa Iglesia que iba a nacer sobre la fe de Pedro, que dentro del pensamiento de Jesús estábamos todos nosotros, ésta sería la fe de tantos que como hoy seguimos confesando, desde una casa concreta, desde ésta casa “Tú eres el Cristo” y sentir el eco de esas palabras que todos sabemos y que nos alegran tanto. Sentir la fe de Pedro, de Pablo, la unión de sus vidas , su predicación y el destino que la providencia del Señor les hizo vivir en el final de sus vidas, asociados en la vida y en la muerte; y es nuestro recuerdo hoy fundamento de nuestra fe. Nuestra fe no descansa en los principios cimentados por cualquier persona humana, se funda en la Palabra del Señor, que anunciaba a Pedro que la Iglesia podía continuar adelante, si sabía mantener en esa fidelidad aquella fe. Él sufrió como lo hemos recordado en la primera lectura, San Pablo sufrió no solo en su martirio sino en toda su vida, fueron dificultades como la Iglesia sigue encontrando ayer, hoy y que encontrará hasta el final, pero es la fe la que la mantiene y sostiene con esperanza porque sabe hacia dónde camina, por quién está asistida, y esto es algo muy importante que sepamos de dónde venimos y hacia dónde vamos, los motivos de nuestra fe, que se hace esperanza para nosotros y para ustedes. Esto es lo que hay que creer, lo que debemos conmemorar en este día, es lo que hoy recordamos para orar por nosotros, parte de esa Iglesia, para orar por quien nos guía hoy en la fe, por ese 264 sucesor de Pedro, que hoy es Juan Pablo II. Hoy, somos guiados por la fe firme de ese hombre que nos gobierna. He tenido la suerte de poder convivir con él muchos ratos, viajes, tantos momentos vividos, que son los mejores recuerdos, no sólo del punto de vista humano, sino también sacerdotal, porque he visto precisamente al hombre de la fe, al hombre del amor inmenso por la Iglesia, capaz de dar todo. Se le ha pedido también mucho sacrificio y le han tocado vivir momentos amargos, que él ha aceptado y que estaba dispuesto a aceptar todavía más. Con esa valentía y ese coraje, hoy sigue guiando a la Iglesia. Desde hace mucho tiempo y al regreso de los viajes, bastantes periodistas preguntaban cómo veíamos al Santo Padre, si no nos parecía que estaba muy cansado, y más de una vez los que le acompañábamos teníamos que decir: “te vemos cansado”. Es así como este hombre de fe ama la Iglesia, aún después del atentado, después de diversas operaciones, después de todo ese trabajo de cada día; pero hay algo que creo que el mundo hoy olvida por no darse cuenta de un ejemplo que es fantástico, de una persona que sabe que tiene un deber para con la Iglesia y que lo cumple hasta el último momento, esa dedicación total hacia una misión eclesial que tiene y que sabe que debe cumplir. Y es él hoy, el Santo Padre, la roca que nos sigue dando esa solidez y esa firmeza en la fe.



Hoy nos hemos reunido acá para confirmar esa fe, que es la fe de Pedro, que es la fe de Pablo, que es la fe de esta Iglesia particular de Morón, que ha sabido ser madre para otras Iglesias. Ésta es nuestra fe, ésta es la casa nuestra, no sólo material, sino también espiritual, ese edificio magnífico construido sobre nuestra fe, la Iglesia.

Que podamos sentirnos a gusto, que podamos embellecerla un poco más, que sepamos unirnos cada vez más, que seamos una Iglesia mejor, que se abra a las necesidades de cada ser humano y de todo cristiano, sin olvidar también a las necesidades que tiene nuestra humanidad, los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Que sepamos en nombre de nuestra fe llevarles también la solidaridad y el amor, que son el nombre hoy reciente de la fe vivida y solidaria.”

Al término de la celebración, Monseñor Olivera invitó al Nuncio a visitar el museo de la Catedral de Morón para después pasar a la Curia, donde Mons. Laguna lo recibió con una recepción que compartió con los integrantes del Consejo Presbiteral, así como también con Mons. José Antonio Gentico.☺

Myriam Saldaño Francia

Julio ~ Agosto de 2002